14. — «Despacio, Padre Fray Blas,» dixo con bastante viveza el Colegial, no pudiendo dissimular del todo su enfado y su indignacion. «Vuesa Paternidad se adelanta demasiado (con la cólera se le olvidó darle Reverendíssima). Tambien yo he leído esse sermon, porque llegaron á Salamanca muchos exemplares: hablóse mucho de él en todas aquellas Comunidades, donde hay tanto hombron sabio, religioso, erudito, culto y discreto, como es notorio; y á excepcion de tal qual botarate ignorante y presumido, que por nuestros pecados los hay de todas las classes y gremios, no huvo uno que no calificasse dicho sermon por una de las piezas mas eloqüentes, mas nerviosas, mas sólidas, mas graves y aún mas ingeniosas, que havia producido hasta ahora nuestra oratoria castellana. Era voz comun, que se podia equivocar con las mas preciosas oraciones que produxeron y están todavía produciendo en nuestro siglo y en nuestro hemispherio español los Gallos, los Radas, los Aravacas, los Rubios, los Nordeñanas y los Guerras; ni faltó quien assegurasse, que podia competir con qualquiera de las muchas y grandes oraciones fúnebres, con que el Reverendíssimo Padre Maestro Salvador Orosio, de la Compañía de Jesus, llenó de magestad y de assombro el púlpito y la Capilla de San Gerónimo de la Universidad de Salamanca. Oraciones que, si se hiciesse una coleccion de ellas, (como decia un sabio,) compondrian un funeral, que quizá no tendria consonante en quanto logramos hasta ahora de esta especie, ni de dentro ni de fuera de España.»

15. «Esso de que tiene pocos textos la oracion del Licenciado Bocanegra, solamente lo podrán decir los que en su vida han saludado los sagrados libros; apénas hay cláusula ni aún sýlaba, que no aluda á algun lugar, sucesso ó passage de la Escritura, en saliendo de aquellas acciones de la Reina que sirven de cimiento á la verdad del assunto. No se citan, es assí, expressa y señaladamente; pero se dan desleídos y como convertidos en la substancia del mismo Orador. San Bernardo fué el primero que introduxo este admirable modo de usar y manejar la Escritura, haciéndola primero suya, y vertiéndola despues como si no fuesse agena. Pero, quien hasta ahora ha notado á San Bernardo de poco escriturario? Son pocos, no lo niego, los testimonios y autoridades de Padres, de Expositores y de Autores profanos, con que exorna su oracion el Señor Bocanegra; mas son muy oportunos essos pocos testimonios que alega.»

16. «Y quien ha dicho á vuestra Paternidad, que los sermones se han de cargar á metralla de testimonios, de autoridades y de citas? Estas deben ser como las especias en los guisados, lo que baste para sazonarlas, y no lo que sobre para que ninguno los pueda tragar. Ignora vuestra Paternidad lo que dixo un eloquentíssimo Orador, hablando de las autoridades en los sermones? Si nimiæ sint, si communes, si sine vi et pondere allatæ, puerum magis colligentem sapiunt quam virum ingeniosum: si se amontonan, si son vulgares y comuníssimas, si no tienen alma, fuerza ni meollo, mas son fárrago que erudicion; el Orador se acredita mas de un genio pueril y atolondrado, que bueno y malo, verde y seco, todo lo hacina, todo lo recoge, que de hombre ingenioso y erudito.»

17. «Dice bien este juicioso Autor: para llenar, no digo yo un sermon, sino cien tomos de á folio de citas, autoridades, testimonios, sentencias, versos, historias, exemplos, símiles, parábolas, sýmbolos, emblemas y geroglýphicos, no es menester mas que hacinar y recoger. Tanto Sentenciario, tanto libro de apophtegmas, tanta Polyanthéa, tanto Theatro, tanto Thesauro, tanto Diccionario histórico, crítico, náutico, geográphico, tanta Bibliotheca, tanto Expositor que va discurriendo por los lugares comunes é infarcinando en cada uno todo quanto se le viene á la mano; en fin, tanta selva de alegorías y de dichos como cada dia brota en essas Naciones y en essas librerías, hacen erudito de repente al mas boto, al mas mentecato, al que no sabe quien reinó en España ántes de Cárlos II. No hay mas que abrir, trasladar, embutir, y está hecha la maniobra. Al ver un sermon atestado de essa borra, quedan aturdidos los páparos, entre los quales cuento á muchíssimos que no lo parecen, mientras los verdaderos eruditos ó gimen corridos ó se rien desengañados, segun el humor que los predomina. Mas de una vez oí á hombres de gran juício, que se debian desterrar del mundo literario estos almagacenes públicos de erudicion tumultuaria, porque solo servian para mantener haraganes, miéntras perecian de hambre los ingenios verdaderamente industriosos. Es punto problemático, en el qual se pudiera tomar un término medio. Miéntras tanto, digo que se puede aplicar á estos prontuarios de erudicion al baratillo lo que dixo Agesilao al inventor de una máquina bélica, capaz de moverla y de hacer mucho daño con ella qualquiera soldado cobarde: Papae! virtutem sustulisti: Vítor! que con essa máquina has desterrado el valor

18. «A lo que añadió vuestra Paternidad acerca del assunto que escogió para su oracion el Señor Bocanegra, perdóneme vuestra Paternidad, que no tiene razon para censurarle. Lo mejor y lo mas precioso de dicho assunto es el ser tan sencillo, tan natural y tan sólido. Assuntos rumbosos, delicados, alegóricos, metaphóricos, symbólicos, y mucho mas títulos de comedia, retruécanos insulsos, refranes de viejas, como el verdadero Phœnix de Arabia, á San Agustin; el Leon en su cueva, á San Gerónimo; el Onix y Onis, á Santo Thomas de Aquino; la Encyclopedia canonizada, al mismo; el Máximo Mínimo, á San Francisco de Paula; muger, llora y vencerás, á las lágrimas de la Magdalena; el Caballero de Alcántara, á San Pedro de este nombre; á muertos y á idos no hay mas amigos, en las honras de un Obispo: digo que estos y otros semejantes assuntos, Dios los haya perdonado! ya pudren, ya solo han quedado en algunos Predicadorcillos de la ínfima suerte, que solo hacen ruído entre los que se van tras el tamboril y los gigantones. Hoy va reviniendo el mundo de sus preocupaciones; por lo ménos los hombres de pro no gastan otros assuntos que sólidos, macizos, característicos, y consiguientemente naturales. Tal es el del Señor Bocanegra, fundado sobre los dos exes en que gira toda la ley y toda la perfeccion. El Sabio no da otro elogio á los hombres justos, ni cabe otro mayor: Dilectus Deo et hominibus, cujus memoria in benedictione est: Amó á Dios y amó á los hombres? pues será amado De Dios y de los hombres, y, siempre que se repita su nombre, será acompañado de muchas bendiciones. Esto dixo el Orador de aquella exemplaríssima Princesa; esto convenció y aún esto persuadió, moviendo los corazones mas duros por lo ménos á desear la imitacion de sus reales virtudes.»

19. Como Fray Blas vió, que el Colegial estaba un poco avinagrado, y tenia alguna noticia de su genio vivo y quisquilloso, no se atrevió á replicarle; contentóse con decirle, que en esto de sermones, de versos, de latin y cosas semejantes cada qual tenia su gusto, y, sin inculcar mas en el punto, le suplicó que prosiguiesse examinando á Fray Gerundio sobre las fuentes de la invencion; porque, como observaba que este las tenia tan prontas, se le caía la baba al bueno del Predicador. Serenóse un poco Don Casimiro y, continuando en su interrogatorio, rogó á Fray Gerundio se sirviesse decirle qual era la séptima fuente de la invencion, que le havian enseñado.

20. «Los dichos graves y sentenciosos de los antiguos,» respondió sin cespitar. Y el Colegial prosiguió: «Sin duda es una fuente bellíssima y copiosíssima, especialmente haviendo tanto recogido de sus sentencias y apophtegmas, los quales solo se diferencian de aquellas en que las sentencias permiten mas extension de palabras, pero los apophtegmas se deben ceñir á las ménos voces que sea possible; las sentencias se pueden tomar de qualquier Autor donde se encuentren, mas los apophtegmas se hacen mas recomendables por ser dichos de grandes personages, como de Papas, Emperadores, Reyes, Cardenales, Obispos, etc. Vaya esta diferencia sobre la fé de Guillelmo Budéo que la señala, pues yo no me atreveré á defenderla en el siglo que corre, el qual está como inficionado de libros de apophtegmas, que son hoy de la gran moda. Tales son los libros que llaman de -ana, como la Menagiana, la Perroniana, la Scaligeriana, la Saint-Evremoniana, la Fureteriana, y otros innumerables, de que se hace graciosa burla en el primer tomo de la Menagiana, donde el Autor de una salada rima, acabada toda en la sílaba -na, despues de zumbarse de una multitud de estos escritos, unos verdaderos y otros fingidos, concluye diciendo:

Todos los libros en -ana

Se arrimen donde está la Ipecacuanha,

hierba medicinal de las Indias, que hoy se usa mucho y con grande felicidad en Europa. Es cierto, que estos apophtegmas, recogidos en los libros de -ana, no todos son dichos de grandes personages, pues hay algunos de sugetos muy de escalera de abaxo, si no entra en cuenta su agudeza ó su literatura.»