4. «Llaméle sermon, y le dí un nombre muy improprio; porque ni fué sermon ni cosa que de mil leguas se le parezca. Es dificultoso definir lo que fué, pero veré si me puedo acercar á dar á entender lo que concibo. Fué una escoba desatada de inconnexiones; fué una tarabilla suelta de impertinencias y de extravagancias; fué un confuso hacinamiento de textos y lugares de la Sagrada Escritura, ridículamente entendidos y osadamente aplicados; fué un turbion de conceptillos superficiales, falsos, pueriles, no solo agenos de un Orador, que en todo debe buscar la verdad y la solidez, sino insufribles aún en un mediano Poeta.»
5. «Dexo á un lado el intolerable abuso, la necia costumbre y el ignorantíssimo empeño de tocar en la Salutacion aquellas que se llaman circunstancias. Sé que contra esta impertinentíssima y tontíssima costumbre te han dicho ya mas de lo que yo te puedo decir. Solo añadiré, (por si acaso no te lo han dicho,) que ya está únicamente reducida al ínfimo vulgo de los Predicadores, y que solo se oye celebrada por las heces mas despreciables de los auditorios. Tú no te contentaste con tocar las mas comunes, que suelen repiquetear otros Oradores de tu estofa; descendiste hasta las mas menudas y ridículas, para que llegasse hasta donde podia llegar tu extravagancia: te hiciste cargo de tu Padre, de tu Madre, de tu Padrino, de los cohetes, de las hogueras, del Auto sacramental, de los novillos, de los danzantes, de sus melenas, y en fin, por no dexar ninguna impertinencia en el tintero, hiciste circunstancia hasta de la gaita gallega. No es menester mas que referirlo sencillamente para conocer, para palpar la suma ridiculez. Tus mismos colores están ahora acreditando la vergüenza que te causa solo el oírlo; pues, como tuviste valor para practicarlo? y, lo que es mas,[19] como pudiste aplicar á cosas tan baxas los sagrados textos?»
6. «Pero como? Como lo han hecho hasta aquí todos quantos te precedieron, y como no puede dexar de suceder, porque no hay otro arbitrio ni otro medio: violentando textos, desquartizando lugares, arrastrando y aún tal vez fingiendo exóticas exposiciones, ó construyendo las palabras de la Escritura con tanta materialidad como pudiera el mas zafio Sayagués ó el mas rústico Batueco.»
7. «Porque fué este el primer sermon que has predicado, traxiste aquellas palabras de San Lúcas, con que da principio á los hechos de los Apóstoles: primum quidem sermonem feci, o Theophile, sin hacerte cargo, lo primero, de que el Evangelista no trata allí de sermones, sino del Evangelio que havia escrito, como él mismo lo dice expressamente: primum quidem sermonem feci de omnibus, o Theophile, quæ cœpit Jesus facere et docere, usque in diem etc.; lo segundo, que, aunque hablara de sermones, diria todo lo contrario de lo que tú pretendias; porque no afirmaba que era aquel el primer sermon que predicaba, ántes suponia que havia predicado otro ú otros, pues decia: el primer sermon que prediqué etc. primum quidem sermonem feci. Pero no, Señor; tú leíste que el Evangelista hablaba de primer sermon, y sin mas ni mas, entendiendo materialíssimamente sus palabras, te pareció que venian muy al intento del primer sermon que predicabas, sin reflexionar que, una vez tolerada este grosseríssimo modo de traher las palabras de la Escritura, no hay absurdo que no se pueda confirmar con ellas.»
8. «De la misma manera, y aún mucho peor si es possible, aplicaste los demas textos á tus extravagantíssimas idéas. Seria cosa interminable si quisiera detenerme en recorrerlos todos en particular, y por esso bastará traherte ligeramente á la memoria los mas estrafalarios. El cotejo que hiciste del retiro de Christo al desierto con el tuyo á la Religion, dexó de ser atrevido por passar á ser sacrílego; y la disyuntiva que añadiste de que, bautizado Jesus, se retiró al desierto ó el Diablo le llevó á él, fué un arrojo que quiso parecer gracia, y vino á parar en una blasphemia. Alucináronte á tí, como á otros muchos, aquellas palabras de que ductus est ab spiritu, sin advertir que no fué el espíritu maligno, sino el Espíritu Santo, el que le conduxo al retiro, como lo sienten los Padres Santos, y es casi evidente en el contexto de la letra. Pero á tí te hacia al caso esta exposicion, porque te abria camino para la otra chocarrería, de que te retiraste al desierto de la Religion, si ya el Diablo no te llevó á ella. Chufleta escandalosa, en que no es fácil decidir, si sobresale mas la impiedad ó el descontento que muestras con tu religioso estado.»
9. «No ignoro lo que enseña Santo Thomas, hablando de la docilidad con que debemos abrazar los consejos que son buenos, aunque las costumbres y la intencion del que los da sean perversas. Bien sé que dice el Santo que, aunque constara que era el Diablo el que te aconsejaba que entrasses en Religion, debieras seguir su consejo; porque, suponiendo que su intencion siempre seria torcida, podrias enderezarla ázia tu mayor provecho, segun aquello de salutem ex inimicis nostris; pero el angélico Doctor habla hypotética, no categóricamente. Discurre en la suposicion de que esto sea possible, no supone que lo sea, ni mucho ménos lo da por hecho.»
10. «Las locuras, que ensartaste para hacer lugar en la Salutacion á tu Padrino el Licenciado Quixano, debieran conducirte á la Inquisicion, si ellas mismas no acreditaran que competia su juício á la casa de los Orates. Quanto dixiste de la quixada de asno con que Cain quitó la vida á su hermano Abel, (si es cierto que executó el fratricidio con este instrumento,) quanto disparataste sobre la famosa quixada de Sanson, y quantas boberías historiales fingiste sobre las armas de los Quixanos y de los Quixadas, familias á qual mas ilustres en el Reino de Leon, te harian reo de dos gravíssimos delitos, si no los disculpara tu sandez, ignorancia y bobería. Los esclarecidos individuos de una y otra nobilíssima familia se reirán de tu necedad, ó se compadecerán de tu desbarato, y nunca tendrán por assunto digno de su quexa que un simple como tú forge despropósitos, que no son capaces de obscurecer su esplendor.»
11. «Si vuelvo los ojos al estrafalario assunto que tomaste, apénas hallo términos para explicar lo que concibo: Campazas es el solar de la Eucharistía, y assí, ó no hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. A quien sino á tí pudo venir al pensamiento tan furioso desatino? Puedo preguntarte lo que un Duque de Toscana preguntó á cierto Poeta, que le presentó un poema con grande satisfaccion de que le havia de assombrar, y con no menor confianza de que se lo havia de pagar bien: Dicami per Dio, dove pigliò questo acervo di pazzie e questa farragine di minchionerie? Dígame por Dios, donde encontró este monton de necedades y este fárrago de despropósitos y de boberías.»
12. «A un assunto tan exótico precisamente havian de corresponder unas pruebas tan exóticas como él; porque una proposicion extravagante no se puede confirmar con razones que no lo sean. Es Campazas el solar de la Eucharistía, porque la materia remota de este Sacramento es el pan y el vino, que nacen en los campos, de donde se deriva el nombre de Campazas? Por essa regla el Sacramento de la Eucharistía será originario de toda tierra de pan y vino llevar; y no tendrá mas derecho Campazas á ser la alcurnia de este augusto Sacramento, que Campomayor, Campoverde, Camposanto, Campo del Villar, y, en fin, toda tierra y lugar de Campos que tenga este nombre por delante ó por detras, como Medina del Campo, Villanueva del Campo, Morales de Cámpos, etc. Por el mismo principio, el solar de la Extrema Uncion será todo país donde haya aceite; el del Bautismo, donde haya agua; y el de la Penitencia, todo el mundo, porque en todo él se usan pecados, que son su materia remota.»
13. «De el mismo calibre es el otro despropósito, conviene á saber que ó hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. Qué quisiste decir con esto? Que la fé de la Iglesia Cathólica dependia de que huviesse Sacramento en Campazas? Terrible locura! Tanto depende la fé de la Iglesia Cathólica de que haya ó no haya Sacramento en Campazas, como de que le haya ó le dexe de haver en Londres ni en Constantinopla. No te tengo por tan mentecato como todo esso; quisiste sin duda significar, (pareciéndote que decias una gran cosa,) que, si no era verdad que havia Sacramento en Campazas, puesta allí la materia y la forma por Ministro competente y con la debida intencion, tampoco era verdad que le havia en Roma ni en parte alguna de la Iglesia de Dios. Pero vén acá, simple; no conoces que essa es una insulsíssima perogrullada, y que lo mismo se puede decir de la mas infeliz alquería donde entre el divino Sacramento? Salvo que seas tan páparo como el otro charro que, haviendo visto los magníficos monumentos de Sevilla, dixo muy satisfecho: los munimentos buenos son; pero Sacramento como el de mi lugar no le hay en todo el mundo.»