Mas, quando se predica á un concurso compuesto por la mayor parte de gente del campo, inculta, y sin letras, hay el gravíssimo inconveniente de que entienda la Fábula por Historia, la ficcion por realidad, y por verdad la mentira. Dígalo si no el testamento de aquella vieja, que, por haver oído á su Cura, en los Sermones que hacia á sus Feligreses, hablar muchas veces del Dios Apolo, dexó en él este legado: Item, mando mis dos gallinas y el gallo al bendito Señor San Pollo, por la mucha devocion que le tengo, desde que oí predicar tanto de él al Señor Cura. Parécete, que será impossible, que entre tantos pobres hombres, de que se compone la Cofradía de la Cruz, á la qual has platicado, no haya algunos, y aun muchos, que vayan persuadidos á que Céres, Júpiter Amon, Bacco, y los demas avechuchos que citaste, son unos grandes Santos, y los tengan por especiales abogados de la lluvia?»

15. «Y qué te diré de aquel texido de dislates, tomado de la Mythología Americana, en que pareció consistia lo fuerte de tu Plática, segun te inculcaste en ello, y segun el esponjamiento y la satisfaccion, con que lo representaste? No creí, que ni aun tú fuesses capaz de desvarrar tanto; y mira, que esta es una grande ponderacion. Quien diantres te deparó aquellas noticias, ni como tuviste la poca fortuna de tropezar con ellas para hacerte mas ridículo? Cierto que tienes singular talento de dar con lo peor de los Libros, y gracia conocida para aprovecharte de ello. Valga la verdad: tú quisiste hacer ostentacion de tu memoria y de tu feliz pronunciacion, quedándote con aquellos nombres bárbaros, exóticos, y estrafalarios de Tlaloc, Tozoztli, Hueytozotli, Magueys, Xuchiles, Chivalticue, y Citeolt, pareciéndote, que esto era una gran cosa, y que dexabas aturdido al Auditorio. Con efecto assí fué, porque aquella pobre gente no distingue de colores, y la basta no entender lo que se dice para admirarlo.»

16. «Pero, no me dirás, qué gracias ó qué chiste tiene esso? La memoria local y material suele ser prenda muy comun de los mas rudos. Y en fé de que yo lo soy, la posséo tan feliz, aun siendo un pobre viejo, que, á la primera vez que oí essos nombres, me quedé con ellos, como lo acabas de ver. Pues, qué mucho los huviesses aprendido tú, á costa quizá de un ímprobo trabajo?»

17. «No quiero decirte nada del estilo pueril, atolondrado, necio, y pedantesco, porque es perder la obra y el aceyte. Fray Blas y esse maldito Florilegio, que debiera quemarse en una hoguera, te tienen infatuado el gusto y todo conocimiento de lo que es Idioma Castellano puro, castizo, y verdadero. El que usas en el Púlpito, ni es Romance, ni es Latin, ni es Griego, ni es Hebréo, ni sé lo que en suma es. Díme, pecador, por qué no predicas como hablas?»

18. «Qué quiere decir aurífera edad, trámite no interrupto, lethálica culpa, borron nigricante, candidez primeva, paralogizar la correccion, espontanear las fruges, mádido colono, y toda la demas retahila de nombres y verbos latinizados, con que empedraste tu Plática, que la entenderian los Cofrades, como si los huvieras platicado en Syriaco ó en Armenio? No conoces, desdichado de tí, que essa es una pedantería, que solamente la gastan los ignorantes y aquellos pobres hombres, que ni siquiera saben la lengua en que se criaron? No merecias que, al acabar la Plática, en lugar de los vítores, con que te aclamaron los simples, te huviessen aplicado este otro vítor, que te venia tan de molde como al Padre Fray Crispin, que sin duda debió de ser el Fray Gerundio de su tiempo:

Vítor el Padre Crispin,

De los cultos culto Sol,

Que habló Español en Latin,

Y Latin en Español.»

19. «De propósito he querido decirte lo que siento á presencia de todos estos mozos, y para esse fin los hice detener; porque, sobre estar ya cansado de hacerte algunas advertencias privadas y haver visto, con grande dolor mio, que son inútiles mis correcciones particulares, hice juicio, que debia hablarte ya mas en público, para que no transcendiesse á ellos tu mal exemplo. Mis años y mis canas me dan licencia para esto; y la parte, que tuve en que se te dedicasse á esta carrera, que tanto apetecias, me obliga en cierta manera á dar esta satisfaccion, porque nunca se piense apruebo lo que abomino.»