20. «Ni creas que solo yo soy de este dictámen; pues en esse caso se podia atribuir á la mala condicion, que regularmente se achaca á los de mi edad, aunque, por la misericordia de Dios, la mia no está reputada por la peor. Acompáñanme en él todos los Padres graves de la Comunidad, esto es, los únicos que tienen voto en la materia. Todos se lastiman, igualmente que yo, del malogro de tus prendas; y en la sequedad y seriedad, con que se presentaron á darte la enhorabuena, pudiste conocer lo mucho que los havia desazonado tu Plática. Si no todos te hablan con la claridad que yo, será ó porque no todos te estiman tanto, ó porque no concurren en ellos las particulares circunstancias, que concurren en mí para no lisongearte, ó porque en las Comunidades tiene grandes inconvenientes el oficio de Desengañador, tanto que hasta los Prelados necessitan exercitarle con mucho tiento, no obstante que su empléo les precisa á practicarle. Yo atropello por todo, pesando ménos en mí quanto tu puedas pensar, otros discurrir, y muchos murmurar, que el deseo de tu estimacion, el bien de las almas, el decoro del Púlpito, y el crédito de la Orden.»

21. Y al decir esto se levantó de la silla, tomó la puerta, se salió de la Celda, y se fué á la suya. Fray Gerundio quedó pensativo, los Colegiales por un largo rato silenciosos, y los Legos mirando á estos y á aquel. Unos escupian, otros gargajeaban, algunos se sonaban las narices, y ninguno se atrevia á hablar palabra. Hasta que un Colegial, Theólogo del quarto año, (como lo dexó notado un Autor curioso, indagador, y menudo,) el qual era alegrete, vivaracho, intrépido, y decidor, rompió el silencio diciendo: Quien va tras el viejo con vizcochos y vino, y á hacerle mudar camisa, porque el Sermon ha estado largo, pathético, moral, y fervoroso? Riéronse todos, ménos Fray Gerundio, que aún se mantenia suspenso, cabiz-baxo, y como medio corrido.

22. Pero presto le consoló el Theologuillo; porque, llegándose á él y dándole dos palmadas sobre los hombros, le dixo: «Ola, Fray Gerundio, sursum corda. Pues qué? haces caso de las misiones de nuestros Padres Matusalenes? No ves, hombre, que tienen ya el gusto con mas cazcarrias y lagañas, que ojos de aprendiz de Bruja? Qué saben ellos como se ha de predicar, si ya casi se les ha olvidado como se ha de vivir? Todo lo que no les huele á antaño los ofende, y ellos nos apestan á los demas con sus antañadas. Ellos conocieron al mundo assí, y dado les ha, que se ha de mantener el mundo como ellos le conocieron, sin hacerse cargo de que la bola da vueltas, que por esso es bola. Como ya no pueden lucir, rabian quando otros lo lucen, á manera de aquellos árboles secos de puro carcuezos, que en tiempo de Primavera, al llenarse los otros de flores y de verdes hojas, ellos parece que se secan mas, de pura embidia.»

23. «Hablan de los Sermones, como de las modas y de los bayles. Un corbatin los espirita, por quanto ocupa el lugar, que debiera ocupar una balona, y no pueden mirar sin furor unos calzones ajustados, acordándose de sus zaragüelles. La mariona, la pabana, y las folías valen para ellos mas que todos los paspieses del mundo, y todos los Valencianos juntos los darán gana de vomitar, en comparacion de un zapateado. Ni mas ni ménos en los Sermones: erudicion, mythología, elevacion de estilo, cadencia harmoniosa, pinturas, descripciones, chistes, gracia, todo los provoca á vómito; y es que tienen el estómago del gusto tan destituído de calor como el del cuerpo: nada pueden digerir sino que sean papas, puches, picadillos, y á lo sumo Carnero y Baca cocida.»

24. «Hay cosa como querernos persuadir, que las Fábulas no se hicieron para el Púlpito? Pues, para donde se hicieron? Para los Estrados y para los Locutorios de Monjas? Puede haver gracia mayor ni mayor ingenio, que probar una verdad con una mentira, y calificar un Mysterio infalible con una ficcion? Aquello de salutem ex inimicis nostris, no es del Espíritu Santo? Y lo otro de contraria contrariis curantur, no es del divino Hypócrates? Y lo de mas allá de opposita juxta se posita magis elucescunt, no es del profundo Aristóteles? Quando está mejor ponderada la virtud del Sacramento del Bautismo y la del Agua bendita, que poniéndola al lado de la que fingian á las aguas lustrales, con que se purificaban los Gentiles para disponerse á los Sacrificios? Lustravitque viros, que dice el incomparable Virgilio. Ni como es possible explicar con gracia la que tiene el Sacramento del Matrimonio, sin hacer una bella descripcion del Dios Hymenéo, Presidente de las Bodas, ó el Dios Casamentero, jóven bizarro, de estatura heróyca, blanco y roxo como un Aleman, pelo blondo, su hacha encendida en la mano, y coronado de rosas? Y para ponderar la fineza de Christo en el Sacramento de la Eucharistía, se ha encontrado hasta ahora razon mas convincente, ni se ha inventado en el mundo pensamiento mas delicado, que el de aquella Fabulilla de Cupido, quando, para rendir á cierto corazon un poco duro, despues de haver apurado inútilmente todas las flechas del aljava, él se flechó en el arco, y él se disparó á sí mismo, con lo qual quedó el susodicho corazon blando y derretido como una manteca?»

25. «Dice el Padre Maestro, que usar de Fábulas en el Púlpito es de ignorantes y de pobres hombres. Esso seria allá quando su Paternidad nació, y se usaba el bayle de las paraletas, pero hoy, que está el mundo mas cultivado, es otra cosa. Yo tengo en mi Celda varios Sermones impressos de un famoso Predicador de estos tiempos, que assombró en Aragon, aturdió en Navarra, y atolondró en Madrid, tanto que se ponian Soldados á las puertas de los Templos donde predicaba, para evitar la confusion y el desórden en el tropel de los concursos: y este tal Predicador, á quien no negará el Padre Maestro, ni hombre mortal se lo ha negado, que es ingenio conocido, apénas predicaba Sermon, cuyas pruebas no se reduxessen á encajonar una Fábula entre un lugar de la Sagrada Escritura; y en verdad, en verdad, que no perdió casamiento, y que no como quiera le aplaudieron los vulgares, sino tambien muchos hombres, que tenian Señoría.»

26. «Entre otros me acuerdo de cierto Sermon, que predicó en la Profession de dos ciertas Señoras muy distinguidas, y luego se dió á la Prensa como cosa grande, en el qual, porque el Hábito de la Orden es de color negro, las comparó con grandíssima propiedad á la Diosa Vesta, que, sobre la fé y palabra de Cartario, vestia tambien de este mismo color: Factum est ut nigra appellaretur propter vestem nigram. Despues dixo, y dixo muy bien, que Minerva havia sido la Primera Fundadora de la enseñanza de las niñas, citando unas palabras del mismo Cartario, que, aunque solo prueban, que Minerva fué la inventora de las labores mugeriles, hilar, coser, devanar, etc., porque Cartario no dice mas, pero harto dice, para que creamos, que tambien se las enseñaria á otras, pues el que estas fuessen niñas, ó fuessen ya mugeres casaderas y aún casadas, no hace para el intento, y siempre se verifica haver sido la fundadora de la enseñanza, que es la substancia del negocio.»

27. «Finalmente, mas allá trahe una comparacion gallarda, para probar, quanto se enamora Dios de las almas Religiosas, que viven en Clausura; pues cita con la mayor oportunidad del mundo la Fábula de Danae, hija de Arcrisio, Rey de los Argivos, á la qual, siendo doncellita, encerró su Padre en una Torre, donde no pudiesse tener comunicacion alguna con los hombres, para que no se verificasse el fatal pronóstico del Oráculo, que le intimó havia de morir á manos de un nieto suyo. Pero Júpiter se la pegó al astuto viejo; porque, enamorado de la Señorita, se transformó en lluvia de oro, se caló en la Torre, y la doncella parió á su tiempo á Perseo, que, yendo dias y viniendo dias, finalmente vino á cumplir el fatídico Oráculo, quitando la vida á su Abuelo. Y no hay que reparar en que la lluvia se introduxesse por la Torre, porque podian estar abiertas las ventanas, ó, aunque fuesse Torre de un Rey, no hay repugnancia en que tuviesse algunas goteras.»

28. «Quien creyera, que una Fábula, al parecer tan sucia, pudiesse jamas servir de prueba para una cosa tan limpia como es el especial amor, que professa Dios á las almas castas, que viven en clausura? Pues, aquí está el ingenio: nuestro sutilíssimo Orador la aplicó con la mayor delicadeza y con la mayor energía: En Danae, dice, contemplo una alma retirada, que vota permanencia en la clausura: en Júpiter transformado en lluvia de oro, á Christo, que baxa como lluvia y Pan del Cielo. Y luego al márgen un par de textecitos literales; para la palabra Pan: Panis de Cœlo descendens; para la palabra lluvia: Et nubes pluant justum. Puede haver cosa mas bien dicha? Ni pudiera imaginarse invencion mas propia ni mas feliz? Porque ahora, que Danae no fuesse la doncella mas casta, ni mas recatada del mundo, como lo acreditó el efecto, y que Júpiter fuesse un Dios bellaco y estrupador, esse es chico pleyto. Ello: hay Vírgen, hay clausura, hay un Dios que visita á la doncella, sea por lo que se fuere, que esso no nos toca á nosotros averiguarlo; pues, qué mas se ha menester para probar, que Christo professa una ternura muy especial á las Vírgenes encerradas, y para contemplarlas á estas Danaes, y Júpiter á aquel? Que es sin duda una contemplacion, sobre ingeniosa devota, y pia.»

29. «Assí pues, amigo Fray Gerundio, ríete de las vejeces de nuestro Padre Maestro, déxale que gruña; créeme, que los viejos, por lo comun, se disgustan de todo lo que ellos no saben hacer, y que á los mas se les puede aplicar, con la variacion de una sola palabra, aquello de