10. — «Mi capacidad ó mis alcances, respondió el Magistral, (pues supongo que esso quiere decir vuestra Merced, quando habla de mis luces,) no obstante de ser bien limitados, me obligan á conocer que es ligereza indigna de nuestra gravedad española y desestimacion injuriosa á nuestra lengua, introducir en ella voces de que no necessita, y modos de hablar que no la hacen falta. Pero en fin, Señor Don Cárlos, dexando á cada uno que hable como mejor le pareciere, vuestra Merced no habrá comido, y ante todas cosas es menester...» — «Perdóneme vuestra Merced, Señor Magistral, interrumpió Don Cárlos, ya hice essa diligencia en un pequeño village que dista dos leguas de aquí, y assí no es menester que nadie tome la pena de incomodarse.»
11. — «Yo no sé, dixo el Familiar, que en estas cercanías, ni aún en todo el Páramo ayga algun lugar que se llame village.» Rióse Don Cárlos de la que le pareció simplicidad de aquel buen labrador, á quien no conocia, y díxole en tono algo desdeñoso: «Paisano, llámase pequeño village toda aldéa ó lugar corto.» — «Pero, Señor Don Cárlos, le replicó el Magistral, si aldéa ó lugar corto es lo mismo que village, qué gracia particular tiene el village para que le demos naturaleza en nuestra lengua?»
12. — «Oh, Señor Magistral! respondió Don Cárlos, vuestra Merced es diablamente Castellano, y el aire en que le veo tampoco dará quartel á libertinage, por dissolucion; á libertino, por dissoluto; á pavis, por pavimiento; á satisfacciones, por gustos; á sentimientos, por dictámenes, máximas ó principios; á moral evangélica, por doctrina del Evangelio; á no merece la pena, por es digno de desprecio; á acusar el recivo de una carta, por avisar que se recivió; á cantar, tocar, bailar á la perfeccion, por cantar, tocar, bailar con primor; á exercitar el ministerio de la palabra de Dios, por predicar; á darse la pena, por tomarse el trabajo; á bellas letras, por letras humanas; á nada de nuevo ocurre en el dia, en lugar de por ahora no ocurre novedad; á...»
13. — «Tenga vuestra Merced, Señor Don Cárlos, le interrumpió el Magistral, no se canse vuestra Merced mas, que seria interminable la enumeracion, si se empeñara vuestra Merced en reconvenirme con todas las frases, voces y modos de hablar afrancesados, que se han introducido de poco tiempo á esta parte en nuestra lengua, y cada dia se van introduciendo, con mucha vanidad de los extrangeros y con no poco dolor de todo buen Español de juício y de meollo. Dígole á vuestra Merced, que ni á essos ni á otros innumerables francesismos, que sin qué ni para qué se nos han metido de contrabando á desfigurar nuestra lengua, daré jamas quartel ni en mis conversaciones ni en mis escritos.»
14. — «Pues, poca fortuna hará vuestra Merced en la Corte, respondió Don Cárlos, y presto seria vuestra Merced el juguete de las oficinas y de los tocadores, si se fuera allá con essos sentimientos.» — «Por lo que mira á los tocadores, dixo el Magistral, passe, y convengo en que en los mas seria mal recivido. Donde se habla tanto de peti-bonets, surtús y ropas de chambre, no puede esperar buena acogida el que llama cofias, sobretodos y batas á todos essos muebles; pero en las oficinas no seria tan mal recivido como á vuestra Merced le parece, porque en ellas hay de todo. Es cierto, que se encuentra tal qual de aquellos iniciados en la política, quiero decir de aquellos covachuelistas, aprendices ó de primera tonsura, que...
anno non amplius uno
et minimo sudore et amico abdomine salvo,
solo porque leyeron las obras de Feijoó, los libros de Ciencia de Corte, el Espectáculo de la Naturaleza, la Historia del pueblo de Dios, y algunos otros pocos de los que hoy son mas de moda, no solo se juzgan capaces de hablar con resolucion y con desenfado en todas las materias, sino que se imaginan con bastante autoridad para introducirnos aquellas voces extrangeras, que suenan mejor á sus mal templados oídos; y, aunque las tengamos acá igualmente significativas, no hay que esperar se valgan de ellas, ni aún se dignen solamente de mirarlas á la cara.»
15. «Estos, si escriven una carta gratulatoria, no dirán: Doy á vuestra Merced mil enhorabuenas por el nuevo empléo que ha merecido á la piedad del Rey, aunque los saquen un ojo; sino: Felicito á vuestra Merced por el justo honor con que el Rey ha premiado su distinguido mérito. Si quieren expressar su complacencia á un amigo por algun feliz sucesso, no tema vuestra Merced que le digan pura y castellanamente: Complázcome tanto en los gustos de vuestra Merced como en los mios proprios; es menester afrancesar mas la frase y decir: No hay en el mundo quien se interesse mas que yo en todas las satisfacciones de vuestra Merced: ellas tienen en mi estimacion el mismo lugar que las mias. Escrivir ó decir á uno sencillamente: Mande vuestra Merced, que le serviré en quanto pudiere, lo tendrian por vulgaridad y aldeanismo; cuente vuestra Merced conmigo en todo trance, es expression que huele á Corte, y lo demas es de patanes. Esse negocio no toca á mi departamento, para explicar que no corresponde á su oficina, jamas se les olvidará. Ya está sobre el bufete, para decir que ya está puesto al despacho, es cláusula corriente; y carta he visto yo de cierto covachuelista, que decia: Essa dependencia ya está sobre el tapiz, cosa que sobresaltó mucho al sugeto interessado, porque juzgó buenamente, que por hacer burla de él le havian retratado de mamarracho en algun paño de tapicería.»
16. «Digo pues, que con estos pocos oficiales novicios de covachuela no lograria buen partido mi lenguage ramplon y ceñido escrupulosamente á las leyes de Covarruvias y á las de otros, que reconozco y venero por legítimos legisladores ó jueces de la lengua Castellana; pero esta tiene tambien otros muchos partidarios dentro de las mismas covachuelas, pudiendo assegurar que son los mas y los de mejor voto que hay en todas las oficinas. Créame vuestra Merced, que estas están llenas de hombres eruditos, cultivados y aún doctos, amantíssimos de nuestra lengua, bien instruídos de las riquezas que encierra, y muy persuadidos á que dentro de su thesoro tiene sobrados caudales para salir con lucimiento de quantas urgencias se la puedan ofrecer, á excepcion de tales quales voces facultativas y de otras pocas peculiares, que es preciso se presten unas lenguas á otras, sin que se eximan de esta necessidad las primitivas, matrices ú originales. Cónstame, que estos verdaderos Españoles gimen ocultamente de haver hallado ya entremetidas y como avecindadas en sus oficinas muchas voces, que pudieran y debieran haverse excusado, como departamento, inspeccion, aproches, glacis, bien entendido que, hacer el servicio, será responsable, inteligenciado el Rey, exigir del vasallo, y otras innumerables, pues son tantas que