28. «Pues, siendo todo esto assí, quis furor, quæ te dementia cepit? qué locura es la tuya? qué delirio se apoderó de tu cabeza, quando assí te la trastornó esse tu tiesíssimo y circunspectíssimo Tio, tumbándote patas arriba á quatro razones miserables, que te alegó el tal Dómine Espetera? Perdóname si me descompongo, porque no me puedo contener al hablar de estos encaprichados y testarudos parciales de la sinrazon, aunque por otra parte sean hombres de autoridad y de respeto. No quiero ya, que hagas caudal de mis razones, sin embargo de ser todas tan convincentes, tan triumphantes que no admiten réplica ni sufren resistencia. Tampoco quiero ya, que te hagan fuerza los exemplares que te he puesto delante de los ojos, ni tantos millares de millares de Predicadores veteranos como han hecho fortuna por este camino, ni lo que has tocado y estás tocando por tus proprias manos en mí mismo, que siempre le he seguido y que en mi vida no pienso seguir otro. Será possible, Gerundio del alma, que no te convenza tu experiencia propia? Tan mal te ha ido desde que comenzaste la carrera, emprendiéndola por esta via lactea ó, hablando con mas propriedad, por este caminito de la plata? Sermon y medio has predicado hasta ahora en público, y otro entre las paredes del Convento, y qué hombre hay ya mas famoso en toda la redonda? De qué otro retumban mayores ni mas encarecidos aplausos en todo el dilatado y espacioso ámbito del Páramo? Piensas que tu fama se ha limitado á las paredes solas de Campazas? Oh quanto te engaña tu encogimiento y tu modestia! Llegó ya á Villaquexida, extendióse á Villamandos, se dilató á Villamañan, y hasta en las márgenes del Orbigo resuena el eco de tu nombre con tanta claridad como en las concavidades de Villaornate; poco dixe: ó me engaña mucho el pensamiento, ó siento acá en lo mas interior del alma no sé qué prophéticos presagios de que en breve tiempo no se ha de hablar de otra cosa que de Fray Gerundio en toda España, y aún se adelanta el vaticinio á descubrir entre no sé qué lejanas lumbres, que ha de penetrar tu famoso nombre hasta las provincias extrangeras.»
29. «Miéntras tanto, es cierto que ya no se sabe hablar sino de tus sermones, de tus prendas y de tus talentos, en essos caminos, en essos campos, en essas tierras, en essas viñas, en essos erreñales, en essas eras, y aún en todos essos mercados del contorno. Miéntras tanto, es indubitable que ya no hay Cofradía que no te desée, no hay Mayordomo que no te solicite, no hay sermon de ánimas que no te aguarde, no hay retablo nuevo que no clame por tí, y no hay semana santa que no te tienda los brazos. Pues, corazon amilanado, por qué te acobardas? Alma de cántaro, por qué te quiebras? Espíritu pusilánime, por qué te desmayas? Desprecia, desprecia generosamente esse terror pánico que se ha apoderado de tu pecho; no hagas caso de essas pasmarotas, con que intentan aturrullarte los ciegos y apassionados sectarios de la novedad y, confirmándote en el heróico empeño de no desviarte un punto del camino real y derecho que tan gloriosamente has comenzado, ríete á carcajada tendida de todos aquellos que pretenden arredrarte de él, no dando otra respuesta á sus razones que la que yo dí, y tambien te suministré en ocasion muy semejante, de la qual te acordarás sin que yo te la repita:
Mingere cum bombis res est gratissima lumbis!»[26]
30. No de otra manera que quando en el corazon del invierno amanece el Orizonte cubierto de una densa niebla, la qual poco á poco se va al principio enrareciendo, luego que el sol presenta la batalla, comenzando la funcion con la escaramuza de sus rayos; pero no se declara tan de repente la derrota de los esquadrones tenebrosos, que no disputen por largo tiempo el terreno, pues, titubeante al parecer y como neutral la victoria, ya el sol abre los nebulosos esquadrones, ya estos se vuelven á cerrar mas densamente, muchas veces aquel los rompe, y otras tantas estos le rebaten; ya el exército del sol passa por el vientre del campo de la niebla y, aunque con luz cansada, no tanto dora quanto argentéa la cima de un vecino monte, ya se vuelve á cerrar el exército enemigo y, repeliendo al contrario, parece que le retira hasta su mismo atrincheramiento; durando el fluxo y el refluxo de la dudosa contienda hasta que, al acercarse el mediodía, encendidas en fogosa cólera las tropas de la luz, acometen tan furiosamente al campo de la niebla, que por todas partes le rompen, le penetran, le pisan, le atropellan, le dissipan, y, dueño enteramente el sol del campo de la batalla, se dexa ver en todo el hemispherio el mas claro, el mas sereno y el mas despejado dia. Assí, ni mas ni ménos, dissipó el razonamiento de Fray Blas las nieblas que havian obscurecido el entendimiento de nuestro Fray Gerundio, y quedó tan despejado y tan claro como el dia mas apacible y mas sereno del mes de Enero ó de Febrero. Dió mil abrazos á su amigo por lo que le havia consolado, iluminado y alentado, y renovó en sus manos el pleito homenage, que ya havia hecho en otra ocasion, de que no predicaria de otra manera en todos los dias de su vida, aunque el mismo Gallo de la passion le predicara lo contrario. Con esto dieron la vuelta al lugar, donde sucedió lo que dirá el capítulo siguiente; pero, ántes de escribirle, suplico al Lector que tenga un poco de paciencia, porque voy á tomar un polvo.
LIBRO QUINTO.
CAPITULO PRIMERO.
Encárganle un sermon de honras, y no le escupe; con todo lo demas que iremos diciendo.
1. «Pero mira, le dixo Fray Blas en el camino, si tu Tio te volviere á tocar la especie, tú has de hacer la gatatumba y el agacha-panza: quiero decir, que te has de mostrar convencido de sus razones, rendido á sus consejos, dócil á sus instrucciones, oyéndole en lo exterior con mucha humildad, respeto y reverencia; pero allá dentro de tu corazon has de estar bien resuelto á reírte y hacer burla de todo quanto te dixere. La razon de este admirable y no ménos importantíssimo consejo salta á los ojos; porque estas gentes de la Iglesia, constituídas ya assí en alguna dignidad, y mas quando están asomadas á una mitra, suelen ser muy delicadas, gustan de que en todo se les oiga como á oráculos, y llevan muy á mal que se les replique. Quando á esto se añade la razon del parentesco, y mas siendo tan immediato y tan superior como el de Tio, los da un peso de autoridad sobre toda la familia, que no parecen sino unos concilios, y hasta los hermanos mayores, que no han ido por la Iglesia, los oyen con una veneracion que causa espanto. Es verdad que no siempre es oro todo lo que reluce, pues tal vez hacen burla de ellos interiormente; pero los tiene cuenta el paladearlos en el fuero externo, assí para disfrutarlos en vida como para heredarlos en muerte. A ninguno importa mas que á tí el tener grato á tu Tio, porque ninguno le necessita mas que tú, ya por los socorrillos que te suele enviar, y ya por lo mucho que con su autoridad y con la de sus amigos te puede servir dentro y fuera de la Religion para tus adelantamientos. Por tanto sigue este mi consejo capital, y trata de hacer bien tu papel: calla, dissimula, humíllate, muéstrate convencido, dale palabra de enmendarte, consúltale en todo lo que se ofreciere; pero tú, haz aquello que se te antojare!»