4. Pero nuestra desgracia consistió en havérsenos significado que, como Fray Gerundio floreció en un siglo tan remoto de nuestros tiempos, y como havian sido tan ruidosas en el mundo sus empressas y hazañas oratorias, todas las Naciones se havian dado prisa á trasladarlas en su lengua: de manera que, haviéndose perdido quantos apuntamientos havia de este Héroe en la antigua lengua española, con motivo de la invasion y entrada de los Sarracenos, no havria noticia de él en España, si una feliz casualidad no huviera dispuesto, que cierto Viagero muy inteligente en las lenguas orientales, al passar por Egypto y hospedarse en un Monasterio de Coptos, enseñándole los Monges su inculta y desaliñada librería, no huviesse reparado en quatro grandes caxones, que estaban á un rincon de ella, rotulados con esta inscripcion Arábiga: Memorias para la Historia de un famoso Predicador Español.

5. Picado de la curiosidad, pidió y consiguió que se los dexassen registrar. Encontró en ellos mil preciosidades; y, viendo que unos estaban escritos en Hebréo, otros en Caldéo, otros en Syriaco, otros en Armenio, otros en Copto, otros en Arábigo, muchos en Persa, y una buena porcion en Griego, cuyas lenguas posseía él perfectamente, solicitó con los Monges que se los vendiessen. Ellos lo hicieron por bien poco dinero, porque ni conocian su mérito ni aún estaban enterados de lo que contenian, y assí los tenian llenos de polvo. El Viagero los conduxo á España; murió en Barcial de la Loma, su patria; los papeles se esparcieron por aquí y por allí en aquellas cercanías, bien que la mayor parte se reservó en el famoso Archivo de Cotanes, de que hicimos mencion en el mismo zaguan de esta desgraciada Historia, á la qual llamamos assí por lo que presto se verá.

6. Informados pues de que todos los documentos, que se hallaban en nuestra Península, estaban escritos en las referidas lenguas, abandonamos del todo el intento de recogerlos, por no entender palabra ni siquiera de una de ellas; y aquí no podemos ménos de lamentar segunda vez nuestra desgracia en no haver tenido quien en nuestra adolescencia nos enseñasse por lo ménos la lengua griega y hebréa, que no solo nos servirian mucho en esta ocasion, sino en otras de mucha mayor importancia; y, aunque oímos condenar á muchos que parecen personas, este género de estudio como inútil ó como ménos necessario, á nosotros nos hace mas fuerza el exemplo de los mayores hombres de todos los siglos, que el particular dictámen de los que en ningun siglo tienen traza de ser muy hombres.

7. Hácennos mas fuerza las Constituciones 14, 42, 53, 72 y 79 de Gregorio XIII, en que recomienda con los mayores encarecimientos el estudio de estas dos lenguas, para el qual y para el de otras fundó á sus expensas veinte y tres Colegios ó Seminarios en diferentes partes de la Christiandad. Hácenos mas fuerza la Constitucion 65 de Paulo V, en la qual se manda, que «en todos los estudios de los Regulares, sean del Orden ó Instituto que fueren, se enseñen las lenguas hebréa, griega y latina, y en los estudios mas célebres haya tambien Maestros de la arábiga: in cuiuslibet Ordinis et Instituti Regularium studiis sint linguarum hebraicæ, græcæ et latinæ, in maioribus vero ac celebrioribus etiam arabicæ Doctores.» Hácenos mas fuerza el exemplo del gran Pontífice Clemente XI, peritíssimo en la lengua griega y no ménos zeloso de que los Jóvenes se aplicassen á ella. Y en fin, nos hace mas fuerza la segura noticia que tenemos de que el gran Patriarcha San Ignacio de Loyola, en sus Constituciones aprobadas por la Silla Apostólica, dexó muy encargado á sus Hijos el estudio de estas dos lenguas, y nos inclinamos tambien á que el de la syriaca y caldéa.

8. Si huviéramos tenido quien nos le enseñasse y nosotros nos huviéramos dedicado á él, no nos veriamos en el estrecho en que nos vimos resueltos á dexar la idéa de la obra, por no entender los manuscritos donde haviamos de tomar los materiales. Pero, quando ya no pensaba en esso, (ahora comienzo á hablar en singular,) ves aquí que me depara la suerte ó la desgracia una rara vision. Díceme la Criada, que me quiere hablar un Moro. Hágole entrar, y encuéntrome con un hombre de aspecto venerable, de estatura heróica, con barba prolongada y rubia, ojos modestos pero vivos, color blanco, y vestido enteramente á la turca; sotana talar y abotonada, de lanilla fina color morado, aforrada en tafetan carmesí; una gran banda de seda por ceñidor, que le daba muchas vueltas; chinelas aforradas en tela amusca, y borceguíes á media pierna, adonde salian á recivir unos anchurosos y prolixos calzones de marinero, que le baxaban hasta ella; una especie de capa ó de manto corto, que no passaba de la cintura, de la misma tela que la sotana, solo que estaba aforrado en martas cibelinas y le trahia terciado al brazo izquierdo airosamente; su turbante de tres altos y como de á media vara, con las tres divisiones regulares, blanca, encarnada y amusca, del que pendia por todas partes multitud de hermosas bandas, ya de gaza, ya de muselina, y algunas tambien de seda.

9. Díxome en buen cortado Castellano, que era un co-Epíscopo armenio, que venia á pedir limosna para los Cathólicos del Monte-Líbano, que vivian entre los Schismáticos, sugetos todos al Turco, para ayuda de pagar los excessivos tributos que les exigia el Gran Señor por permitirles el exercicio libre de la Religion Cathólica en los estados de la Sublime Puerta. Añadió que aquel era el quarto viage que havia hecho á España con tan charitativo intento, y que en las dilatadas mansiones que havia hecho en ella, recorriendo todos sus Reinos y Provincias, havia aprendido la lengua con toda perfeccion, especialmente que el Señor le havia dotado de conocido don de lenguas, pues, sobre haverse instruído bastantemente en todas las européas, posseía perfectamente todas las orientales, que en cierta manera podia llamar sus lenguas nativas. Concluyó exhibiéndome una multitud de cartas de recomendacion de Príncipes y Potentados, con otra igual ó mayor cantidad de despachos y licencias exhortatorias de Señores Obispos, para que pidiesse y se le diesse limosna en el distrito de sus respectivas jurisdicciones, y por fin me suplicó que, como Párrocho, no solamente las diesse el uso en mi Parrochia, sino que le hiciesse el gusto de acompañarle en la demanda, para excitar mas la charidad de los fieles.

10. Yo que me ví con un personage al parecer tan recomendable y que para mayor autoridad trahia consigo dos Turquitos como de catorce á quince años, de aspecto muy agraciado, que decia ser Pagecitos suyos, y como por otra parte le oí, que era tan versado en las lenguas orientales en que estaban los manuscritos cuyo contenido deseaba saber con tanta ansia, y mas hablando la castellana con tanta propriedad como desembarazo, no puedo ponderar el gozo interior que me causó esta aventura, pareciéndome que no debia tenerla por acaso, sino por alta providencia del Cielo, que por este camino queria abrirle á la execucion de mis zelosos intentos.

11. En fin, por ahorrar razones, yo le hospedé en mi casa, le agasagé, le cortegé y le regalé en ella por muchos dias, todo quanto mi pobreza pudo dar de sí. Declaréle el pensamiento que havia tenido y el motivo por que le havia abandonado, no entendiendo los manuscritos que estaban esparcidos en varios lugares del contorno, aunque la mayor parte se guardaban juntos y con buena custodia en el célebre Archivo de Cotanes, Pueblo que solo distaba una legua larga de esta Villa. El Señor co-Epíscopo se sonrió gravemente y me dixo con mucho agrado que no me diesse pena, que él me sacaria de aquel embarazo, y que, pues no podia agradecer de otra manera mi charitativo hospedage, celebraba la ocasion de manifestar su agradecimiento en cosa tan de mi gusto, como seria darme traducidos en Castellano todos los manuscritos que le pusiesse delante, aunque fuesse menester detenerse en mi casa algunas semanas y aún meses; porque las virtudes no se oponen, y era tambien especie de limosna para los Cathólicos del Monte-Líbano, el reconocimiento á sus insignes bienhechores.

12. Besé la mano á su Señoría por tanto favor. Al punto hize venir todos los manuscritos que pude recoger, especialmente los dos grandes legajos del Archivo de Cotanes, cuyo Archivero mayor (íntimo amigo mio) me los franqueó prontamente en virtud de Real Albalá y Privilegio, que tenemos los de esta Villa para esso, dándomelos con testimonio y con recibo, como se previene en la misma facultad. Mi co-Epíscopo tomó con el mayor calor la traduccion. En ménos de mes y medio me los presentó todos traducidos y numerados, para que se supiesse adonde correspondian unos y otros; y para mayor autoridad y abundamiento puso su sello y echó su firma en cada uno de los documentos traducidos, como se ve en ellos por estas palabras:

«Concuerda. Isaac-Ibrahim Abusemblat