Vana superficies, quam solus judicat unguis
Aut oculus.
Y hay tanta diferencia en el modo de citar de los Predicadores veteranos al modo de citar de los modernos, quanto va de las fábricas modernas á las antiguas. En estas, para formar una urna de jaspe era menester consumir un monte:
Scilicet ut grandem mons integer iret in urnam;
y en aquellas se fabrica un palacio con el jaspe que ántes se gastaba en una urna.»
16. «Allá se va el modo con que citan los otros textos de la Escritura, que no son historiales, sino doctrinales, sentenciosos ó prophéticos. Los mas los dan desleídos en sus mismos raciocinios, pareciendo el texto, la glosa y la aplicacion vino todo de una misma cuba, al modo que San Bernardo los cita sin citarlos, componiendo una cláusula perfecta la mitad de sus palabras, y la otra mitad de palabras de la Sagrada Escritura. Tal qual textecillo presentan al auditorio á cara descubierta, pero con grande parsimonia, como se usan las especies en los guisados, porque dicen, que en cargándolos de ellas los hacen desabridos en lugar de sazonarlos. Aún los poquitos que sacan al theatro son por lo comun literales, porque del sentido alegórico gastan y gustan muy poco; del tropológico ó acomodaticio casi nada, y no les falta un tris para condenarle; no lo hacen con las palabras, pero lo hacen con la obra, dexándole arrinconado y no dándoseles un pito de que se cubra de telarañas.»
17. «De intérpretes, expositores y versiones, cuya hermosa variedad adorna tanto nuestros sermones y nos sirve para probar todo quanto se nos antoja, hacen ellos poquíssimo caudal ó, por mejor decir, ninguno. Veráse, no digo ya todo un sermon, sino un tomo entero de sermones á la moderna, sin que en todo él se haga memoria ni del sabio Cornelio, ni de la púrpura de Hugo, ni del erudito Calmet, ni del profundo Baeza, ni de Celada, á quien nada se le esconde, ni del agudo Zuleta, y lo que es mas, ni del doctíssimo Silveyra, siendo assí que con este último inagotable expositor puede un Predicador, que sepa manejarle, andarse por esse mundo de Dios y probar hasta la existencia de los mismos impossibles, en caso urgente y necessario, siendo cosa averiguada que no hay almagacen mas socorrido para un aprieto y para qualquiera assunto.»
18. «Es lástima oir, como tratan estos Predicadores de moda á muchos expositores. No se atreven á tocar en los Santos Padres, de los quales hablan en realidad con respeto; porque no quiero infernar mi alma ni levantarles falsos testimonios. Tambien hacen la cortesía á algunos pocos intérpretes de los que no están tan arriba, confessando que fueron hombres verdaderamente sabios, de penetracion, de juício y de una profunda inteligencia de la Sagrada Escritura, á la qual convienen que ilustraron mucho con sus doctos comentarios. Pero de otros expositores, á quienes llaman ellos de escalera abaxo, de turba multa, ó Expositores de municion, da cólera oírlos hablar: dicen que los mas no hicieron otra cosa que poner en mal latin los sermones que havian predicado en peor romance; que con el glorioso título de Comentarios sobre esta ó aquella parte de la Escritura embarraron cantidad immensa de papel, llenándole de conceptillos aereos, de pensamientos inanes, de discursos pueriles y de dissertaciones phantásticas, cargándolas de erudicion á metralla; y finalmente, que los mas, como totalmente ignorantes de las lenguas Hebréa, Syriaca, Caldéa y Griega, en que se escrivieron originalmente los libros sagrados, desbarraban lastimosamente en la inteligencia del texto de la Vulgata, dándole una significacion tal vez contraria á su verdadero sentido, muy violenta y casi siempre arbitraria. Imbuídos en estas máximas, quiebra el corazon ver el desprecio, con que tratan á los mejores y mas socorridos autores de que se compone regularmente la escogida librería de un Predicador de tabla; y assí no los verás citados en sus sermones, aunque te descejes ni aunque dés una peseta por cada cita.»
19. «De esso de variedad de versiones no se trate: su Vulgata á pasto y tal qual vez, por plato extraordinario, un poco de la version de los Setenta, y á Dios amigo. La Syriaca, la Caldéa, la de Pagnino, la de Vatablo, ni saber como leyó Arias Montano, les da á ellos el mismo cuidado que averiguar qual fué el centesimo abuelo de Tamas Kauli-Kan: siendo assí que nosotros los Predicadores veteranos con la diferencia de versiones nos bandeamos maravillosamente para guisar, probar y ajustar todo quanto queremos, sazonando nuestros pensamientos con tanta delicadeza que el apetito mas dormido abre tanto ojo, y el paladar mas melindroso se chupa los dedos tras de ellos; porque, en realidad, donde hay cosa mas aguda ni mas divertida ni mas sazonada que decir un Predicador: Donde la Vulgata lee piedra, el Syriaco vierte anillo, el Caldéo círculo, los Setenta cúpula; y donde lee pan la Vulgata, Vatablo leyó espada, Pagnino misericordia, Arias Montano sabiduría, y el Burgense calabaza? y haciendo despues, de todas estas idéas, quantas combinaciones á uno se le antoje, probar todo lo que quisiere con ingenio y con sutileza; fuera de que, oyendo el auditorio que el Predicador cita á roso y velloso al Syriaco, al Caldéo, al Griego y al Hebréo, se persuade sin razon de dudar, que sabe todas estas lenguas como la suya propria, tiénele por monstruo de sabiduría, y oye todo quanto dice con un respeto que pasma. Los oradores modernos se burlan de todo esto, teniéndolo por ostentacion, aparato, alaracas y charlatanería; pero yo, con licencia de sus Mercedes y de sus Reverendíssimas, me burlo de todos ellos.»
20. «Ves aquí, Gerundio amigo, el plan de la nueva secta, de la qual, segun tengo entendido, se ha declarado ciego partidario tu Tio el Señor Magistral, siendo uno de los que mas furiosamente predican á la francesa; que en suma, á esso se viene á reducir la nueva moda. No te dissimularé, que la gente sesuda, la que se llama crítica, la devota y la que se precia de culta, se ha declarado tambien á banderas desplegadas por el mismo partido. Vase tras de un orador á la moderna, como los niños se van tras los danzantes y tras la tarasca en el dia del Córpus: á estos los celebran, los ensalzan, los colocan mas arriba de las nubes, quando á nosotros nos desprecian, nos deprimen, haciendo tanta burla y tanta chacota de nuestro modo de predicar, que no parece sino que hemos nacido para ser los dominguillos de sus conversaciones y tertulias.»