CAPITULO V.

Dase cuenta de lo que passó en la mesa de Anton Zotes.

1. No es nuestro ánimo hacer una pomposa descripcion de la gran mesa, ni referir el órden de assientos que guardaron entre sí los convidados, ni mucho ménos dar al Lector una individual y menuda noticia de los platos que se sirvieron en ella. Sobre que podria parecer á muchos una prolixidad impertinente, no faltarian acaso algunos que la calificassen de impropria ó de muy agena de aquella magestad, que debe reinar siempre en esta gravíssima Historia, en la qual nunca pueden hacerse lugar oportuno noticias que no sean de la mayor importancia; porque, si bien no pocos Historiadores nos han dado en esto exemplos harto perniciosos, haciéndole en las suyas á cosas asaz extravagantes y ridículas, como el que se paró muy de propósito á tomar la medida á las bragas de Calígula, haciendo una pintura de su corte y previniendo con toda seriedad que se las atacaba con agujetas, y no con botones ni corchetes, que era lo mas regular en aquel tiempo; y el otro que, refiriendo aquel caso (cierto ó dudoso), quando el Rey Don Pedro el Cruel se arrojó con la espada desnuda al rio Guadalquivir para matar al Legado del Papa, que le havia excomulgado desde un barco que estaba prevenido, y este se escapó á fuerza de remo; con cuya ocasion el bueno del Historiador se entretiene muy despacio en medir los piés que tenia el barco de largo, los que constaba de ancho, quantos eran los remeros, de qué iban vestidos, sin omitir el color de las berritinas y con la advertencia de que llevaban bordado de realze en ellas el escudo ó las armas de Don Enrique Conde de Trastamara, hermano y competidor de Don Pedro. Digo que estas y otras menudencias, que nos refieren los Historiadores, son de aquellos exemplos mas admirables que imitables, y que á nosotros nos ha parecido mas conveniente respetar con una profunda veneracion, que empeñarnos en seguirles.

2. Fuera de que, haviendo hecho ya una puntual descripcion topográphica de la casa de Anton Zotes á la misma entrada de esta nuestra verídica Historia, con su figura, dimensiones y repartimientos, le será fácil comprender á qualquiera Lector, (por escasa que sea la sagacidad de que le haya dotado el cielo,) que dentro de la casa no era fácil encontrar pieza cubierta capaz y proporcionada para tantos convidados; porque la panera, que era la única que havia, estaba ya legítimamente empleada en otro necessario destino, como lo dexamos advertido en el capítulo tercero de esta segunda parte; y, aunque huvo votos de que se desocupasse el pajar para poner en él las mesas, no lo consintió la discrecion del Mayordomo: lo primero, porque era lugar indecente; lo segundo, porque dar de comer á los convidados donde estaba la despensa de lo que havian de comer las bestias, podia parecer pulla y era dar assunto para que se sacassen coplillas y cantares; lo tercero, porque donde se havia de echar la paja? lo quarto, porque todo el techo estaba entoldado de telarañas; y lo quinto, finalmente, porque no havia otra entrada para el pajar que el boqueron por donde se arrojaba la paja, desde el qual hasta el pavimento havia mas de seis varas.

3. «Essa última enfecultad, dixo un compadre de Anton Zotes, que assistia á la consulta, no me hace nenguna fuerza; porque con baxar los Señores por la escalera de mano por donde baxan los mozos, quando el pajar llega á las escurriduras, estaba todo acabado.» — «Y como se havia de servir la comida?» replicó el Tio Anton. — «Como? respondió el compadre; subiendo y baxando los servidores: y si no, con una estratagema sótil que ahora me incurre. Havia mas de que estiviessen dos mozos enriba del boqueron con dos erradas atadas á sus dos sogas, y que por ellas subiessen y baxassen los pratos, que havian de recevir ó enviar las mozas que estiviessen en baxo? Compadre, esta enfecultad no vale nada: para las otras sí que no topo absolucion.»

4. Por todo lo qual es mas verisímil, que las mesas se dispusiessen debaxo de aquel cobertizo que estaba delante de la primera puerta interior de la casa, en frente por frente de la que caía á la calle, del qual dimos puntual y exacta noticia en el capítulo primero del libro primero pagª. mihi 3 de esta circunstanciada Historia; y mas haviendo para esso la congruencia de estar muy inmediata la cocina, cosa que conduce mucho para que los platos salgan calientes á la mesa, como lo notó sabiamente Monsieur Ferneyer, primer Cocinero de su Alteza Real el Señor Duque de Orleans, en su docto tratado de el Cocinero á la moda, capítulo segundo: del sitio donde se debe colocar la cocina, ibi; il faut mettre la cuisine le plus proche qui sera possible de la chambre à manger, par la raison que les viandes façonnées soyent mises dans la table avec le tempérament qu’il leur faut: palabras dignas de eternizarse en la memoria de todos y que nos ha parecido conveniente traducir con la mayor fidelidad, para que no se priven de ellas los que tienen la desgracia de ignorar la lengua francesa. «Conviene, dice el docto Autor, que se fabrique la cocina lo mas cerca que sea possible del quarto donde se come; y es la razon, porque assí los platos saldrán á la mesa con el temperamento con que deben salir»; esto es, (añade en su erudita nota el anónymo Escoliador,) «ni mas frios ni mas calientes de lo que conviene.»

5. Por lo que toca al órden de assientos, es natural que huviesse ocupado el primero en cabecera de mesa el Señor Magistral, como persona mas digna, teniendo á sus dos lados al Padre Vicario de las Monjas y al Canónigo Don Basilio, el qual quiso absolutamente que Fray Gerundio se sentasse junto á él; pues, aunque por ser tan de casa le tocaba ocupar los últimos assientos, y él por su modestia assí lo pretendió, pero por novio (digámoslo de esta manera) convinieron todos en que le correspondia sentarse de los primeros, y aún añadieron mas, que su madre la Tia Catanla debia sentarse junto al hijo, para que comiesse con mas gusto, y la buena de la Rebollo, sin hacerse de rogar, lo executó luego assí. Los demas convidados tomaron sus assientos sin preferencia personal, observando solo la de los estados, porque assí lo dispuso el Familiar con mucho acierto, diciendo: «Señores, la Igresia tiene ya enregrado el cirimonial; lo que se platica en las procisiones hemos de platicar en esta mesa en gracia de Dios: primero los Flayres, dempues los Señores Curas, detras los Legos, y á la trasera de todos las mugeres, porque este ganado allá se entiende.»

6. No parece que llevó muy á bien este repartimiento el hermano Bartholo, (assí se llamaba el Donado,) por lo qual dixo al Familiar: «Hermano Sýndico, (éralo de su Convento,) si su Charidá no entiende mas de cosas de Enquisicion que de assentaderas de mesa, dígole que es un probe Menistro. La percision es percision, y la mesa es mesa, y va tanta endiferiencia de la una á la otra, como de mí al Padre Santo. Para sentarnos Flayres juntó á Flayres, estariámonos en nuestros Conventos. Lo que yo he visto siempre en mesas de respeuto, (porque, aunque probe y pecador, he comido con muchas personas que tenian Señoría,) es que las Señoras se sentaban enjunto á los Flayres, y los Flayres enjunto á las Señoras, siendo este un lobítico (levítico queria decir) muy arregrado á concencia y á razon, porque por fin y por postre todos tenemos faldas, y, como dixo el otro, la variedad es madre de la hermosura. Y, para que su Charidá lo sepa todo, huvo ocasion en que me mandaron sentar y comer junto á sí una Duquesa,...» — «Tambien yo he visto comer junto á otra, dixo el Familiar, á una negra, á un enano y á una mona.» Iba á proseguir; pero un Religioso de la misma Orden y del mismo Convento, que havia llegado aquella mañana, le atajó diciendo: «Hermano Sýndico, no haga caso de esse simple, pues ya le conoce: como no ha dicho missa, ni comulgado, harto será que esté en ayuno natural. Lo dispuesto está bien dispuesto, y lo contrario ni es modestia ni aún decencia religiosa. Si el Derecho canónico encarga severamente, no solo á los Religiosos, sino aún á los mismos Clérigos seculares, que huyan, en quanto les sea possible, de los públicos convites: convivia publica fugiant; qué parecerá un Religioso en un convite público, sentado entre dos mugeres, ó una muger entre dos Religiosos?» No se atrevió á replicar el hermano Bartholo, y todos tomaron sus assientos segun la prudente disposicion del sesudo Familiar.

7. Dióse principio á la comida, segun la loable costumbre de Cámpos en mesas de Mayordomía, con un plato de chanfaina: huvo su cordero asado, sus conejos, su salpicon, su olla de vaca, carnero, cecina, chorizos y jamon, todo en abundancia, sirviéndose por postres aceitunas, pimientos y queso de la tierra, suponiéndose que no solo andaba rodando por las mesas el vino del Páramo, sino que el de la Nava hizo rodar por aquellos suelos al cabo de la comida á mas de dos convidados. No fué de este número el hermano Bartholo, porque no llegó á tanto la virtud del específico; pero á lo ménos al quarto trago (que hay opiniones se completó al acabar el plato de chanfaina,) no pudo llevar en paciencia tanta gravedad, mesura y silencio, como se observaba en la mesa, sin hacerse cargo de que assí comienzan por lo regular todos los convites que acaban en bulla, algazara y aún locura, segun aquel apophtegma: primero, silentium; secundo, stridor dentium; tertio, rumor gentium; quarto, vociferatio amentium. Pero, como el Donado no entendia latin, no le paró perjuicio la ignorancia de esta sentencia; y, queriendo desde luego alegrar la funcion, tomó en la mano un vaso de buen portante, encaró con la Tia Catanla, y, diciendo en alta voz Bomba![16] para llamar el silencio y la atencion, rompió en esta disparatadíssima décima, que assí la llamó él:

O tú, Catanla Rebollo,