24. «Mereceránle los otros que, por el lado contrario, rebentando de Theólogos y regoldando á Escolásticos, suben al púlpito como pudieran á la cáthedra, y hacen una leccion de oposicion en lugar de sermon, con sus sentencias, con sus pruebas, con sus argumentos; confundiendo en los mysterios lo que es de fé con lo que no lo es, lo cierto con lo dudoso, lo infalible con lo opinable, sin advertir que al pueblo no se le ha de proponer el como, sino el qué, ni en los sermones se debe hacer lugar á puntos contenciosos, sino á los indubitables, segun aquella gran máxima del Apóstol: Mis sermones son fieles y verdaderos, porque en ellos no se tratan materias que estén sugetas á opiniones de sí y de no: Fidelis Deus, quia sermo noster, qui fuit apud vos, non est in illo est et non est?»
25. «Mereceránle aquellos Predicadores inconsiderados, indignos de que se les permita exercitar el sagrado ministerio, que para explicar los mysterios mas venerables se valen de las idéas mas ridículas, como aquel que, predicando al Sacramento en la domínica infra-octava del Córpus, con el Evangelio de la Cena magna, tuvo osadía para tomar por assunto, que el Sacramento era la Cena sin sol, sin luz y sin moscas, que no sé como no le llevaron á la Casa de la Misericordia, ya que por insensato le perdonasse el Santo Tribunal? Y el otro que, predicando al mismo mysterio, porque el Mayordomo se llamaba Fulano Maestro, y la Mayordoma Citana Largo, escogió por idéa de su sermon, que Christo en el Sacramento era el Maestro Largo: puerilidad (por no decir otra cosa peor,) que debiera ser castigada con quitarle las licencias de predicar in perpetuum.»
26. «Estos, son Theólogos ó Predicadores, ó no son sino Orates mal dissimulados, y mucho peor consentidos? Sin ser Theólogo es impossible pintar el vicio con aquellos colores vivos y proprios que le hagan aborrecible; porque no se puede conocer su naturaleza, su essencia, sus propriedades, sus diferencias, su deformidad, sus resultas, sus efectos y sus consequencias. Sin ser Theólogo no es possible descrivir la virtud de modo que enamore, que hechice, que mueva á abrazarse y practicarse, atreviéndome á decir, que el que no se huviere hecho dueño del excelente Tratado, de Santo Thomas, sobre las virtudes y los vicios, apénas sabrá pintar la hermosura de aquellas ni la fealdad de estos con los colores vivos y naturales que les corresponden.»
27. «Sin ser Theólogo ninguno podrá explicar acertadamente un solo precepto del Decálogo, porque no sabrá determinar su extension ni sus obligaciones, y confundirá lo que es de perfeccion ó de puro consejo con lo que es de necessidad y de precepto. Expondráse á dar tantos tropiezos como passos, ó extendiendo sus límites mas de lo justo ó estrechándolos mas de lo conveniente; unas veces imponiendo á las almas cargas que no deben llevar; otras, exonerándolas temerariamente de las que tienen obligacion á sufrir; y siempre incurriendo en la terrible amenaza que fulmina Dios contra aquellos, que por su antojo ó por su ignorancia aumentan ó disminuyen á lo que está escrito en el libro de la Ley: Si quis apposuerit ad hæc, et si quis diminuerit de verbis libri, auferet Deus partem ejus de libro vitæ.»
28. «De aquí podrás inferir, quanto desbarran en el verdadero concepto que debieran formar de la Oratoria christiana aquellos Predicadores inconsiderados y aturdidos que, para excusar ciertas proposiciones arrojadas, temerarias, hyperbólicas, ó ciertos conceptillos que llaman predicables, sútiles y delicados en la apariencia, pero falsos y sin substancia en la realidad, responden con grande satisfaccion que hablaron more concionatorio, et non scholastico, como Predicadores y no como Theólogos; añadiendo, como por chiste y por gracejo, que el púlpito no tiene poste,[21] esto es, que no se arguye ni se replica contra lo que se dice en el púlpito.»
29. «Si les parece que responden algo, tengan entendido que no pueden echar mano de despropósito mayor. Quien les ha dicho que la cáthedra del Espíritu Santo pide ménos peso, ménos solidez, ménos miramiento, que la de la Universidad? Quien les ha dicho que las proposiciones, que se harian risibles en el aula, pueden jamas ser tolerables en el púlpito? En aquella se examina su verdad con el mayor rigor, para que pueda despues exponerse en este con la mas segura certidumbre. Es cierto que el púlpito no tiene poste, que no se arguye ni se replica contra lo que se dice en él; pero por qué? Porque nada se debe decir en el púlpito que admita réplica, disputa ni argumento.»
30. «Pero, quando insisto tanto en que no es possible que sea buen Predicador el que no fuere buen Theólogo, no pretendo que suba el Predicador al púlpito á hacer vana ostentacion de que lo es: dicen los Theólogos; saben los Theólogos; ya me entiende el Theólogo; vaya esto para el Theólogo, etc.; cosa ridícula, vanidad pueril, que hace despreciable al que la usa para todo hombre de juício que le oye. Si no se conoce que eres Theólogo sin que tú lo digas, solo un pobre mentecato creerá que lo eres sobre tu palabra. Essos regüeldos podrán alucinar á los páparos, pero causan bascas á todo hombre advertido y de razon. En el púlpito no se trata de lo que sabe el Theólogo, sino de lo que todos deben saber; y, siempre que dices algo que no vaya igualmente para la vejezuela mas simple que para el Theólogo mas perspicaz, por rebentar de Theólogo dexaste de ser Predicador.»
31. «Supuesto que es tan necessaria la theología, la philosophía ó la dialéctica para la oratoria, tú, que no eres Dialéctico ni Philósopho ni Theólogo, como has de predicar? Tú, que no has visto los Concilios, los Padres y los Expositores, sino que sea por el forro, (y aunque los vieras por adentro, seguramente no los entenderias,) como has de predicar? Tú, que ni de los mysterios ni de los preceptos del Decálogo, ni de los de la Santa Madre Iglesia, ni de los vicios ni de las virtudes, sabes mas que lo que enseña el Catecismo, como has de predicar? Dirás que leyendo buenos sermonarios. Y como has de saber quales son buenos y quales son péssimos; quales se deben imitar y quales abominar de ellos, especialmente quando entre tanta peste de estos escritos como tenemos en España, apénas hay dos ó tres Autores que puedan servir de modelo? Responderás que oyendo á buenos Predicadores. Y donde has de ir á buscarlos? te parece que hay tanta abundancia de ellos en este siglo? No obstante, ya algunos van abriendo los ojos y procuran tambien abrírselos á otros: ya van entrando por el camino derecho y solicitan con glorioso empeño, que otros entren igualmente por él; ya se oyen en España algunos Predicadores, (no son muchos por nuestros pecados,) que se oirian sin vergüenza, y acaso con envidia, en Versalles y en Paris. Pero por donde has de saber discernirlos tú, ni mucho ménos tomarlos el gusto? Tú, que en todo le tienes tan perverso, que á guisa de escarabajo racional te tiras siempre á lo peor de lo peor; tú que, á lo que infiero del disparatado sermon que acabo de oírte, tanto te has pagado de un maldito Florilegio, que anda por ahí para vergüenza immortal de nuestra nacion y para que se rian de ella á carcajada suelta todos aquellos que nos quieren mal; tú...»