17. — «En esso vamos conformes,» interrumpió el Padre Vicario; y es que él tenia una voz sonora, grata y medianamente corpulenta. «No lo estamos tanto en el dictámen sobre essa obrita del Padre Gisbert, que tengo en mi celda y he leído con bastante cuidado; pues, aunque vuestra Merced la ha notado algunos defectillos, veniales á la verdad, pero en el fondo se conoce que la aprecia. Ha leído vuestra Merced los reparos críticos de Monsieur L’Enfant sobre essa obra?» — «Sí, Padre Reverendíssimo, porque están al fin de la segunda edicion, que es la que yo tengo.» — «Y qué le parece á vuestra Merced de ellos?» preguntó el Padre Vicario. — «Padre Maestro, respondió Don Basilio, un triste Canónigo de capa y espada, como yo soy, no puede dar parecer en estas materias. Pero, pues vuestra Reverendíssima desea saber lo que siento, valga lo que valiere, digo que, fuera de las notas que le pone (y á mí me parecen justas) sobre la falta de méthodo, la repeticion y la prolixidad de los lugares que extracta de San Juan Chrisóstomo, casi todos los demas reparos de Monsieur L’Enfant son fútiles, ridículos y pueriles; y en fin, pidiendo primero licencia para usar de este equivoquillo, reparos propriamente de niños, que esso quiere decir l’enfant en nuestra lengua.»
18. «Pues qué! replicó el Vicario, pueril llama vuestra Merced al primer reparo, que pone sobre lo que dice en el prólogo el Padre Gisbert, que la hermosura del discurso suple la falta de la brevedad? Y añade el crítico, que aquí hay oscuridad y algun sentido equívoco, pues se quiere decir que lo hermoso del discurso excusa lo prolixo. Este reparo me parece justo y sólido.»
19. — «Lo que es no entenderlo! respondió el Canónigo; pues á mi me parecia que era insulso, fútil y sin razon alguna; porque no comprendia yo, que entre estas dos cláusulas la hermosura de un razonamiento suple la falta de la brevedad; la hermosura de un discurso excusa la prolixidad huviesse otra diferencia que la de decir una misma cosa con mas ó con ménos palabras; pero que en lo demas ambas proposiciones eran igualmente claras y perceptibles. Mas las superiores luces de vuestra Reverendíssima descubren lo que no vemos los que las logramos mas escasas.»
20. — «Pues la segunda nota de Monsieur L’Enfant sobre el prólogo, dixo el Padre Vicario, aún es mas substancial que la primera, y no sé qué se pueda replicar á ella. Para excusar el Padre Gisbert la prolixidad de los exemplos que propone, dice que en esso no hizo mas que imitar á San Agustin, y añade oportunamente el discreto crítico: Si el méthodo es malo, no le autoriza el exemplo del Santo; fuera de que San Agustin no es tan prolixo ni con mucho en sus citas, como lo es el Padre Gisbert en las que hace de San Juan Chrisóstomo. Tratará vuestra Merced de pueril este reparo?»
21. — «Yo me guardaré bien de esso, respondió el Canónigo; porque, aunque es verdad que á nosotros los Eclesiásticos legos nos disuena mucho esto de hablar con ménos respeto de los Santos Padres, y mas de un Padre tan sabio, tan ingenioso y tan crítico en todo como dicen que fué San Agustin; pero esso nacerá sin duda de que nosotros no lo somos: por esso nos escandaliza oir que, quando las cosas son malas, el exemplo de los Santos Padres no las autoriza; porque nos parecia á nosotros que, una vez que las autorizasse el exemplo de los Santos Padres, debiamos de creer que no eran malas. Por lo que toca á si son ó no son largas las citas de San Agustin, como los exemplos que copia el Padre Gisbert de San Juan Chrisóstomo, yo no puedo hablar con conocimiento de causa, porque confiesso que solo he leído por el forro las obras de San Agustin en la librería del Señor Magistral; pero, como el Padre Gisbert assegura que San Agustin traslada lugares muy considerablemente largos de los Prophetas, de San Pablo y de San Cypriano en su libro ó Tratado De la Doctrina Christiana, paréceme que debemos creerle sin escrúpulo, porque no tiene traza de hombre que habla á bulto, ni de quien cita en falso.»
22. «Pero demos de barato que las citas del Santo huviessen sido mas breves ó mas cortas; acá á mi modo de concebir me parece, que no hace fuerza el cotejo, siendo muy clara la disparidad. San Agustin, en el libro De la Doctrina Christiana, no toma por assunto el instruir á un Predicador en el modo de predicar, sino imbuírle en los dogmas ó doctrina de la Religion que debe de enseñar, y para esto no era menester copiar passages largos de los Padres anteriores al Santo Doctor. Por el contrario, todo el empeño y todo el assunto del Padre Gisbert es instruir á un Orador Christiano en el méthodo y en el modo con que ha de disponer sus sermones; y para esto era al parecer indispensable hacer un poco largos los exemplares que se proponen para la imitacion; porque, como dice el mismo Padre, si no se da á estos modelos de el buen gusto una cierta proporcionada extension, es impossible sentir ó reconocer en ellos perfectamente la práctica de las reglas. Es verdad, como signifiqué al principio, que aún para este fin me parecen un poco prolixos algunos passages de San Juan Chrisóstomo, que copia el Padre Gisbert; pero yo soy un pobre Canónigo en romance, y debo someter mis bachillerías al superior dictámen de vuestra Reverendíssima, á quien suplico se sirva decirme qué hombre fué esse Monsieur L’Enfant, cuyas notas han tenido la fortuna de agradarle tanto.»
23. — «Señor Don Basilio, respondió el Padre Vicario, confiesso que no lo sé, ni me he metido en averiguarlo; porque, quando leo un libro, me importa poco saber la vida y milagros del Autor: si me gusta, le acabo y le celebro; y si me enfada, le cierro y le arrimo, sin meterme en mas honduras ni averiguaciones.»
24. — «Hay cosa! replicó el Canónigo; pues yo estaba en el errado concepto de que, para hacer juicio de una obra, especialmente crítica y en materia que se roza con la Religion, convenia mucho saber, por lo ménos en general, los estudios, las circunstancias, y especialmente la profession ó la religion del Autor. Confiesso que, haviendo observado en las notas de Monsieur L’Enfant el empeño en critiquizar, morder y censurar los lugares que traslada el Padre Gisbert, (porque, en suma, á esto se reducen sus principales notas, ó á lo ménos aquellas que no son sobre puras fruslerías,) y haviendo reparado que, desde la misma carta que sirve de prólogo á la obrilla, muestra su poca inclinacion á este célebre Padre de la Iglesia, quando dice que, aunque él es uno de los que mas admiran su eloquencia y su genio, con todo esso no quisiera proponerle hoy por modelo sin muchos correctivos, confiesso que todo esto me hizo entrar de mala fé con este Monsieur, y me dió fiera tentacion de averiguar qué personage era.»
25. «Tuve bien poco que hacer en conseguirlo; porque, como soy uno de aquellos eruditos de repente y haraganes de la moda, que quieren saber mucho á poca costa y hablar en todas materias sin comprehender ninguna, en saliendo algun Diccionario, Compendio, Epítome, Synópsis, ó cosa que lo valga, luego escrivo á mi corresponsal de Madrid para que le haga venir á mi librería romancista. En ella tengo el Diccionario Histórico, abreviado, de Moreri, escrito en francés por el Abad Ladvocat y traducido harto fielmente en castellano por Don Agustin de Ibarra, Clérigo laborioso y aplicado. En él se dice, que Jacobo L’Enfant fué un famoso Theólogo é Histórico de la Religion Protestante, que dexó un gran número de obras y murió paralýtico el año de 1728; por señas, ántes que se me olvide, que se assegura nació en Bazoche en el Bauce, provincia que no se sabe donde cae, pues solo se tiene noticia del Bausès ó Beauzès, baxo y mediano, que comprende el país de Chartres y el de Vandoma; pero esto importa un bledo. Lo que á mi ver importa mas, es que, haviendo sido Monsieur L’Enfant un Protestante tan famoso como arrabiado, parece que se deben leer con alguna desconfianza sus notas sobre la obra de un Jesuíta, y mas sobre tal obra.»
26. — «Pues qué, replicó el Padre Vicario, no sin algun desden, es vuestra Merced de aquellos entendimientos vulgares, que juzgan no puede escrivir con acierto un Herege en ninguna materia?» — «No, Padre Reverendíssimo, respondió el Canónigo, no soy tan lego como todo esso: sé muy bien que entre ellos ha havido Autores eminentes en algunas facultades; sé muy bien, (porque al fin ya llegué á estudiar las Súmulas,) que no vale esta consequencia: es Herege, luego no sabe lo que se dice, ni lo que se escrive; sé tambien que, assí como hay cierta especie de locos que solamente desvarían en determinadas materias, assí hay muchas classes de entendimientos que solamente desbarran en assuntos determinados. Pero al mismo tiempo estoy persuadido á que por esta última razon debemos leer siempre con mucha cautela y desconfianza aquellas obras de los Hereges, que directa ó indirectamente tratan de puntos de Religion, quales son sin duda las que hacen crítica de los Santos Padres, cuya veneracion y concepto procuran ellos disminuir por todos caminos. Por otra parte, siendo tan notoria la inquina que los Hereges professan á las Religiones, especialmente á los Jesuítas, paréceme que, quando aquellos escriven contra estos, pide la equidad que se las lea con un poquillo de precaucion, porque son parte apassionada.»