15. Con esto se entraron en la sala, donde ya estaba el Padre Vicario, despues de haverse quitado los ajuares de camino, en compañía del Magistral, de los demas huéspedes, de Anton Zotes y de la Tia Catanla, que le recivieron con el mayor cariño, el qual creció mucho mas, quando su hijo y el Predicador mayor los informaron en secreto de quien era. Finalmente, fueron concurriendo poco á poco todos los convidados, con algunos mas que no lo havian sido; y en los dos dias que faltaban hasta el de la fiesta, parece que no debió de suceder cosa que de contar sea, porque los Autores casi todos lo passan en silencio. Solo uno de ellos apunta, (aunque muy de passo,) que Fray Gerundio, despues de haver hecho su cumplido á los que iban llegando, se retiraba á repassar su sermon unas veces á un desvan, otras al campo, y, porque ni aún en este le dexaba libertad la multitud de forasteros que acudian de toda la comarca, finalmente se vió precisado á encerrarse en la bodega para decorar su cartapacio. El mismo Autor da á entender tambien en general, que en aquellos dias passaron cosas preciosas con el Donado, á quien luego conoció el humor Don Basilio, (assí se llamaba el Canónigo mozo,) y haciéndose muy amigo de él, poniéndose en todo de parte de sus necedades, con grandíssima gracia y con no menor socarronería, fomentaba sus simplezas, de manera que sucedieron lances extraordinariamente sazonados; pero, como el referido Autor no los especifica, y nosotros en materia de verdad somos tan escrupulosos, aunque sospechamos los que pudieron ser, no nos atrevemos á referirlos, porque es infedelidad irremissible en un historiador adelantarse á vender las sospechas por noticias.
16. Llegado que huvo el dia deseado de la fiesta y la hora de la funcion, vinieron á sacar de casa á Fray Gerundio su Padre como Mayordomo de aquel año, un Tio suyo que lo havia sido el antecedente, ambos con sus varas de la Cofradía del Santíssimo, dadas de almazarron y de almagre, que no havia mas que ver, los dos Alcaldes y los dos Regidores del lugar, con su Fiel de fechos y con su Alguacil detras, en el sitio que les correspondia, añadiéndose de comitiva voluntaria y para mayor cortejo muchos Clérigos circunvecinos y una multitud de Frayles aventureros de diferentes Religiones, que se hallaban en aquellas cercanías y no quisieron perder la comedia ni los novillos. Precedíalos á todos el tamboril y la danza, compuesta de ocho mozos de los mas jaquetones y alentados de Campazas, todos con sus coronas ó caronas arrasuradas sobre el craneo ó plan de la cabeza; esta descubierta y las melenas tendidas; jaquetillas valencianas de lienzo pintado, con dragona de cintas de diferentes colores; su banda de tafetan prendida de hombro á hombro y colgando á las espaldas en forma de media luna; un pañuelo de seda al pescuezo, retorcido por delante como cola de caballo y prendido en punta por detras como hácia la mitad de la espalda; camisolas de lienzo casero, mas almidonadas que planchadas, y tan tiesas que se tenian por sí mismas en qualquiera parte; calzones de la misma tela que la jaquetilla; y en la pretina, por el lado derecho, colgado un pañuelo de beatilla con mucha gracia; las boca-piernas de los calzones holgadas y anchas, guarnecidas de una especie de cintillo ó cordon de cascabeles, medias de muger todas encarnadas, zapatillas blancas con lazos de hiladillo negro, y en todo caso todos ceñidos con sus corbatas, para meter los palos del paloteado en el mismo sitio, y ni mas ni ménos como los arrieros llevan el palo en el cinto.
17. Ya estaban Fray Blas y Fray Gerundio á la puerta de la casa, esperando el acompañamiento; porque á Fray Blas le pareció atencion precisa en su amistad y en la hermandad de profession, acompañar á Fray Gerundio; y no solo le dió por todo aquel dia la mano derecha, sino que le fué sirviendo de Fray-Juan hasta dexarle en el púlpito, y aún se huviera sentado en la escalera, á no haverlo embarazado Anton Zotes, que le obligó á sentarse en el banco de la Cofradía entre los dos Mayordomos.
18. Salió pues de casa nuestro Fray Gerundio, mas resplandeciente que el sol, mas risueño que la alva, mas brillante que la aurora. Havíase (claro está,) afeitado aquel mismo dia con la mayor prolixidad, encargando mucho al barbero que se esmerasse en la operacion, pues no le valdria ménos que un real de plata; y con efecto le dexó el Maestro tan lampiño y con el rostro tan liso, que parecia bruñido; sobre todo en el cerquillo aplicó el mayor esmero: el plano no parecia sino un quadrilongo de papel fino de Génova, alisado con diente de elephante; la horla, un flueco de seda negra cercenada por las puntas con la mayor igualdad, sin que ni un solo cabello se adelantasse á descomponer la linea; el copete elevado como dos dedos y medio, con maravillosa proporcion al fondo del cerquillo, que formaba la circunferencia; todo el campo del cogote, que corria desde el extremo del cerquillo por la parte posterior hasta la entrada del tozuelo, rasurado tambien á medio rape, para que, negreando un poco el fondo, sobresaliesse mas lo restante de la rasura. Havia estrenado aquel dia un hábito nuevo, que su buena Madre le tenia prevenido, y una hermana suya, moza ya casadera, se havia esmerado en doblarle, plegarle y aún aplancharle, passando la plancha no mas que por los pliegues y doblezes, con tanto primor y delicadeza, que al desdoblarle se dexaban ver todos ellos distribuídos con graciosa proporcion y symetría: particularmente los pliegues del escapulario hacian una labor que encantaba; y, como la tela de la capa y de la capilla era flamante á manera de estameña aprensada, hacia unos visos que deslumbraban la vista. Calzóse (ya se ve,) unos zapatos muy ajustados, hechos á toda costa, en quanto lo permitia la hechura que se usaba en la Religion; pero en todo caso havia encargado al maestro, que las puntadas fuessen iguales y muy menudas, y que el hilo no estuviesse muy cargado de cerote, para que lo blanco de ellas sobresaliesse mas. La noche ántes le havia regalado el Padre Vicario con dos solidéos de seda, de los que fabricaban sus Monjas con exquisito arte y chulada, cuyo centro era una borlita muy chusca, elevada con la debida proporcion; y Fray Gerundio estrenó uno de ellos aquel dia, assí para mostrar la estimacion que hacia del regalo, como por ser un adorno tan preciso como precioso para su Pontifical. No se olvidó, ni podia olvidarse de echarse en una manga un pañuelo de seda de dos caras y de vara muy cumplida, siendo una faz de color de rosa y la otra de color de perla; y en la otra manga metió segundo pañuelo de Cambray muy fino, con sus quatro borlas de seda blanca á las quatro puntas, teniendo por cierto, que qualquiera de los dos pañuelos, que se le huviesse olvidado, seria bastante, para que el sermon no pareciesse la mitad de lo que era.
19. Dudó por algun tiempo si llevaria anteojos, cosa que le parecia á él daba infinita autoridad al Predicador y añadia gran peso y una maravillosa eficacia á lo que decia; pensamiento que le tuvo tan inquieto la noche precedente, en que no fué possible pegar los ojos, que, no pudiendo echarle de sí, dispertó á su amigo Fray Blas (porque dormian juntos en una cama) y le consultó esta duda. Pero Fray Blas, que por aquella vez tuvo mas juicio de el que acostumbraba, se rió mucho de su ofrecimiento, diciéndole que los anteojos en un mozo, aún quando tuviesse alguna necessidad de ellos, (lo que rara vez sucedia,) era la cosa mas ridícula del mundo, y que assí los hombres de juicio, como los bellacos, hacian gran burla de aquella afectacion, bastando ver á un rapaz muy armado de sus gafas para que todos le tuviessen por mozo de poco seso. «Aún en los anteojos habituales de los viejos, añadió Fray Blas, son muy pocos los que creen, porque son raríssimos los que los necessitan á pasto; y mas desde que se ha observado, que en las Religiones regularmente se echan esta gala aquellos sugetos de media braga, que estuvieron consultados para perpetuo choro ó cosa equivalente, y despues ó por empeños ó por paysanage, ó en fin porque los hallaron con una arrastrada medianía, los destinaron á una de las dos carreras de púlpito ó de cáthedra, cumpliendo con ellas entre si basta ó no basta, y á sal aquí traidor. Estos son, por lo comun, los mayores y los mas perdurables anteojistas, vanamente persuadidos á que pueden suplir con los accidentes lo que les falta de substancia, y pretendiendo persuadir á otros que su continua aplicacion á los libros los quebrantó la vista. Pocos hombres hay de los verdaderamente sabios y aplicados que usen de este mueble, sino quando realmente le han de menester, que es para escrivir y para leer; y assí, amigo Fray Gerundio, déxate de locuras y déxame dormir.»
20. Con esto no volvió Fray Gerundio á pensar mas en antojeras y, escusando este dixe, salió de casa para la Iglesia con todo el tren que llevamos referido: llevaba tras de sí los ojos de todos quantos le miraban; porque iba con el cuerpo derecho, la cabeza erguida, el passo grave, los ojos apacibles, dulces y risueños, contoneándose un poco, haciendo unas magestuosas y moderadas inclinaciones con la cabeza á uno y á otro lado, para corresponder á los que le saludaban con el sombrero ó con la montera, y no descuidándose de sacar de quando en quando ya el pañuelo blanco para limpiarse el sudor que no tenia, ya el de color para sonarse las narizes, que estaban muy enjutas. Apénas llegó á la Iglesia, hizo una breve oracion y se entró en la sacristía, quando se dió principio á la missa, que cantó el Licenciado Quixano, sirviéndole de Diácono y de Subdiácono dos Curas párrochos de la vecindad.
21. El Choro lo llevaban tres Sacristanes de las mismas cercanías, porque el de Campazas servia en el Presbiterio el incensario y cuidaba del facistol; los quales Sacristanes en punto de tono gregoriano eran los que hacian raya por toda aquella tierra, sirviendo de bajo el Carretero del lugar, que tenia una voz asochantrada, y de tiple un muchacho de doze años, á quien ex professo havian capado para acomodarle en la música de Santiago de Valladolid. No havia órgano, pero este le suplian con muchas ventajas dos gaitas gallegas, que de propósito havia hecho venir de la Maragatería el Mayordomo, y las tocaban dos Maragatos rollizos, tan diestros en el arte que los llamaban para todas las fiestas recias de S. Roman, Foncebadon y el Rabanal, de donde se extendió la fama hasta el mismo Páramo, con ser assí que hay mas de ocho leguas de camino; y Anton Zotes, á quien llegaron estas noticias por haverlas oído casualmente en la puente Vizana á un criado del maragato Andrés Crespo al tiempo que cargaba la recua, al instante envió á llamar á los dos famosos gaiteros, ofreciéndoles veinte reales á cada uno trahidos y llevados, comidos y bebidos; y, como era esta la primera vez que se havia oído semejante invencion en las missas de aquella tierra, no se puede ponderar el golpe que dió á todos la novedad, y mas quando oyeron por sus mismos oídos, que los dos músicos de bragas anchas, assí en el Gloria como en el Credo, seguian el tono gregoriano con tanta puntualidad, que no havia mas que pedir. Celebróse infinito el buen gusto de Anton Zotes, y es tradicion de padres á hijos, que desde entónces quedó establecido en el Páramo el uso de las gaitas gallegas en toda missa de incienso, y que de aquí nace el llamarlas en algunos lugares el órgano de los Zotes, etymología que, á nuestro modo de entender, no carece de mucha probabilidad.
22. Enfin llegó la hora del punto tan deseado, de subir al púlpito nuestro Fray Gerundio. Dexamos á la prudente consideracion del pio y discreto lector figurarse allá para consigo, con qué bizarría y desembarazo saldria de la sacristía, precedido de quatro cofrades con sus cabos de blandones, porque el mayor no llegaria á quarta y media; de los dos Mayordomos con la insignia de sus varas; de quatro Clérigos con sobrepellices y con su amigo Fray Blas, que, como diximos, quiso hacer aquel dia los honores de Fray Juan, hasta dexarle en el púlpito; con qué magestad subiria las gradas del Presbyterio, en cuyo número están divididos los Autores, porque unos dicen que eran diez, otros doce, y no falta alguno que se adelanta á assegurar que llegaban á catorce, aunque todos convienen en que hay muchos Campanarios que no tienen tantas; con qué autoridad reciviria la bendicion de su Padrino el Licenciado Quixano, de quien es pública voz y fama, que se enterneció un si es no es al tiempo de dársela; con qué despejo y gravedad caminaria hácia el púlpito, haciendo inclinaciones con la cabeza hácia todos lados, pero con especialidad hácia donde estaba el banco de la Justicia y Regimiento, y el de la Cofradía; y finalmente, con qué soberanía se presentaria en el púlpito, haciéndose primero cargo del auditorio, con reposado desden, y despues hincándose de rodillas.
23. Assí le dexaremos por ahora, miéntras se divierte la narracion y la pluma á dar alguna noticia del theatro, para que camine mas holgada la comprehension en la inteligencia del assunto.
24. Era la Iglesia de tres naves, aunque tan reducidas que, quando entró en ella el Canónigo Don Basilio, dixo que bastaria llamarla de tres botes: el Presbyterio y la capilla mayor, en missas de tres en ringle, no sufrian mas ancas que los Ministros precisos del altar, tanto que el facistol para cantar la Epístola y el Evangelio, era menester colocarle fuera de su jurisdiccion. La nave principal era tan estrecha que, quando concurrian la Justicia y Regimiento en un banco, y alguna Cofradía en el banco opuesto, era obligacion precisa del Sacristan dar á besar la paz[12] á un mismo tiempo á la Justicia y á la Cofradía, lo que executaba fácilmente, yendo por medio de la nave y llevando una paz en la mano derecha, y otra en la izquierda, pues solo con abrir los brazos, y no muy extendidos, alcanzaba á uno y á otro banco, de manera que á un mismo tiempo y en un mismo punto la iban besando por su órden los que estaban sentados en entrambas bandas: verdad es que lo que á las naves las faltaba de anchas, lo suplia ventajosamente lo que las sobraba de largas, por lo que diria yo, con la licencia del Señor Don Basilio, que la Iglesia era de tres Gabarras Argelinas, ó de tres Galeras Turcas. A los piés de ella estaba el choro alto, sin mas balustrado que un madero tosco y en bruto, que atravesaba de arco á arco, con algunos palos á trechos, á modo de estacada, para evitar que algun muchacho travieso se cayesse en la Iglesia y se rompiesse la cabeza, que era el mayor daño que le podia suceder, porque la elevacion era de pocas varas.