27.[18] El Donado, á quien se le secaba la boca con tanto silencio, y no podia llevar en paciencia una conversacion mas seria de lo que él quisiera, y de la qual apénas entendia palabra, pareciéndole que havia llegado la suya, dió una gran palmada en la mesa y dixo con voz temulenta: «los Hereges son unos perros judíos: pero los Theatinos!... y no digo mas. Al fin toda es gente honrada, pero mi casa no parece.»

28. — «Calla, borracho,» le interrumpió, no sin alguna indignacion, el otro Religioso de su Convento, que, despues de un ratico de siesta, havia vuelto á la mesa y se halló á la mitad de la conversacion. «Demasiado has dicho, para conocer que has bebido demasiado. Qué quieres significar por essas palabras tan preñadas?» — «Lo que yo quiero saneficar, dixo el Donado, está bien craro; porque, si los Hereges pretenden deshonrar á los Padres de la Igresia, como esse Señor Infante lo quiere hacer con San Juan Chrystósomo, los Theatinos no tratan mejor á Santo Thomas de Enquino.» — «Botarate! cose essa boca! le replicó el Religioso, y no hables lo que no entiendes, ni eres capaz de entender. No hay Religion en la Iglesia de Dios, despues de la Dominicana, que mas se haya empeñado en ilustrar á Santo Thomas que la Compañía; ninguna que cuente tanto número de Expositores de las obras de el Santo Doctor. Si en algunos lugares aquellos le entienden assí, y estos de otra manera, lo mismo sucede en muchos textos de la Sagrada Escritura, que unos Padres los interpretan de un modo, y otros de otro muy diferente, y aún muy contrario, sin que ninguno diga por esso, que los Padres de la Iglesia no siguen la Escritura ó que tiran á discreditarla. Aún entre los mismos Autores Dominicos se dan batallas campales sobre la inteligencia de muchos lugares de Santo Thomas, y no por esso le deshonran, ántes por lo mismo le ilustran mas; pero esto no es para cabeza de bolo como la tuya.»

29. — «Cabeza de bolo ó no cabeza de bolo, replicó el Donado, hasta ahora no he uído, que ningun Padre Santo huviesse llamado á la Religion de los Theatinos Religion de la verdá, como se la llamó á la Religion de Santo Domingo un Padre Santo de Roma.» — «Tampoco se la ha llamado, replicó el Religioso, á la Religion de San Francisco, ni á la de San Benito, ni á la de San Bernardo, ni á la de San Agustin, ni á ninguna otra de las innumerables, que instituyó el mismo Dios por medio de los Santos Patriarchas para ornamento de su Iglesia. Y qué sacaremos de esso? Que todas las demas Religiones son Ordenes de la mentira, y solo la Religion de Santo Domingo es Orden de la verdad? Solo una cabeza tan burral como la tuya sacará esta consequencia.»

30. — «Aquí entro yo, dixo el Familiar, porque soy Menistro del Santo Oficio, y, si alguno dixera de qualquiera de las Religiones essa Morería ó essa Judiada, al mimento le echaba la garra y daba con él de paticas en la Enquisicion. Pero...»


CAPITULO VII.

Levántase de la siesta el Magistral, y prosigue la conversacion del Capítulo antecedente, con todo lo demas que irá saliendo.

1. A tal instante se dexó ver el Señor Magistral, despues de haver dormido una siesta muy decente. Todos se levantaron por respeto, y los mas se retiraron, unos á rezar, y otros á descabezar el sueño, entre los quales asseguran varios Autores que el hermano Bartholo era el mas necessitado. Fray Gerundio hizo tambien ademan de retirarse; pero el Magistral le detuvo, quedando solos Tio y Sobrino, Don Basilio, y el bueno del Familiar. Tomó un polvo el Magistral para despejarse, estregóse los ojos, sonóse las narices, y es fama que, encarándose con el Sobrino, le habló en esta substancia:

2. «Sin duda, Fray Gerundio, que habrás quedado muy vanaglorioso con tu desbaratado sermon. Los aplausos de los ignorantes, la gritería de essa pobre gente, el voto de la muchedumbre, y las aclamaciones de los lisongeros, si ya no han sido irónicos elogios de los zumbones ó de los malignos, te tendrán persuadido á que nos dexaste á todos assombrados. Con efecto fué assí, y dudo que algun otro lo huviesse quedado mas que yo; pero no de tu discrecion, ni de tu agudeza, ni de tu gracia, ni de tu despejo, sino de tu lastimosa ignorancia, de tu juvenil osadía, de tu raro atolondramiento, y de tu total falta de gusto y de reflexion.»

3. «Mucho me havia escrito mi amigo y tu favorecedor, el Padre Maestro Prudencio, de tu modo de predicar; algo me apuntó de las cuerdas y oportunas advertencias, que te havia hecho para que no malograsses tus talentos; no me havian dicho poco algunos, que te oyeron no sé qué plática de Disciplinantes en tu Comunidad. Todo me hizo concebir que ibas muy descaminado; pero confiesso que no juzgué, ni aún imaginé possible, que lo fuesses tanto. Desde el primer período de tu sermon me huviera salido de la Iglesia, á haverlo podido hacer sin mucha nota y sin igual tumulto ó alboroto del apiñado auditorio: este me sitió en el confessonario, que, todo el tiempo que duró el sermon, no fué para mí tribunal de la penitencia, sino exercicio de ella.»