15. «De buena gana me iria un poco mas tras de la danza, si no me embelesara esse theatro, que ya observo erigido junto á las puertas del Templo, ad fores templi, que dixo elegantemente el mitrado panal de Lombardía (hablo del melifluo Ambrosio). Y qué significa esse theatro? Segun unos es signo natural, ó segun otros es signo ad placitum de un auto sacramental, representacion del Sacramento. Sí? Pues de essas representaciones llenas están á cada passo las páginas de la Escritura. No fué representacion del Sacramento el Mana? Assí lo afirma Cayetano. No fué representacion del sacramentado cordero el Vellon de Gedeon? Assí lo siente Lorino. No fueron representacion del eucharístico trigo las espigas de Ruth? Assí lo assegura Papebrokio. Y todas estas representaciones, no se hicieron en el campo? Es comun sentir de Expositores y Padres. Pues representaciones del Sacramento, y representaciones en el campo, quien podrá dudar, que fueron prophéticas figuras de las representaciones al Sacramento, que se hacen todos los años en mi amada patria de Campazas? In loco campestri.»

16. «Mas, afuera, afuera; aparta, aparta; huye, escápate, corre; mira que te coge el toro. Qué es esto? Rodeado me veo de estos cornúpetos brutos. Qué cerviguillo, qué lomo, qué roscas en el pescuezo, qué lucios y qué gordos! Tauri pingues obsederunt me. No hay quien me socorra? Que me cogen, que me pillan, que me revoletéan. Pero ea, que fué terror pánico, ilusion de la phantasía, ente de razon raciocinante. No son toros de muerte ni furiosos; son sí unos novillos alegres y vivos, pero ni marrajos ni sangrientos vituli multi, ó, como lee otra letra, mutilati. Unos novillos desmochados, esto es, ó sin puntas en el hasta, ó sin fuerzas en las puntas. Gracias á Dios que respiro; porque me havia asustado. Pero, qué tienen que ver los novillos con la fiesta del Sacramento? Ignorantíssima pregunta! Qué fiesta del Sacramento puede haver cabal, si la faltan los novillos? puesto que el Propheta penitente adelanta mas la materia, quando dice, que los novillos se deben correr ó, lo que allá se va todo, se deben presentar en las mismas aras: tunc imponent super altare tuum vitulos

17. «Ya no me detengo, ni en las hogueras, ni en las luminarias nocturnas, que precedieron á este festivo dia. Quando se descubre el Señor, sin que se enciendan brillantes cereos piropos? Ni qué mas hicieron los tres milagrosos niños en la flamígera hoguera del Babylónico furno, que lo que anoche vimos hacer á los puvescentes muchachos de mi predilecta patria en las fumigerantes hogueras, que encendió la devocion y la alegría de sus fervorosos íncolas? Si aquellos jugaron con las llamas, sin que les tocassen al pelo de la ropa, estos brincaron por ellas, sin que les chamuscassen ni un solo cabello de la cabeza: et capillus de capite vestro non peribit, que dixo la Boca de oro. Pues qué! la multitud de estruendosos voladores, que subieron serpenteando por esse diáfano elemento, saetas encendidas, que disparó la bizarría y el valor para dissipar el nigricante esquadron de las tinieblas! Parece que les estaba viendo el monárchico Adivino quando cantó vaticinando: Sagittas tuas ex dentibus effecit. Pero mas al caso presente lo pronosticó el que dixo, que resonaba por todo Cámpos el horrísono bom bom bom bom bom de las bombardas:

Horrida per campos bam-bim-bombarda sonabant.»

18. «Paréceme que tengo tocadas y retocadas las circunstancias del dia. Pero no; que la mas especial, por nunca vista hasta aquí, se me olvidaba: hablo de esse vocal instrumento, y al mismo tiempo ventoso, que tan dulcemente titila nuestros oídos. Hablo de esse equivalente ó, como se explica el discreto Pharmacopola, de esse quid pro quo de órgano, que añade tanta magestuosa harmonía á la solemnidad del sacrificio; hablo enfin, para que me entiendan todos, de essa sonora gaita gallega, que tanto nos encanta y nos hechiza. Pero, qué oportuna, qué discreta, qué ingeniosa fué la invencion de mi paternal Mayordomo, quando discurrió y resolvió festejar con ella la funcion del Sacramento! Porque, pregunto: no es el Sacramento en el viril, el escudo, las armas y el blason del nobilíssimo Reyno de Galicia? Assí me lo atestiguó anoche un Peregrino, que viene en Romería de Santiago. Pues, siendo esto assí, era cosa muy congruente y en cierta manera simpliciter necessaria, (ya me entiende el Lógico y el Theólogo,) que no faltasse en la missa del Sacramento aquel instrumento harmonioso, apacible y delicado, que deriva su alcurnia y su apellido del mismo nobilíssimo Reyno; porque, como dice el Philósopho, propter unum quodque tale, et illud magis. Gran gloria de Galicia tener por escudo de armas al Sacramento! pero mayor de Campazas ser la patria y el solar de la sagrada Eucharistía; porque ó hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. Este será el arduo empeño, en cuyo golfo desplegará las velas el baxel de mi discurso; y, para que lo haga viento en popa, será preciso que sople por el timon el aura benéfica de aquella Deífica Emperatriz de los mares, implorando su proteccion y su gracia con el acróstico epinicio del celestial Paranynfo: Ave Maria

19. Bien puede discurrir el advertido Lector, que es impossible á toda humana pluma, no digo ya explicar cabal y adequatamente, pero ni aún delinear un levíssimo rasguño por donde se venga en tal qual oscuro conocimiento de la admiracion, del pasmo, del assombro, con que fué oída esta salutacion por la mayor parte de aquel guedejudo y pestorejudo auditorio. Fué milagro de Dios que le diessen lugar para predicar el que se llama cuerpo del sermon, y seguramente no se le huvieran dado, á no tenerles[14] todavía tan pendientes la suspension y la curiosidad del assunto tan singular y tan raro que havia propuesto; porque esto de probar que Campazas era el solar y la patria del Santíssimo Sacramento y que, si no havia Sacramento en Campazas, no havia en la Iglesia fé, lo hizo con tal primor, llamando tanto las curiosidades,[15] que seis granos de láudano apénas bastarian para amodorrar al mas dormilon y soñoliento. En medio de esso, no pudo contenerse el auditorio sin prorumpir de contado, primero en un alegre y bullicioso murmurío, muy parecido al que hacen las abejas al rededor de la colmena; despues en aclamaciones y en vítores descubiertos, arrojando hasta la bóveda ó artesonado de la Iglesia no solo las monteras y sombreros, sino que no falta quien diga se vieron tambien revoletear algunos bonetes. Sobre todo el Maragato de la gaita gallega, quando oyó su gaita no ménos oportuna que repentinamente alabada, no pudo contenerse sin echar al Predicador una alborada; esto de contado y, como dicen, por via de provision, reservándose el derecho de echar todos los registros luego que el sermon se concluyesse perfecta y completamente. Enfin, la algazara y la gritería fué tal, que en mas de medio quarto de hora no le fué possible á Fray Gerundio proseguir su Panegýrico; y, aunque el Sacristan hacia pedazos el esquilon del altar para que se sossegasse la bulla, no lo pudo conseguir, hasta que de bueno á bueno se fueron todos aquietando.

20. Miéntras tanto, el sabio, prudente y discreto Magistral estaba tambien aturdido, pero sin acertar á discernir qual de las dos cosas le assombraba mas, si la satisfaccion y sandez del Orador, ó la ignorancia y bobería de aquel rústico auditorio. El Canónigo Don Basilio, aunque no ahondaba tanto como el Magistral, porque sus estudios no havian passado de los precisos para entender medianamente el Breviario y un puntico de Concilio; pero, como era de una razon natural tan despejada y tan bien puesta, comprehendió sin dificultad, que la salutacion era un gracioso texido de furiosos disparates, y desde luego hizo ánimo á holgarse bien á costa de Fray Gerundio. El otro pariente suyo, familiar del Santo Officio, hombre de bastas explicaderas, pero de mas que mediana razon, decia allá para consigo: «O yo soy un porro, ó este Flayre no sabe las enclinaciones de los nombres, ni ha estudiado á selmo selmonis, como el mi Cuco, (llamábase Francisco un hijo suyo, que comenzaba aquel año el arte,) ó toda esta gente está borracha: mas al fin yo soy un probe lego sin letras, y puede ser que me encalibre.»

21. Esto passaba por el pensamiento de los tres, quando Fray Gerundio dió principio al cuerpo de su sermon, que probó, confirmó y exornó puntual y literalmente, segun la ingeniosa idéa que se le havia ofrecido, de la qual dímos bastante noticia al fin del capítulo segundo, donde podrán volverla á leer, si gustaren, nuestros pios y benévolos Lectores; porque, si bien es verdad, que nos podiamos prometer de su mucha benignidad el que no llevassen á mal, se la volviessemos á poner delante de los ojos un poco mas extendida y con aquella energía, cultura y formalidad, que era propria de nuestro insigne Orador; pero al fin, todo bien considerado, nos ha parecido mas acertado consejo no abusar de su buena inclinacion, haciéndonos cargo de que toda repeticion es fastidiosa, sin ser nuestro ánimo derogar por esso un punto la buena fama y opinion del que dixo, que hay cosas quæ septies repetita placebunt, que darán gusto y no fastidiarán, aunque se repitan siete veces. Háyalas enhorabuena; pero nosotros no presumimos tanto de las nuestras, que las consideremos comprehendidos en este número; y llamamos nuestras á las de nuestro Fray Gerundio, porque en tanto nos las apropriamos, en quanto están sugetas á la jurisdiccion de nuestra tarda y deslucida pluma. Y enfin, para qué es rompernos la cabeza, si tenemos ya hecha una firme, determinada é irrevocable resolucion inter vivos de no copiar dicho sermon, ni trasladarle en nuestra Historia? Haga cuenta el curioso Lector que le leyó; dé por supuestas, y aun por oídas, muchas mas aclamaciones, muchos mas vítores, muchos mas vivas al acabarse el Panegýrico que al concluírse la salutacion. Tenga por cosa cierta, que no solo la gaita, sino que el mismo gaitero estuvo tambien para rebentar, el uno soplando, y la otra siendo soplada. Suponga como noticia indubitable, que allí incontinenti y en la misma Iglesia, al baxar la escalera del púlpito, huvieron de sofocar á Fray Gerundio á puros abrazos, y que, ántes de llegar á la sacristía, pensó ser ahogado en lágrimas y en mocos de las Tias que se atropellaban por avalanzarse á él, haviendo corrido respectivamente la misma fortuna Anton Zotes y la dichosíssima Catanla Rebollo su consorte. Finalmente, dé por assentado lo que assegura un Autor fidedigno y sincero, conviene á saber, que el mismo Licenciado Quixano, no embargante de estar revestido con las vestiduras sacerdotales, ni acordándose siquiera de que estaba celebrando el santo sacrificio de la missa, se mantuvo sentado en la silla, hasta que su ahijado passó por el Presbyterio para entrarse en la sacristía; y entónces, sin poderse contener, se arrojó á él, dióle un estrechíssimo abrazo y, vuelto al altar, apénas pudo entonar el Credo por las lágrymas que derramaba de puro gozo y ternura; demostracion que no se hallará semejante en toda la Historia eclesiástica, aunque sea en la del mismíssimo Elias Du Pin, Autor diligentíssimo en recoger todas las noticias apócriphas y ridículas, que podian hacer despreciables las mas sagradas, augustas y venerables ceremonias de la santa Iglesia.

22. Salió nuestro Fray Gerundio de la de Campazas lo mejor que pudo, y no le costó poco trabajo; porque es tradicion, que apénas le dexaron poner los piés en el suelo, hasta que llegó á su casa, llevándole en el aire los innumerables que concurrieron á congratularle y se incorporaron despues en la comitiva, que se compuso de casi todo el inmenso gentío que havia acudido á la fiesta. Parécenos, que no es necessario decir los parabienes, los plácemes, las enhorabuenas que allí se repitieron, unos ensalzando al Predicador, otros congratulando á sus Padres; estos complaciéndose con Fray Blas, que recivia las enhorabuenas en nombre de su Religion, aunque aplicándose á sí la mayor parte de ellas, aquellos clamando á voz en grito, «que era dichoso el lugar que havia merecido ser patria de tal hijo»; y finalmente, gritando todos á una voz, «que Fray Gerundio era de presente la honra, y havia de ser con el tiempo la immortal memoria de su siglo». Cosas tan comunes y regulares, no es razon que los Historiadores gasten el tiempo en referirlas, porque los Lectores las deben dar por supuestas, y mas quando á la sazon era ya la una de la tarde, estaban las mesas puestas, se passaba el asado, y los convidados tenian gana de comer.