5. El primero que llegó fué un primo del Tio Anton, y consiguientemente Tio segundo de nuestro Fray Gerundio, que havia sido Colegial mayor y era actualmente Magistral[6] de la Santa Iglesia de Leon, hombre ya hecho, sabio, agudo, discreto, muy leído, gran Theólogo é insigne Predicador, en fin, de prendas tan sobresalientes que ya havia sido consultado en tercer lugar para un Obispado. Este traía de camarada á otro Canónigo de su misma Iglesia, de estos que se llaman Canónigos de cuello ancho[7] y, por otro nombre, de capa y espada, jovencito aún y en la flor de sus años, pues no passaba de los veinte y cinco, pero muy despejado, muy alegre, naturalmente chistoso y decidor, Poeta mas que decente, que decia de repente con bastante gracia, con no poca sal, y por lo comun sin sacar sangre, (cosa muy dificultosa, y por lo mismo bien rara en los que tienen esta habilidad y hacen profession de ella,) por cuyas buenas partidas estaba muy prendado de él el Señor Magistral.
6. Como unas dos horas despues se apeó un Labrador,[8] pariente tambien del Tio Anton, que vivia en un lugar distante quatro leguas de Campazas. Era Familiar del Santo Oficio y, aunque hombre de explicacion cerril y apatanada, tenia una razon natural bien puesta, y discurria con acierto en aquellas materias que se proporcionaban á su capacidad. En el camino se le havia incorporado un Donado de cierta Religion,[9] que, haviendo sido tres veces casado y cinco años viudo, por fin y postre cansado del mundo se entró á servir en un Convento, donde pretendió para Lego, pero no le quisieron dar el hábito, porque, aunque hombre muy forzudo y servicial, era extraordinariamente zafio y allende de esso locuaz y mas que medianamente bebedor, no de manera que se privasse in totum, pero se quedaba á unos medios pelos que olian á chamusquina, y entónces con especialidad hablaba por todas las coyunturas y en todas las materias que se ofrecian, porque sabia leer y havia leído la Historia de los doze Pares de Francia, á Guzman de Alfarache, la Pícara Justina y quantos romanzes de ciegos se cantaban de nuevo en los mercados, gustando sobre todo de leer gazetas, aunque maldita la palabra entendia de ellas; con que era el Donado un hombre muy divertido y, en fin, pieza de Rey.
7. Mucho se alegró nuestro Fray Gerundio, quando se halló en compañía de todos estos huéspedes, pero especialmente de su Tio el Magistral, quien, como hombre entendido y de la facultad, le pareció que havia de hacer justicia á su sermon, del qual estaba tan satisfecho, que se persuadia con el mayor candor del mundo á que en su vida habria oído ni leído otro semejante; y ya daba por hecho que, en oyéndole, se havia de enamorar tanto el Tio de los talentos del sobrino, que, quando fuesse Obispo, le havia de llevar consigo y le havia de hacer su Confessor, no pareciéndole tampoco impossible, que con el tiempo su Tio el Obispo (pues ya le consideraba como tal,) le grangeasse por ahí, aunque no fuesse mas que un Obispadillo en Indias. Todos estos pensamientos le passaron por la imaginacion, lisongeándole infinito y llenándole de un inexplicable gozo.
8. Pero, quien podrá declarar dignamente con palabras el que se apoderó de su corazon, quando, contra toda su esperanza y sin que siquiera se le huviesse ofrecido tal cosa al pensamiento, vió apearse en el corral de la casa á su íntimo amigo el Predicador Fray Blas, acompañado de un Religioso de otra Religion, que él no conoció, pero todas las señas eran de ser hombre muy reverendo, porque trahia anteojos con cerquillo de plata, bequoquin de seda, sombrero fino con cordon y dos borlas de lo mismo, quitasol, baston de caña con puño de china, y venia montado en una bizarra mula con su gualdrapa muy cumplida de paño negro con grandes fluecos y caireles, sirviéndole de mozo de espuela uno muy gallardo, asaz bien apuesto y con toda la gala de los majos y petimetres del oficio, zapatillas blancas, medias del mismo color, calzon de ante, una gran faja de seda encarnada á la cintura, armador de cotonía, capotillo de paño fino de Segovia de color amusgo, redecilla verde con su borla de color de rosa, que colgaba hasta mas abaxo de la ñuca; la cinta que la ceñia y apretaba, de color de nácar; sombrero chambergo rodeado de una cinta de plata color de fuego, con su roseton ó lazo á la parte posterior, que remataba en la copa. Todo esto lo observó Fray Gerundio muy bien observado, y todo le hizo imaginar, que aquel Religioso era por lo ménos Cathedrático de la Universidad de Salamanca ó de Alcalá, quando no fuesse quizá algun Padre Difinidor ó Presentado.
9. No se engañó mucho, porque á lo ménos era Vicario de unas Monjas[10] que estaban junto á Jacarilla, y ántes de esso havia cuidado seis años de una granja, en cuya administracion no se havia perdido; porque él mismo confessaba ingenuamente, quando se ofrecia la ocasion, que le havia valido por lo ménos tanto como á la Casa, porque havia sacado un decente bolsillo, que sufria ancas para socorrer á quatro parientes pobres, para servir á dos amigos, y para subvenir á sus necessidades religiosas, aunque la vida fuesse un poco mas larga que lo ordinario. Como quiera, quando Fray Gerundio vió á su amiguíssimo Fray Blas, pensó perder los sentidos de puro contentamiento, y, despues de haver hecho los primeros cumplidos al Rmo. Padre Vicario, como lo pedia la urbanidad, dió muchos abrazos á Fray Blas, y supo de él como, haviendo tenido noticia en Jacarilla del sermon que le havian echado en su lugar, hizo ánimo de no volver al Convento hasta que se le huviesse oído predicar, logrando con esta ocasion ver la fiesta de Campazas y passar en su compañía quatro dias alegres, con toda libertad y sin el molesto acecho y murmuracion de los Frayles.
10. Díxole, que para sacar la licencia del Prelado, sin que ni él ni los Frayles reparassen en que estaba tanto tiempo fuera del Convento, le havia escrito una carta atestada de mentiras, suponiendo que havia caído gravemente enferma una viuda rica, sin hijos ni herederos forzosos, que le havia pedido con grandes instancias que la confessasse y la assistiesse hasta entregar el alma á Dios, dándole á entender que no lo perderia él ni su Comunidad, porque podia disponer libremente de sus bienes, como nuestro Señor la inspirasse; que, no obstante esso, él se havia resistido, por quanto la enfermedad tenia traza de ir muy larga, aunque decia el Barbero del lugar, hombre muy inteligente, que sin milagro no podia escapar de ella; que la misma viuda le havia obligado á que escriviesse á Su Paternidad, esperando que no la negaria este consuelo, y que assí lo hacia con la mayor indiferencia, aguardando su determinacion, porque todo su gusto seria obedecerle, bien que, si huviesse de consultar su inclinacion, ya estaria en el Convento; porque, sobre la penalidad y trabajo de assistir continuamente á una enferma, passando malos dias y peores noches, siempre le havian parecido mal los Frayles que estaban mucho tiempo fuera de la campana del Convento, á que se añadia que, siendo él Predicador mayor de la Casa, no era razon que cargassen otros con los sermones que por su oficio le tocaban á él.
11. «Esta fué, amigo Fray Gerundio, (añadió el Predicador,) la cartica que le espeté, que, aunque yo lo diga, no iba urdida del peor estambre. Ya conoces la poca malicia del buen hombre, y tambien su lado flaco; en amagándole en algo para el Convento ó para su peculio, no puede resistirse, y dará licencia á un súbdito para que se case, con tal que lo haga sin pecar... el santo varon tragó el anzuelo, y me respondió sin perder tiempo, alabando mucho mi zelo, mi obediencia y mi religiosidad, pero mandándome en virtud de santa obediencia y en remission de mis pecados, que assistiesse á la enferma hasta que á vida ó á muerte saliesse de aquel peligro, aunque la enfermedad durasse un año, encargándome que procurasse fomentarla la devocion á la Orden y que no dexasse de exagerarla las particulares necessidades de aquel Convento; pero me prevenia, que esto fuesse con prudencia y quando se ofreciesse buena coyuntura: por lo demas concluía, que los sermones no me diessen cuidado, pues corria del suyo el encargarlos, fuera de que, teniéndote á tí, no necessitaba de otro, pues, aunque todavía estabas un poco verde, esto no desdecia de tus años, y por otra parte era prodigiosa tu facilidad.»
12. — «Vamos claros, dixo Fray Gerundio, que el enredo está de mano maestra; y quanto tiempo ha de durar la enfermedad de la viuda?» — «Lo que duraren las fiestas de los lugares á la redonda, respondió Fray Blas; porque ninguna pienso perder.» — «Y qué diablos ha de decir Vm. despues? le preguntó Fray Gerundio, quando se vea, que no hay tal herencia ni calabaza». — «En esso te paras, majadero? respondió Fray Blas. Hay mas que decir que, haviendo hecho la enferma su testamento cerrado, en que dexaba al Convento por su universal heredero, despues de algunos legados de corta cantidad á algunos parientes pobres, estando ya con la uncion, hizo una promessa y cobró la salud milagrosamente?» — «Pero, si se averigua, replicó Fray Gerundio, que no huvo tal viuda ni tal enferma de mis pecados, y que todo fué un puro embuste de Vm., para pretextar con esse piadoso sobreescrito la tuna y el bisboleo?» — «Calla, simple, respondió Fray Blas, como se ha de averiguar, no haviendo otra correspondencia en el Convento con Jacarilla que la que yo tengo? fuera de que, aunque por alguna casualidad llegue á saberse, quid inde? Dirán, que fué una de las trampillas que están muy en uso. Mira, Gerundio, los Frayles y las mozas de servicio nunca salen de casa sino con sobreescritos devotos: estas siempre piden licencia para ir á rezar, y aquellos, quando quieren ir á tunar ó desenfraylar, como ellos dicen, alegan por lo comun, ó el sermon que les echaron y ellos pretendieron, ó el que en la realidad no hay, ó las dissensiones de los parientes, ó el testamento y la enfermedad del Padre; y á la sombra de tan piadosos pretextos, passan un par de meses de vita-bona. Decir, que un Frayle ha de pedir licencia derecha y claramente para ir á divertirse quatro dias en casa de un amigo, esto es cuento: tal qual tonto lo suele hacer por acreditarse de sincero, pero regularmente llevan calabazas,[11] porque los Prelados se revisten del zelo de la observancia y, miéntras no los cohonestan la salida, dicen que la pierna en la cama, la moza con la rueca, y el Frayle en la celda.»
13. — «Pero, á proposito de Frayle, interrumpió Fray Gerundio, quien es esse Rmo. que viene con Usted? porque parece personage.» — «Y es lo que parece, respondió Fray Blas; porque, aunque ahora es Vicario de unas Monjas y ántes fué Grangero, siguió la carrera de los estudios con mucha honra; y, aburrido de que huviessen graduado ántes á otro condiscípulo suyo por empeños, se aplicó á este rumbo, de lo que no está arrepentido; porque, aunque no parece de tanta honra, es sin duda de mucho mayor provecho. Hizo mucho doblon en la Granja; despues pretendió esta Vicaría, que le dieron sin dificultad: las Madres le regalan como á cuerpo de Rey, y él lo passa como un Pontífice. Es muy amigo mio, desde que me oyó predicar en Cevico de la Torre; no sé por qué casualidad vino á oírme el sermon de Santa Orosia: llevóme á su Vicariato, donde me detuvo ocho dias, tratándome como á un Patriarcha: temporadilla mejor no espero passarla en mi vida. Comiamos en el locutorio por la parte de afuera, y comian al mismo tiempo que nosotros quatro Mongitas por la parte de adentro, y á fé que no eran de las mas viejas del Convento, porque estas se excusaban por sus achaques, ó, por mejor decir, nosotros las excusábamos á ellas: durante la mesa havia brindis, havia finecitas de parte á parte, havia tambien unas coplillas, y, en levantándose los manteles, venian las ancianas y las graves de la Comunidad á darnos conversacion; despues se retiraban estas y nos dexaban con la gente moza: comenzaba la bulla y la chacota; cantaban, representaban, y tal qual vez, ellas de la parte de allá y nosotros de la de acá, bailábamos una jotita honesta ó un fandanguillo religioso. Mira tú, si passaria buenos dias. En fin, como hize ánimo de venirte á oír, en fé de nuestra amistad y de la confianza que tengo con tus Padres, convidé á el Padre Vicario á que se viniesse conmigo, ponderándole la fiesta de Campazas, diciéndole mil cosas de tí, y assegurándole que seria muy bien recivido.»
14. — «Y como que lo será! le interrumpió Fray Gerundio; ántes este es un nuevo beneficio, de que me confiesso deudor á la fineza de Vm.; porque, sobre las prendas que me pondera del Padre Vicario, de esta hecha entablo conocimiento con él; y cátate ya el camino abierto para irme á holgar quatro dias alegres, quando se ofrezca ocasion, con aquellas señoras Monjas.»