10. «Porque al fin, á qué se reduce esta secta? Ante todas cosas sienta por primera máxima fundamental, que todo sermon, sea panegýrico, sea moral, sea fúnebre y aunque sea tambien de ánimas (cosa ridícula), se ha de dirigir primaria y principalíssimamente á la reformacion de las costumbres, haciendo amable la virtud y aborrecible el vicio; con sola esta diferencia que en los del género laudatorio, á que se reducen los panegýricos y los fúnebres, se hace comunmente por via de imitacion; en los morales, á fuerza de razones; y en los de ánimas se ha de proceder por el terror y por el escarmiento. Has oído en tu vida cosa mas extravagante? Con que, hétele que todo sermon ha de ser una missioncita, y el Predicador que no se meta á Missionero, que aprenda otro officio... Vamos claros; que es buena impertinencia.»

11. «Supuesto este principiote, se sigue naturalíssimamente el otro, conviene á saber, que todo assunto, sea en la oracion que se fuere, ha de ser mazorral y á plomo, quiero decir, tan sólido y tan macizo que no haya mas que desear. Pongo por exemplo: predicas un panegýrico en la fiesta de Todos Santos; pues, has de tomar por assunto esta proposicion ú otra equivalente: La santidad es la verdadera sabiduría; esta habita en los Santos y reina en toda su conducta. Lo mas mas que se te permite, es que dividas el mismo pensamiento ú otro semejante en dos proposiciones, proponiéndolos con un airecillo de antíthesis, como si dixéramos: El Santo tenido por ignorante es el verdadero sabio, primera parte; el sabio sin virtud reputado por docto es el verdadero ignorante, parte segunda. Has visto cosa mas fria?»

12. «Predicas el panegýrico de un Santo, verbi gracia de San Joseph; pues guárdate bien de tomar por assunto, que San Joseph fué mas Padre de Jesus que el mismo Padre eterno, fué mas hijo del Padre eterno que el mismo Verbo divino, fué mas Esposo de la Vírgen que el mismo Espíritu Santo; porque este divino assunto, predicado por un orador portugués, monstruo del púlpito, (y no es el Padre Vieyra,) aunque se reduce en suma á tres hypérboles galantes, levantarán el grito los sectarios de la nueva moda y te dirán con la mayor frescura en tus mismas barbas, que son tres heregías valientes. Solo pues te será licito decir que San Joseph, como Padre putativo de Jesus, fué el hombre á cuyas órdenes estuvo Dios mas rendido, y fué el hombre que mas se rindió á las órdenes de Dios. Mira por tu vida, qué grandíssima frialdad!»

13. «Quieres predicar de algun mysterio, como verbi gracia de la Trinidad? Si te empeñaras en probar, que las tres divinas Personas en una indivisible essencia eran el Geryon de la gracia, ó el impossible de Edipo, ó el lazo gordiano burlador del azero de Alexandro, todos estos Oradores á la moderna te gritarian: Al loco, al blasphemo, al impío! Y no te verias de polvo, siendo assí que todos tres son otros tantos pensamientos assombrosos, que andan impressos con todas las licencias necessarias, y que merecen realmente eternizarse, no digo yo en los moldes, sino en letras de diamantes; pero tú, guárdate bien de empeñarte en essas valentías del ingenio; porque estos hombres hocicudos, que tienen ojeriza con todo lo que es delicadeza, sobre los silvos susodichos, te delatarian á la Inquisicion ó te harian ridículo en estrados y tertulias. Conténtate pues con decir simple y sencillamente, como pudiera un Sayagués: El mysterio de la Santíssima Trinidad es entre todos los mysterios, lo primero, el mas obscuro á la razon, y lo segundo, el mas evidente á la fé. Insulsez que es capaz de hacer insípida y zonza á la misma sal.»

14. «Consiguientes en todo á su systema, dicen despues, que estos assuntos de argamassa se han de probar con razones de cal y canto, y es claro que las han de encontrar en abundancia y á qual mas metida en harina; porque, como todas aquellas proposiciones son unas verdades perentorias, que parece las está dictando la misma razon natural, á la primera azadonada de la reflexion descubren una cantera de pruebas, con que fabrican un sermon mas sólido que la obra de Escurial. Es cierto, que estas razones las tornéan, las vuelven y las revuelven de mil modos diferentes, adornándolas con tropos, con figuras y con todo el aparato rhetórico, que no parece sino que está un hombre oyendo á Ciceron, á Junio Bruto, á Cayo Graco ó á Cornelio Cethego. No dexan de la mano á aquel eterno hablador, que se ha levantado lo mas iniquamente del mundo con el título de Príncipe de los Oradores, siendo assí que le quadraria mejor el de Director ó Bastonero de todos los locutorios

manibus Cicerunculus hæret

Semper, et adtritus nocturno idemque diurno

Pollice.

Conceptos, agudezas, equívocos, reparos subtiles, réplicas delicadas, todo esso lo destierran de sus sermones, y, si tal vez tocan algo de mythología, de fábula ó de erudicion profana, es tan de corrida y con tanta vergüenza, que visiblemente se llena de vermellon donzel su pudibundo semblante.»

15. «A la Historia sagrada, á la eclesiástica y á los Santos Padres ya dan algun lugar, pero como? No como nosotros que, si citamos algun passo historial ó algun texto ó sentencia de Santo Padre, aunque sea muy larga, lo presentamos todo con su ser, corpulencia y tamaño natural, para que venga á noticia de todo el auditorio, con sus pelos, señales y circunstancias. Ellos no van por esse camino: toda essa erudicion la entretexen, la embuten ó la incrustan en sus proprios discursos, de modo que todo parece una misma pieza, sin que se descubra rima, encaxe, barniz ni escotadura: sermones parecidos á las fábricas modernas de Roma que llaman impelichadas, las quales parecen todas de pórphydo, mármol, jaspe ó alabastro, quando, en realidad, de todas essas piezas no tienen mas que una hojita superficial para engaño de los ojos, que se dexa levantar al impulso de una uña: