3. Quando Fray Gerundio se halló con que le pedian su Plática allá de luengas tierras (pues para su geographía ocho leguas de distancia era la mitad del mundo); quando consideró, que se la pedian no ménos que para imprimirla, y se vió en vísperas de ser Autor de la noche á la mañana, y esto sobre ser hombre en cuyo elogio y aplauso in continenti se escrivian y se divulgaban sonetos, se tuvo en su corazon por el mayor Predicador que havian conocido los siglos; y no solo se confirmó en la estraphalaria idéa de predicar, que ya se havia formado, sino que con el tiempo fué salpicando todas las mas ridículas y mas extravagantes, como se verá en el discurso de esta puntual Historia.
4. Pero ves aquí que en el mismo zaguan de la segunda parte de ella, parece hemos dado un trompicon, que á buen librar harto será que escapemos sanas las narizes. Es possible, (dirá un Lector, que las tenga de podenco,) es possible que, haviendo oído la famosa Plática Anton Zotes y Catanla Rebollo, su muger; haviendo sido testigos de los aplausos y de los vítores, con que fué celebrada; haviendo visto por sus mismos ojos el prodigioso fruto que hizo, en la valentía con que arrojaron las capas los Penitentes de sangre, y en el denuedo con que manejaron unos el ramal, y otros la pelotilla; que, haviendo recivido ellos tantos plácemes, tantos parabienes, tantas bendiciones, así en la Iglesia como fuera de ella: es possible, (vuelvo á decir tercera vez,) que no tuvieron siquiera una enhorabuena que llegar á la boca para dársela á su hijo? Se hace verisímil que, ya que no fuesse aquella noche, por ser ya tarde y por dexarle descansar, á lo ménos la mañana siguiente muy de madrugada no fuessen á la Iglesia del Convento ó á la portería, y que allí Anton Zotes no diesse cien abrazos á su hijo, y la Tia Catanla no añadiesse de mas á mas otros tantos besos, aforrados en lágrimas y mocos, todos de puríssima ternura? Se hace creíble tanta sequedad y tanto despego? Y, si esto no fué assí, sino que con efecto los buenos de los padres de Fray Gerundio hicieron con su hijo todas estas demonstraciones de cariño, dándole las debidas señas de su complacencia y de su gozo, con qué conciencia passa en silencio el Historiador una circunstancia tan substancial, que tanto puede servir para el aliento, y aún para la edificacion?
5. A esto pudieramos responder muchas cosas, pero las dexamos todas por no ser prolixos.
6. Y confessando de buena fé, que todo passó assí ni mas ni ménos, añadimos en conseqüencia de la verdad y de la fidelidad que professamos, que no solamente huvo dichos mocos, lágrimas, besos y abrazos, sino que Anton Zotes, en presencia del Prelado y de otros Padres graves, que havian baxado á cortejarle á él y á su muger, dixo á Fray Gerundio: «Ya te envié á escrivir, como m’avian echado la Mayordomía del Sacramento; pero entónces no te umbié á decir que me perdicasses tú el sermon, porque, como no t’avia uído perdicar, no queria ponerme á que quedássemos envergonzados: ahora que te he uído, dígote que me l’as de perdicar, con la bendicion de su Reverencia nuestro Reverendíssimo Padre.» No pudo negarse el Prelado á concederla, aunque del escapulario adentro no le dió mucho gusto, porque como á hombre serio y de razon le havia dessazonado la Plática. Pero, qué havia de hazer en aquella coyuntura, y con unos Hermanos tan devotos de la Orden, que hacian al Convento toda la limosna que podian? Al fin sacáronlos unas tortillas, chanfaina, queso y aceitunas. Almorzaron muy bien, sirviéndolos el almuerzo de comida, y se volvieron á Campazas, no viendo la tierra que pisaban ni las horas de Dios por llegar á el lugar, para contar á el Licenciado Quixano y á toda la parentela lo que havian visto por sus ojos, oído con sus oídos y palpado con sus manos.
7. Dexemos ir en buen hora á los dos dichosíssimos consortes en buena paz y compaña, miéntras nosotros nos volvemos á nuestro Fray Gerundio, que, desde el mismo punto y momento en que le echó su Padre el sermon del Sacramento, no pensaba de dia, ni de noche soñaba en otra cosa que en el modo como havia de desempeñarle. Hacíase cargo de todas las circunstancias, que le ponian en el mayor empeño: primer sermon que predicaba en público, (porque la Plática de Disciplinantes no la calificaba de sermon); predicarle en su lugar, y en la misma Parroquia donde le havian bautizado (porque no havia otra); ser Mayordomo su Padre; decir la missa, como lo daba por supuesto, el Licenciado Quixano, su Padrino; los danzantes de la procession, el Auto sacramental que siempre se representaba, los novillos que se corrian, las dos ó tres dozenas de cohetes que se arrojaban, y la hoguera que se encendia la víspera de la fiesta: todo esto se le ofrecia continuamente á la imaginacion como punto céntrico y principal de su empeño, pareciéndole no solo que era indispensable el hacerse cargo de todo ello, sino que en esto solo estrivaba toda la dificultad, pues, por lo que tocaba al assunto del Sacramento, en qualquiera Sermonario encontraria campo abundante donde forragear.
8. Es cierto, que no se le havian olvidado las juiciosas reflexiones que havia oído al Maestro Fray Prudencio, contra la ridícula y extravagante costumbre de tocar en los sermones estas que se llaman circunstancias; tambien es cierto, que tenia muy presente la salutacion del sermon de la Purificacion en dia de San Blas, que el mismo Maestro Prudencio havia leído al Predicador mayor y á él, en que con gravedad, y no sin gracia, se hace ridícula esta costumbre, convenciéndola de tal con razones que no admiten réplica; pero tambien es igualmente cierto, que se le imprimió altamente la salida de su amigote el Predicador Fray Blas, la qual se reduxo á aquel apophtegma, que puede hacerse lugar entre los principios de Machiabelo: Sentire cum paucis, vivere cum multis: sentir con los pocos y obrar con los muchos; y aún por su desgracia havia leído en aquellos dias, no se sabe donde, el dicho que comunmente se atribuye á nuestro insigne Poeta Lope de Vega, y harto será que no sea un falso testimonio, porque no cabe que un hombre de tanto juicio y de tanta discrecion dixiesse una truanada tan insulsa; pero al fin ello se cuenta que, reconociendo él mismo los defectos de sus comedias, los excusa diciendo que los conoce y los confiessa; mas que con todo esso las compone assí, porque las buenas se silvan, y las malas se celebran. Esto le hacia mas fuerza que todo á Fray Gerundio, y resolvió por última determinacion no omitir circunstancia alguna de las insinuadas, aunque lloviessen Fray Prudencios.
9. Solo dudó por algun tiempo si, para hacerse cargo de ellos, acudiria por socorro á las fábulas, ó apelaria á algunos textos y passages de la sagrada Escritura, porque de todo havia visto en los mas famosos Predicadores. Algo mas se inclinaba á lo primero, por llevarle hacia allí su genio, ayudado del exemplo de Fray Blas y de la continua lectura del Florilegio; pero, como estaba tan reciente la fuerte repassata que le havia dado el Padre Maestro, contra el uso ó contra el abuso de la fábula en la séria magestad del púlpito, no pudiendo sobre todo borrar de la memoria aquella que le havia oído de que esto era especie de sacrilegio, expression que le havia estremecido, porque al fin no dexaba de ser hombre timorato á su modo; por esta vez, y sin perjuicio hasta que examinasse bien el punto, se determinó á buscar en la sagrada Escritura acomodo honrado para todas las susodichas circunstancias.
10. Hallóle fácilmente donde le encuentran todos, que es en las Concordancias de la Biblia, sin mas trabajo que ir á buscar por el Abecedario la palabra latina que corresponde á la castellana, para la qual se deséa algun texto, y aplicar qualquiera de los muchos que hay en la Escritura, casi para cada una de quantas voces se pueden ofrecer. En ménos de una hora dispuso los apuntamientos siguientes:
11.[2] «Primera circunstancia: Primer sermon que predico: viene clavado aquello de primum quidem sermonem feci, o Theophile. — Segunda: Predícole en mi lugar, que se llama Campazas: para esta viene como nacido aquel texto: Descendit Jesus in locum campestrem. — Tercera: Predico en la Parroquia donde me bautizaron, y se llamaba Juan el que me bautizó: qué cosa mas propia que aquello de Joannes quidem baptizavit in aqua, ego autem in aqua et Spiritu Sancto? — Quarta: Es Mayordomo mi padre: In Domo Patris mei mansiones multæ sunt. Tambien mi padre es labrador: Pater meus agricola est. Llámase Anton Zotes; y el Arca del Testamento, figura del Sacramento, anduvo por el país de los Azotes ó de los Azotios: abiit in Azotum. — Quinta: Echóme el sermon mi Padre, el qual está vivo y sano. Et misit me vivens Pater. Cantará la missa mi Padrino...»
12. Aquí se halló un poco atascado, porque, haviendo revuelto quantas Concordancias se hallaban en su celda, conviene á saber las antiquíssimas de Hugo Cardenal, las de Alberstad, las de Harlodo, las de Roberto Estévan y, por última apelacion, las de Zamora, no encontró la palabra Padrino en todas ellas; y, ya desesperado, estaba resuelto á acudir al Theatrum vitæ humanæ ó á qualquiera Polyanthéa por algun Padrino de socorro, y aún en caso necessario á valerse del Tu es patronus, tu parens de Terencio en el Heauton-timorumenos, quando su dicha le deparó el texto mas oportuno del mundo: tropezó pues con aquello que se lee en el verso 14 del capítulo 16 de la Epístola de San Pablo á los Romanos: salutate Patrobam; y, passando luego á leer el capítulo, encontró en él un thesoro, porque casi todo el referido capítulo se reduce á las memorias, (hablando á nuestro modo,) que el Apóstol encargaba se diessen de su parte á todos los Christianos que se hallaban en Roma, y eran de su especial cariño ó por su mayor favor, ó por algun beneficio particular que havian hecho á la Iglesia, ó porque se havian esmerado mas en favorecer y en amar al mismo Apóstol: á todos los va nombrando por sus nombres, y en el versículo 14 nombra entre otros á Patroba.