Gallus jacentes excitat

Et somnolentos increpat;

Gallus negantes arguit.

Gallo canente spes redit.

De este hombron, coco de los Predicadores y choriphéo de la nueva secta, es la aprobacion susodicha.»

24. «No la pudo sufrir aquel Predicador veterano, cuyos nobilíssimos sermones peinaban tantas canas como su cándida cabeza. Caló el morrion, echóse la visera, vistió la cota, que algunos, por lo breve de su cuerpo, dixeron era cotilla, enristró la lanza, y desde la misma dedicatoria, dirigida á un gran Señor, comenzó á correr el Gallo, pero como? Desplumándole, descrestándole, y en fin haciéndole añicos. Alaba lo que él reprueba, y condena lo que él aplaude, haciendo una descripcion tan galante de los sermones de moda que no hay mas que pedir; yo la tomé de memoria, porque me cayó muy en gracia, y dice assí»:

25. «Si V. E. Señor para mientes, como dice nuestro castizo idioma, hallará en estos sermones, que ya llaman de moda, si no el todo, parte mucha de lo que en aquel gabinete sucedia: Vamos, vamos á oir al Padre Don F., al Señor Don Z., al Doctor tal, que predica de moda. Quiere á mi ver decir esta palabra un quadro sin imágen, una imágen sin templo, un templo sin altar, un altar sin sacrificio, un sacrificio sin Sacerdote, y un Sacerdote sin el proporcionado ornamento: es puntual descripcion de un sermon de moda.»

«Qué te parece, amigo Gerundio? Has oído en tu vida comparacion mas á pelo, símil mas adequado, ni descripcion mas puntual de un sermon á la moderna? Porque, en realidad, si la cosa se considera bien y sin passion, la multitud de textos, la bulla de citas, el aparato de erudicion, la variedad de versiones, el paloteado de retruécanos, la gala de los equívocos, lo sútil de los conceptos, la delicadeza de los reparos, el escape de las soluciones, y de quando en quando el chiste de los gracejos, son puntualíssimamente la imágen, el templo, el altar, el sacrificio, el Sacerdote, el amito, la alba, el cíngulo, el manípulo, la estola y la casulla de un sermon equipado como es justo; y al que le falta todo esto, hágote un sermon en carnes vivas, que es una vergüenza y una compassion.»

26. «No es mi intento, ni por ahora seria del assunto, hacerte una relacion individual de todo lo que dixo el Predicador veterano en el discurso del sermon, que dedicó al susodicho gran Señor, en immortal gloria nuestra y en eterna confusion de los modernos. Essa seria obra larga, y era menester producir toda la pieza, que es única en su linea y la conservo en la celda enquadernada en papel dorado, para molde y original de mis sermones, (se entiende despues del Florilegio sacro,) si es que alcanzan mis fuerzas á una débil imitacion. Ni quiero cansar tu atencion con referirte, que un tal D. Gutierre Fernandez (hombre ignorantíssimo y desalmado, si los ha havido jamas,) disparó un par de cartas insolentes y atrevidas á un qual D. Fulano Valdenoches, las quales, puesto que no salieron á luz, anduvieron de ronda de mano en mano, de casa en casa, y de estudio en estudio, assí en la Corte como fuera de ella, é hicieron una riza de todos los diantres. Pero en quienes? En los anti-Oradores Magistrales y en sus seguaces, que son unos pobres pelones; porque, aunque es assí que las tales cartas convencen, que en el sermon de nuestro heróico defensor se hallan tres ó quatro proposicioncillas heréticas, algunas otras malsonantes, tal qual textecillo de la Escritura supuesto, muchos mal citados, este ú el otro testimonio venial levantado á los Santos Padres, y assí de otras cosuelas á este tenor, qué hombre de juício hace caso de semejantes bagatelas? Quien no sabe, que essos son hypérboles galantes, valentías del discurso, arrojos del ingenio, y festivíssimas aperturas de una fantasía que se eleva, que se arrebata y no anda arrastrando por el suelo? Si se huvieran de reparar y cortar en nuestros sermones estos Icáricos vuelos, donde iriamos á parar?»

27. «En fin, este Orador insigne á la veterana, que contaba entónces sesenta y ocho años de edad, y á los veinte y quatro de púlpito, al qual, segun esta cuenta, no subió hasta los quarenta y quatro, que es ya edad madura, en la qual al Predicador mas tardío le puede haver salido el uso de la razon pulpitable; este Orador veterano, vuelvo á decir, añoso, famoso y canoso, acredita bien que aún dentro de los claustros tenemos partido, no solo entre aquellos que apénas los apunta el bozo de la oratoria, que essos á red barredera los puedes contar por nuestros, sino entre los mas añejos, mas veteranos y aún mas vetustíssimos. Y hay la gracia particular de que estos hablan por experiencia, en cuya escuela, que es la mas segura y la mas convincente, han aprendido lo bien que les ha salido la cuenta predicando á la veterana, pues no hay mejores cien doblones que los que se hallan de repuesto en sus religiosas navetas, ni chocolate mas rico, ni botes de tabaco mas exquisito, ni pañuelos de tela y de color mas finos, ni ropa blanca mas delgada que la que encontrarás en sus pobres alacenas, caxones y baúles.»