7. «Ven acá, hombre; tu Plática se ha reducido á otra cosa que á atestarnos los oídos de Fábulas ridículas, insulsas, é impertinentes, verificándose á la letra lo que ya dixo en profecía el Apóstol por tí y por otros Predicadores como tú, que huirian de la verdad y convertirian toda su atencion á las Fábulas, transcendiendo este depravado gusto á los oyentes: A veritate quidem auditum avertent, ad fabulas autem convertentur? Qué fuerza han de tener estas para movernos á hacer penitencia por nuestras culpas, y aplacar por este medio el rigor de la Divina Justicia, tan justamente irritada contra ellas?»
8. «No tendrian mas eficacia los exemplos verdaderos de la Sagrada Escritura y de la Historia Eclesiástica, una y otra atestada de los horrendos castigos temporales, con que Dios en todos tiempos ha escarmentado los pecados de los hombres, sin dexar el azote de la mano, hasta que se le diesse satisfaccion por medio del dolor, de la emienda, y de la penitencia? Los dilubios, las inundaciones, las guerras, las hambres, las pestes, las esterilidades, los terremotos, los volcanes, y todos los demas movimientos extraños de la naturaleza, governados por el Supremo Autor de ella, han nacido jamas de otro principio, ni han tenido otro fin?»
9. «Qué siglo de oro? ni qué siglo de estaño? ni qué siglo de hierro? ni qué embustes de mis pecados? No ha havido mas siglo de oro que la estrechíssima duracion del estado de la innocencia, reducida, segun los mas á pocos dias, y segun algunos á pocos instantes. Entre la innocencia y la malicia no huvo medio. Desde que comenzaron á multiplicarse los hombres, comenzaron á multiplicarse los pecados, de suerte que estos solamente fueron pocos, miéntras fueron pocos los que podian pecar. Y desde entónces comenzó Dios sus amorosos avisos, castigando á unos para escarmentar á otros, hasta que extendida la maldad, sin dexarse reconvenir del escarmiento, fué tambien menester que se extendiesse el castigo.»
10. «Si el tiempo, que has perdido miserablemente en leer ficciones, le huvieras dedicado á ojear, aunque no fuesse mas que de passo, la Sagrada Biblia, en ella encontrarias historias infalibles en que fundar tu exhortacion, sin el ridículo y aun sacrílego recurso á patrañas fabulosas. Esterilidad, nacida de falta de agua y de sobra de pecados, encontrarias en Egypto en tiempo de Pharaon y de Joseph. Esterilidad, procedida del mismo principio, encontrarias en Israel, en tiempo del Profeta Elias. Esterilidad, originada de la misma causa, encontrarias en el Reyno de Judá, en tiempo de los dos Joranes cuñados. Y si, despues de la Historia Sagrada, huvieras siquiera passado los ojos por la Eclesiástica y por la Profana, apénas hallarias Siglo, que no te ofreciesse á docenas los exemplares en diversos Reynos y Provincias, con la circunstancia de que no cessó el castigo, miéntras no cessaron ó se disminuyeron los pecados. Pues, á que fin el recurso á los sueños, á las Fábulas?»
11. «No quiero decir, que el estudio ó la noticia de estas sea inútil, y que no tenga su uso. Tiénele, y muy loable, assí para la inteligencia de los Autores Gentiles, especialmente Poetas, como para la comprehension de la Theología Pagana, que toda estaba reducida al systema fabuloso. Pero en el Púlpito no debe tener otro uso, que el de un altíssimo desprecio. Si tal vez se toca alguna, que fuera mejor no hacerlo, debe ser tan de passo y con tanto desden, que el Auditorio conozca la burla que el mismo Predicador hace de ella. Es bueno que los Gentiles, como escribe Tertuliano, hacian tanta de nuestros Sagrados Mysterios, que solamente los tomaban en boca en los Theatros, para hacer irrision de ellos; y ha de haver Predicadores Christianos, que hagan tanto aprecio de sus Fábulas, que apénas se valgan de otros materiales en los Púlpitos, para engrandecer nuestros Mysterios, ó para persuadir las verdades mas terribles y mas ciertas de nuestra Religion! Como se puede persuadir con solidez una verdad por medio de una mentira? Ni qué parentesco pueden tener los Mysterios de Jesu-Christo con los embustes de Belial? Quæ conventio Christi ad Belial?»
12. «Pero supongamos, que en la Fábula se halle algun remedo, como en muchas de ellas se halla en realidad, de nuestras verdades ó de nuestros Mysterios: qué fuerza añade á unas, ni qué explendor aumenta á otros este ridículo remedo? Adelanto mas: quiero suponer, que la Fábula tenga la mayor semejanza imaginable con algunos de los Mysterios, que creemos y adoramos, como por exemplo: el nacimiento de Minerva, Diosa de la Sabiduría, que se fingió haver nacido del cerebro de Júpiter, con la generacion del Verbo, que es Sabiduría Eterna, que fué engendrado desde la eternidad de la mente del Padre. Y qué sacamos de esso? Se nos hace mas creíble ó mas respetable esta verdad, porque encontremos un borron ó una obscuríssima sombra suya en aquella disparatada mentira?»
13. «Ya sabemos todos, que el Demonio, á quien llama no sé qué Santo Padre perniciosíssima Mona, para confundir mas los Mysterios de la Fé, ó para hacerlos ridículos, introduxo algunos rasgos ó como algunos vislumbres de ellos en las supersticiones Paganas, pero tan embueltos entre estas, y tan mezclados de hediondeces, despropósitos, y extravagancias, que se conoce el diabólico artificio con que tiró á obscurecerlos, ó á hacerlos enteramente risibles. Y es possible, que lo que el Diablo inventó para burlarse de lo que creemos, y de lo que él mismo cree con fé tan experimental, ha de servir para que nosotros lo apoyemos!»
14. «Pero, si el valerse de Fábulas en el Púlpito para persuadir nuestras verdades, siempre es cosa intolerable, y en cierta manera especie de sacrilegio, lo es mucho mas, quando se predica á gente vulgar y sencilla. El Auditorio discreto da á la Fábula el valor, que se merece, recíbela por su justo precio, y en fin sabe, que la Fábula es mentira. Respecto de él, no hay mas inconveniente, que mezclar lo Sagrado con lo Profano, y lo fabuloso con lo verdadero: sobrada monstruosidad es esta mezcla, pues hasta en los Pintores y los Poetas, cuyas licencias son tan amplias, la calificó de intolerable el mejor de los Satýricos:
Sed non ut placidis coeant immitia, non ut
Serpentes avibus geminentur, tigribus agni.