23. En lo que estuvo un poco indeciso, fué en si seguiria ó no seguiria el mismo estilo que havia usado, assí en el sermon del Refectorio como en el de la Plática de Disciplinantes. Es cierto, que él estaba perdidamente enamorado de él, porque, sobre adaptarse mucho á su primera educacion, especialmente en la escuela del Dómine Zancas-Largas, todas aquellas voces rumbosas, altisonantes y estrambóticas, le hallaba canonizado en la práctica de su héroe el Predicador Fray Blas, y veía que en todo caso mucho le celebraba la turba multa: no obstante, no dexaba de hacerle grandes cosquillas la burla, que assí el Padre Provincial como el Maestro Prudencio havian hecho de el tal estilo; pero, sobre todo, lo que le hizo titubear mas, fué un papel que por rara casualidad llegó á sus manos, como lo dirá el Capítulo siguiente.
CAPITULO II.
Lee Fray Gerundio un Papel acerca del estilo, y queda aturrullado.
1. Havia muerto por aquellos dias en el Convento un Padre Predicador jubilado, hombre de mucha suposicion en la órden, que havia seguido la carrera del púlpito con el mayor aplauso y, lo que es mas, muy merecido, porque, sobre ser un grande Religioso, era verdaderamente sabio, eloquente, nervioso, de juicio muy assentado, de buen gusto y de acreditado zelo. Su espolio, (assí se suelen llamar en las Religiones aquellas alajuelas que dexan los Religiosos difuntos,) su espolio casi todo él se reducia á sus sermones manuscritos y á algunos otros papeles y apuntamientos, concernientes por la mayor parte á la misma facultad; y, aunque en la Comunidad huvo muchos gulosos de ellos, especialmente de la gente moza, que suele hacer su veranillo en semejantes ocasiones, pero el Prelado con mucho acuerdo y prudencia se los aplicó á Fray Gerundio: lo primero, porque parecia mas acreedor que otro alguno, hallándose al principio de la carrera; y lo segundo y principal, (que esta fué en realidad la máxima del prudentíssimo Prelado,) para que, leyendo aquellos sermones y tomándoles el gusto, procurasse imitarlos y, si no podia ó no queria, á lo ménos los predicasse á la letra, lográndose en qualquiera de estos arbitrios que aprovechasse sus talentos y no dixiesse en el púlpito tantos disparates.
2. Puntualmente se hallaba nuestro Fray Gerundio batallando con sus dudas sobre el estilo, que havia de seguir en el sermon, quando entró en su celda el Prelado con los papeles y sermones del difunto, entregóselos con cariño, recomendóle mucho su lectura y su imitacion, y luego se retiró, porque le llamaban otras dependencias. Fray Gerundio, con su natural viveza y curiosidad, no pudo contenerse sin registrar luego los títulos de aquellos papeles y sermones, que venian todos repartidos en tres legajos. Desató el uno, y lo primero que encontró fué un cartapacio de pocas hojas con este epígrafe: Apuntamientos sobre los vicios del estilo. Pasmóse de aquella extraordinaria casualidad, comenzó á leer, y halló que decia assí:
3. «Primer Vicio: Estilo hinchado. Llámase assí por analogía con aquella viciosa disposicion del cuerpo viviente, quando, en lugar de carne y de succo nutricio, está ocupada alguna parte de él de una porcion de pituíta nociva, que causa el tumor ó inflamacion: consiste este estilo, dice Tulio, en inventar nuevas voces, ó en usar de las antiguadas, ó en aplicar mal en una parte las que se aplicarian bien en otra, ó en explicarse con palabras mas graves y magestuosas de lo que pide la materia.»
4. «La hinchazon del estilo unas veces está en solas las palabras, otras en solo el sentido, y otras en todo junto. Exemplos de hinchazon en las palabras: Dionisio el Tyrano llamaba á las Doncellas expectati-viras, las expectantes de Varon; á la Columna Menecratem ó Validi potentem, la forzuda; y Alexarcho, hermano de Casandro Rey de Macedonia, llamaba al Gallo manicinero, el Músico matutino; al Barbero Drachma, porque esta moneda se pagaba por afeitarse; al Pregonero Chœnice, porque con la medida de este nombre se median las cosas que se vendian al Pregon. No cabe mayor ridiculez.»
5. «Exemplos de hinchazon en el sentido. Séneca, en la Tragedia de Hércules Ethéo, le introduce pidiendo el Cielo á su padre Júpiter con estas fastuosíssimas palabras:
Quid tamen nectis moras?