20. «Despréndase el gran Bacco de essa bóbeda celeste; enseñe á los hombres á compungirse y á implorar la clemencia del Tonante con una Rogativa penitente: Te rogamus, audi nos: ofrézcale cultos y sacrificios en futuras aras, y baxará el mismo Júpiter Amon, que es lo mismo que Carnero, y con una sola patada ó debaxo de la planta de su pié, a planta pedis, hará que broten aguas, que apaguen la sed y fertilizen los Campos: Descendit Jesus in loco campestri. Para el docto no es menester aplicacion; vaya para el ménos entendido. No es assí, que ha siete meses, que las nubes nos niegan sus salutíferos sudores? No es assí, que á esta denegacion se han seguido los sýmptomas de una tierra empedernida? Pues institúyase una devota Rogativa; vayan en ella los Cofrades de la Cruz de Penitentes; presídala su digno Mayordomo Júpiter Amon, Pasqual Carnero, que debaxo de sus piés, de sub cujus pede, brotarán aguas copiosas, que fecunden nuestros Campos:

Horrida per Campos bam, bim, bombarda sonabant.

Mas es muy celebrado en las Sagradas Letras el Cordero Pasqual: Agnus Paschalis. Sabe el discreto, que de los Corderos se hacen los Carneros. Luego nuestro insigne Mayordomo Pasqual Carnero seria quando niño Cordero Pasqual. La ilacion es innegable. Pero aún no lo he dicho todo.»

21. «A la frugífera Céres, Diosa Tutelar de los Campos y de las Cosechas, se ofrecian aquellos Sacrificios, que se llamaban Ambarvales, y se hacia una solemne Procession al rededor de los Campos, para ofrecerla estos Sacrificios: Ambarvales hostiæ. Y quienes eran los que principalmente la formaban? Unos devotos Cofrades, que se llamaban Arvales: Arvales fratres; los quales, en sentir de los mejores Intérpretes, eran todos Labradores. No lo levanto yo de mi cabeza: dícelo el profundíssimo Caton: Ambarvalia festa celebrabant Arvales fratres, circumeuntes campos, et litabant Ambarvales hostias. Y á quien se ofrecian? Ya lo he dicho, á la Diosa Céres, que se deriva de cera, para denotar tambien á los Cofrades de Luz: Vos estis lux mundi

22. «Mas, porque el Crítico impertinente ó escrupuloso no eche ménos á los Penitentes de Sangre, id conmigo y vereis, que esto de los Penitentes no es invencion de modernos, como quieren algunos ignorantes, sino una Cofradía muy antigua, establecida en todos los Siglos y en todas las Naciones. Ea, dad un salto á la América Septentrional.»

23. «Allí vereis al Dios Tlaloc, Superintendente de las lluvias, haciéndose de pencas y no querer desatarlas en el mes de Tozotli, que es el de marzo. Allí vereis, que, para moverle á piedad, se arman los Indios de magueys ó puntas de pedernal, y se sacan copiosa sangre de todas las partes de su cuerpo. Allí vereis, que el irritado Tlaloc continúa las señas de su enojo en el mes de Hueytozotli, que corresponde al de abril, en que nos hallamos, y negando en él la agua, por los pecados de aquellos infelices, arrepentidos estos, aumentan las penitencias y se sacan sangre hasta correr por el suelo al rigor de los Xuchiles, esto es, á la violencia de los ramales, empapando en ella á la Diosa Chivalticue, que es tanto como la Diosa de las Enaguas, y dirigiendo la penitente Procession al Templo de Citeolt, Dios del Maiz ó Trigo de Indias, para que, intercediendo con Tlaloc y uniéndose con él, los franqueasse los frutos de la tierra.»

24. «Ea, hermanos, á vista de tan oportunos como eficaces exemplares, qué haceis? en qué os deteneis? Quid facis in paterna domo, delicate miles? A qué aguardais para empuñar con brioso denuedo essos cándidos Xuchiles, y, convocando primero el humor purpureo á las dos carnosidades postergadas, no le sacais despues con los cerosos magueys, hasta dexar empapadas las alvicantes Chivalticues, y corra por ellas la sangre á regar la dura tierra: Guttæ sanguinis decurrentis in terram? Mirad, Fieles, que está enojado nuestro Divino Tlaloc; mirad que el benéfico Citeolt se pone de parte de su ceño. Corred, corred á aplacarlos; volad, volad á satisfacerlos; empuñad, vuelvo á decir, essos Xuchiles; tomad bien la medida á essos magueys; brote de vuestras espaldas el roxo licor á borbotones. Assí aplacareis la ira de los Dioses; assí satisfareis por vuestras culpas; assí conseguireis para vuestros campos epitalamios de lluvia, y para vuestras almas epiciclos soberanos de gracia, prenda segura de la Gloria: Quam mihi et vobis, etc.»

25. No bien havia pronunciado la última palabra, quando resonaron en el Templo unos gritos, que salian por entre los caperuces, á manera de voces encañonadas por embudo ó por cervatana, que decian: Vítor el Padre Fray Gerundio, vítor el Padre Fray Gerundio; y lo que mas es, que quedaron los Penitentes tan movidos con la desatinada Plática, no obstante que los mas, y aunque digamos ninguno de ellos havia entendido ni siquiera una palabra, que al punto arrojaron las capas con el mayor denuedo, y comenzaron á darse unos azotazos tan fuertes, que ántes de salir de la Iglesia ya se podian hacer morcillas con la sangre, que havia caído en el pavimiento. Las mugeres, que estaban junto á la Tia Catanla, la dieron mil abrazos y aun mil besos, dexándola al mismo tiempo bien regada la cara de lágrymas y de mocos, todos de pura ternura, y diciéndola, que era mil veces dichosa la madre, que havia parido tal hijo. Un Cura viejo, que se hallaba por casualidad immediato á Anton Zotes, y que, sin embargo de haver llevado tres veces calabazas para Epístola, una para Evangelio, y dos para Missa, todavía por sus años y por su bondad era hombre respetable, dándole un estrecho abrazo, le dixo: Señor Anton, cinquenta y dos Pláticas de Disciplinantes he oído en esta Iglesia, desde que soy indigno Sacerdote (en buena hora lo diga); pero Plática como esta, ni cosa que se la parezca, ni la he oído, ni pienso jamas oírla. Dios bendiga á Gerundito, y no me mate su Magestad, hasta que le vea Presentado.

26. Déxase á la consideracion del pio y curioso Lector, como quedarian el Tio Anton y la Señora Catuja, quando oyeron estas alabanzas de su hijo, y fueron testigos oculares de sus aplausos; y tambien es mas para considerado que para referido, el gozo, la vanidad, y la satisfaccion propia, que en aquel punto se apoderaron del corazon de Fray Gerundio, al escuchar él mismo tan grandes aclamaciones. Pero, como son poco duraderos los contentos de esta vida, y siempre dispone Dios, que enmedio de los mayores triunfos sucedan algunos acaecimientos tristes, que nos acuerden que somos mortales, quiso la mala trampa, que al baxar del Púlpito y en la misma Sacristía de la Iglesia le dieron al bueno de Fray Gerundio un humazo de narices, que, á ser otro, que no fuera de tan buena complexion, le huviera trastornado.

27. Fué el caso, que se hallaba de Recluta en aquella Villa un Capitan de Infantería, capaz, despejado, muy leído, y haviendo oído la Plática, luchando á ratos con la cólera, y á ratos con la risa, determinó finalmente holgarse un poco á costa del Predicador, y entrando en la Sacristía, despues de darle un abrazo ladino, pero muy apretado, le dixo con militar desenfado: «Vamos claros, Padrecito Predicador, que, aunque he rodado mucho mundo, y en todas partes he sido aficionado á oír Sermones, en mi vida he oído cosa semejante. Plática mejor de Carnestolendas, y Exhortacion mas propia para una Procession de mogiganga, ni Quevedo!» Algo cortado se quedó Fray Gerundio al oír este extraño cumplimiento; y, como en punto de desembarazo no podia medir la espada con el despejo del señor Soldado, le preguntó con alguna turbacion y encogimiento: «Pues, qué ha tenido la Plática de mogiganga, ni de cosa de antruidos?»