co-Epíscopo del Gran Cairo.»
13. Despidióse de mí, dexándome este inestimable thesoro, que por tal le tenia yo; y, pareciéndome que havia hecho poco por él, respecto de lo que él havia hecho por mí, le regalé á la partida lo mas y mejor que pude. Sin perder tiempo puse mano á la obra, con qué desvelos, con qué afanes y con qué fatiga, Dios lo sabe; porque las especies estaban todas esparcidas por aquí y por allí, sin órden, connexion ni méthodo. Mi suma atencion fué no desviarme un punto de las memorias en órden á las noticias; porque, quien no se havia de fiar de las que estaban firmadas y selladas por un hombre que se llamaba Isaac-Ibrahim Abusemblat, era co-Epíscopo del Gran Cairo y, ménos el hacer milagros, parecia un Santo?
14. Ahora entra la funestíssima catástrophe. Quando, despues de dos años de trabajo, de vigilias y de un ímprobo sudor, tenia ya formadas las dos primeras partes de mi Historia en la conformidad que van escritas, y puntualíssimamente quando estaba trasladando con la mayor fidelidad los singulares é ingeniosos apuntamientos de Fray Gerundio para su Semana Santa, passó por este Pueblo un Inglés de autoridad, que se dirigia á Portugal con no sé qué comission. Trahia cartas de recomendacion de algunos amigos mios para que yo le hospedasse, y lo hize con especial gusto, porque, aún sin ellas, le tengo grande en cortejar á todo hombre de bien que transite por esta Villa. Díxome que havia sido muchos años Cathedrático de lenguas Orientales de la Universidad de Oxford, y que actualmente se hallaba en la Corte de Londres sirviendo el empléo de Intérprete y Secretario de ellas. Creíle sin dificultad, porque, salvo la Religion protestante que professaba, en lo demas parecia hombre de honor, de bondad, de penetracion, de gran juício y de honradíssimos y muy cavallerosos respetos, sobresaliendo singularmente en él una vasta y comprehensiva erudicion en casi todas las facultades.
15. Díle brevemente razon de la obra que estaba trabajando, de los materiales ó documentos que havia tenido presentes para disponerla, del embarazo en que me hallé para su inteligencia, de la aventura que me deparó mi dicha en el co-Epíscopo Armenio para salir de este embarazo, de la bondad con que me los traduxo en castellano aquel santo Prelado, y finalmente le dixe, que havia de merecerle la honra de que descansasse algunos dias en mi casa, y que en ellos, por via de entretenimiento, aunque molesto, se sirviesse tomar el trabajo de leer los cartapacios que tenia dispuestos de mi Historia, y cotejarlos con los instrumentos y manuscritos á que se remitian; porque, aunque yo tenia toda la seguridad possible de su legalidad, en estas materias nunca sobraban los motivos para afianzarla.
16. Todo lo aceptó el Cavallero inglés con atentíssima urbanidad, diciéndome que la detencion en mi casa por algunos dias le era precisa, pues, informado de mi buen corazon, havia dado órden para que le enviassen á esta Villa ciertos despachos de la Corte que esperaba por la via de Madrid, sin los quales no podia passar adelante, y que, por lo que tocaba á mi obra, la leeria con especialíssimo gusto, porque á su parecer no podia ménos de tenerle yo muy delicado.
17. Con efecto, en los seis dias que tuve la honra de lograrle por mi huésped, se entregó tan ansiosamente á la lectura de la Historia, que apénas acertaba á dexarla de las manos ni aún para comer; y, aunque protestó que no me havia de hablar palabra de ella hasta que, cotejada con los manuscritos, pudiesse hacer juício cabal de el todo, se le conocia bien en todas sus acciones, gestos y movimientos, que la obra le havia quadrado extrañamente. En fin, la mañana del dia último que estuvo en mi casa, (era por cierto mártes, que mártes havia de ser un dia tan aziago para mí,) despues de havernos desayunado juntos, me dixo que era preciso cerrarnos, y, haviéndole hecho, me restituyó el manuscrito de mi Historia, con todos los demas instrumentos y papeles que havia recorrido, en la misma conformidad y con el mismo órden con que yo se los havia entregado; y, mirándome entre risueño y compassivo, me hizo un razonamiento en esta substancia:
18. «Señor Cura, tengo que dar á vuestra Merced mil enhorabuenas y mil pésames: aquellos, porque ha escrito vuestra Merced una obra, que en su linea dudo que tenga consonante: yo á lo ménos no se le hallo en todo lo que he leído, y no ha sido poco; estos, porque, creyendo vuestra Merced de buena fé, que ha trabajado una historia exacta, verdadera, puntual y fiel, (calidades que, quanto es de su parte de vuestra Merced, verdaderamente la assisten,) ha gastado el calor intelectual en disponer la relacion mas falsa, mas embustera, mas fingida y mas infiel que podia caber en humana phantasía. Si, como vuestra Merced la llama Historia, la llamara Novela, en mi dictámen no se havia escrito cosa mejor ni de mas gracia ni de mayor utilidad. Tan provechosa sería para muchos de nuestros Predicadores de la Iglesia Anglicana, como para muchos Predicadores de la Iglesia Romana; pero, haviéndola vuestra Merced intitulado Historia, no me permite mi sinceridad engañarle, ni lo merecen las honras con que me ha favorecido y la noble confianza con que se ha fiado de mí. Nada tiene de Historia, porque toda ella es una pura ficcion. Sossiéguese vuestra Merced, y no se assuste hasta haverme oído.»
19. «El llamado co-Epíscopo Armenio, que á vuestra Merced le dió traducidos estos papeles, tanto tenia de Armenio como de Húngaro, tanto de co-Epíscopo como de Monja, y tanto entendia las lenguas Orientales como vuestra Merced la Iroquesa, la China y la Japona. Dexo á un lado que ha muchos siglos, que assí en la Iglesia Latina como en la Griega se suprimió la dignidad de los co-Epíscopos; dexo á un lado que el Gran Cayro dista tanto de la Armenia como la Circassia de España; y, en fin, dexo á un lado que ni los Cathólicos ni los Schismáticos Armenios están hoy sugetos al Gran Señor, desde que los Mogoles ó Sophys de Persia conquistaron la Armenia y la Georgia, sin que en aquella conserve el Turco mas que dos plazas de poca importancia ó, por mejor decir, dos fortalezas, que son la de Alcalziké y la de Cotatis, teniendo en la primera un Baxá de una cola ó de inferior órden, y en la segunda un simple Governador ó Comandante. Todas estas son fuertes señales de que el supuesto co-Epíscopo debia de ser un picaron, un tunanton, un vagamundo de los que de quando en quando suelen aparecerse en varias partes de la Europa, y con sus hypócritas artificios engañan tal vez á personages, que tenian motivo para no dexarse sorprender con tanta facilidad.»
20. «Lo que no admite género de duda es, que él engañó á vuestra Merced, pero graciosíssimamente, en todo ó en casi todo lo que dixo que contenian essos legajos de papeles, y que el haverlos legalizado con su sello y con su firma fué una de las mas preciosas invenciones ó bufonadas, que pudo discurrir para burlarse de la sinceridad de vuestra Merced.»
21. «A la verdad se habla en varias partes de ellos de un Predicador extravagante y ridículo, de cuyos sermones se entresacan varios trozos y passages. Pero ni se nombra al Predicador, ni hay tal Fray Gerundio en todos los manuscritos, ni se dice si el Predicador anónymo fué Español ó Francés, Campesino, Andaluz ó Guipuzcoano, y consiguientemente todo quanto se refiere de Campazas, de su familia y del Licenciado Quixano, es una pura patraña. El sermon de Animas, que en el capítulo 4º. del libro 1º. se supone que se predicó en Cabrerizo, un manuscrito dice que es cierto se predicó, pero no expressa donde. Assimismo se da por cierto todo quanto se refiere en el capítulo 5º. del mismo libro como sucedido con un Maestro de Escuela; pero no encuentro rastro de que fuesse coxo ni dexasse de serlo, ni mucho ménos de que huviesse sido Maestro de Escuela en Villa-Ornate, pues solo se habla en general de un Maestro de Niños. Pero el bellacon del Señor co-Epíscopo, haviendo fingido que su Gerundio era de Campazas, púsole voluntariamente á la Escuela de Villa-Ornate, porque quizás será un lugar poco distante del otro.»