14. — «Hace bien vuestra Reverendíssima, interrumpió el Comissario; porque, si llevara la contraria, nos havian de oir los sordos. Yo tengo en mi poder el sermon, que se predicó en las honras de un primo mio Cathedrático, y, aunque no fué negocio de que la gente anduviesse á cachetes por sus reliquias, pero al fin el Orador, que tampoco es ménos que un Cathedrático de prima, le compara á Salomon; y en verdad que pienso dexarle á mis sobrinos como la alhaja mas preciosa de mi herencia, mandando expressamente en el testamento, que le archiven entre los papeles mas importantes de la familia; y aún no estoy ageno de hacer á mi costa otra impression, si pinta bien la venta de los carneros. Pero prosiga vuestra Reverendíssima, porque le oímos con gusto.»

15. — «Digo pues, continuó el Padre Abad, que, aún tolerada en algunas partes la costumbre de predicar sermones de honras á los que en vida no tuvieron las costumbres mas arregladas, pero se hicieron recomendables por otras prendas naturales dignas de estimacion, parece á muchos hombres discretos, (cuyo dictámen no me atrevo á reprobar,) que están en ellos muy fuera de su lugar las noticias eruditas, gastadas, como dicen, á pasto y muy de intento, especialmente aquellas que se toman de los funerales del Paganismo.» — «Pues, como se ha de bandear el pobre Orador sin esse socorro?» preguntó Fray Blas. — «Yo se lo diré á vuestra Paternidad,» respondió el Padre Abad.

16. «Como se bandeó San Gregorio Nazianceno en su admirable oracion fúnebre predicada en las honras de San Basilio, quando llegó á tratar de su universal pericia en casi todas las ciencias. Ya ve vuestra Paternidad, que esto pertenece puramente á las prendas intelectuales y naturales; pues, sin distraherse el Santo á noticias impertinentes ni hacer ostentacion de alusiones importunas, va haciendo una noble descripcion de las ciencias que posseía con gran perfeccion el gran Basilio, insinuando al mismo tiempo con artificioso dissimulo una admirable instruccion para que los oyentes aprendiessen el modo de posseerlas, sin descuidarse de enseñarlos como havian de usar de ellas con utilidad. Contentóme mucho este hermoso trozo de la oracion, aún leído en la version latina, que sin duda perderia no poco de su elegancia original en la lengua griega. Tradúxele en castellano, y aún le tomé de memoria, por si acaso se me ofrecia alguna vez aprovecharme de él; y á fé que han de tener Ustedes la paciencia de oírmele, porque no les ha de disgustar. Dice pues assí:»

17. «Qué ciencia, qué facultad huvo en que Basilio no estuviesse muy versado, y tan versado como si se huviesse dedicado á ella sola? De tal manera las posseyó todas, que jamas huvo quien posseyesse una sola con igual perfeccion; y con tanta eminencia se hizo dueño de cada una, que parecia ignoraba todas las demas. Y esto porqué? Porque á un ingenio tan sútil como elevado añadia una aplicacion tan continua como laboriosa: medio único para adquirir el imperio sobre las ciencias y las artes. Su ingenio pronto, rápido y penetrativo hacia al parecer ocioso su estudio infatigable; y, á vista de su continuo estudio, parecia inútil la rápida perspicacia de su ingenio. Sin embargo, juntó la una con la otra con tanto empeño, que dexó neutral la admiracion, sin saber á qual de las dos partes debia aplicarse mas, si á la elevada viveza de su ingenio ó al teson incansable de su estudio. Quien pudo competir con Basilio en la rhetórica, aquella divina arte que en todo respira fuego? Superior á los Rhetóricos mas célebres en el inimitable uso de los preceptos, pero muy desemejante de ellos en las costumbres. Quien le excedió en la gramática, aquella arte de hablar correctamente, que pule y forma la lengua para el Griego mas castizo, aquella que recoge la historia, preside en la poesía, y como suprema Legisladora publica é intima leyes para el metro? Quien en la philosophía, ciencia verdaderamente sublime, que se eleva á lo mas alto de la naturaleza, ya se considere aquella noble parte suya, que se dedica á la práctica y experimental indagacion de las verdaderas causas que producen los efectos naturales, ya se atienda aquella otra, que se entrega toda á la especulacion en las disputas, sutilezas y argumentos lógicos, que comunmente se conoce con el nombre de dialectica? En ella sobresalió tanto Basilio que, si alguna vez la necessidad le empeñaba en la disputa, su argumento no tenia solucion, y era mas fácil al adversario burlarse del mas intrincado laberintho que desembarazarse de su réplica. Por lo que toca á la astronomía, geometría y arithmética, se contentó con saber lo que bastaba para que los peritos en estas facultades le mirassen y le oyessen con respeto; lo demas lo consideró como inútil á la profession de un sabio religioso y serio, que en sus estudios buscaba el provecho y no la curiosidad: de manera que tanto se debe admirar en Basilio lo que no quiso estudiar, como lo que escogió para aprender.»

18. «Aquí tienen Ustedes un elogio limitado precisamente á prendas ó virtudes naturales, que á un mismo tiempo deleita é instruye, persuade y mueve, sin el fárrago de erudicion ó de noticias triviales que un Predicador de los que se usan fácilmente embutiría en los varios puntos que toca San Gregorio Nazianceno: un elogio que, no rozándose ó rozándose apénas con las virtudes christianas, no obstante se pronunció dignamente en el púlpito mas grave y á vista del auditorio mas autorizado y mas serio. Pues, quien quita que á imitacion de este se formen otros muchos, quando en los sugetos, cuyos funerales se celebran, no hay que alabar sino prendas naturales ó virtudes puramente morales, que, aunque no son mérito para la vida eterna, son imitables por útiles á la sociedad civil?»

19. — «Y si ni aún esso se halla en el difunto, dixo Fray Gerundio con algun sacudimiento y retintin, como que él se havia visto en esse caso, de qué ha de echar mano el triste Predicador?» — «Penetro, Padre Fray Gerundio, respondió el Padre Abad, todo el émphasis de la pregunta, que no es tan innocente como parece: confiesso á vuestra Paternidad, que mi primo el Escrivano ni fué canonizable, ni se hizo muy visible por otros talentos de la linea natural, que logran alguna recomendacion entre los hombres; por esso tuve lástima del Orador que havia de predicar sus honras, luego que me avisaron de su última disposicion, y aún él mismo se hizo cargo de la dificultad, quando por conocerla dexó una limosna tan quantiosa al Predicador, atento al apuro en que se havia de ver para encontrar en él algo digno de alabarse. Pero digo, que aún en este apretado lance hay en la rhetórica ciertos lugares comunes, y todos graves, de que puede y debe echar mano el Orador para formar su panegýrico fúnebre, sin dispendio del tiempo, sin perder el respeto al púlpito, y con utilidad del auditorio.» — «Y qué lugares son essos, Padre Reverendíssimo?» preguntó Fray Gerundio. — «Yo se los diré á vuestra Paternidad,» respondió el Padre Abad.

20. «Los que llaman de la persona, y se pueden reducir á quatro capítulos: á las prendas del cuerpo, á las del alma, á la nobleza ó méritos de sus antepassados, y al oficio, empléo ó ministerio que exerció el difunto quando vivo. En el cuerpo se puede considerar la proporcion, gentileza, symetría ó hermosura, la agilidad, la robustez, la fortaleza, etc. En el alma, el entendimiento, la penetracion, el juício, la prudencia, etc. En la nobleza ó méritos de sus antepassados, todas las hazañas que los hicieron recomendables. En el oficio ó empléo, la superioridad, la exactitud, la aplicacion, los medios, los fines, la utilidad, etc.» — «Pues qué! interrumpió Fray Blas, tambien se ha de hacer assunto en el púlpito, de que el difunto no havia sido corcovado ni contrahecho, sino galan y bien apuesto, parándonos en si fué ágil ó pesado, torpe ó industrioso, buen ginete ó mal ginete, etc.? Valiente impertinencia!» — «Allá va essa mosca,» dixo el Comissario, dando un resoplido. — «Yo me sacudiré de ella,» respondió con serenidad el Padre Abad.

21. «Sí, Padre Fray Blas, quando no hay otra cosa mejor de que echar mano, puede el Orador valerse de las prendas corporales, con tal que lo haga con la debida gravedad, circunspeccion y decencia. No se celebran en la Escritura las fuerzas corporales de Sanson? No se elogian los hermosos cabellos de Absalon? No se aplaude la agilidad de Saul y su destreza en el manejo del arco? No se ensalza el primor con que David heria las cuerdas del harpa? Y quantas veces havrá celebrado vuestra Paternidad en sus sermones la hermosura exterior de la humanidad de Christo, y havrá hecho algunas pinturillas ó descripciones de la singular belleza de la Santíssima Vírgen? Y del juício que supongo en vuestra Paternidad, no quiero creer que sus descripciones ó pinturillas havrán sido tan profanas, tan escandalosas, tan sacrílegas como las que yo he oído mas de una vez á muchos Predicadores, que, en lugar de pintar á la Reina de las Vírgenes y Madre de la pureza, parece que hacian el retrato de una Helena incendiaria ó de una Venus provocativa. Cavendum est, dice á este intento una pluma igualmente zelosa que elegante, ab ineptiis eorum, qui in laude gravis personæ, ut Beatæ Virginis, vernante styli lascivia speciem aliquam Helenæ efformare nituntur

22. «Qué cosa al parecer mas indiferente que la agilidad y la destreza en el exercicio de la caza? Con todo esso, esto se alaba mucho, y no sin razon, en la historia de varios Príncipes que fueron eminentes en este exercicio, dedicándose á él con moderacion y por provechoso passatiempo, sin declinar en el extremo de una passion desordenada y viciosa. Tales fueron Mithridátes, Adriano, Carlo-Magno, Henrico Primero y Alberto, Emperadores los tres últimos de Alemania. Nicetas ensalza con los mayores elogios á la Emperatriz de Constantinopla Euphrosina, muger del Emperador Alexo Angelo, porque en la intrepidez y en la destreza de la caza de cetrería no solo igualaba, sino que excedia á los mas hábiles cazadores de su tiempo. Ni en los nuestros nos faltan exemplares de augustíssimas Princesas, que no dan ménos muestras de su pericia y de su valor en el bosque que de su penetracion y de su profunda política en el gabinete; tan felices en los aciertos de la escopeta, como diestras en la puntería de los negocios. Lo que se aplaude en la historia, por qué no se podrá elogiar dignamente en el púlpito?»

23. «Dixe dignamente, y lo dixe con reflexion; porque, para que se hagan decente lugar en la cáthedra del Espíritu Santo estas prendas naturales, siempre es menester elevarlas á motivos superiores, insinuando que aquellos que las posseyeron, ó las enderezaron ó debieron enderezarlas á fines útiles á la Religion ó, quando ménos, al Estado. Un Orador medianamente diestro puede fácilmente instruir con arte á su auditorio en los medios de elevar á fines de superior órden las acciones mas regulares y mas indiferentes. No salgamos del exercicio de la caza. Quien quita ponderar la oportuna ocasion que ofrece la soledad para el recogimiento, los varios obgetos innocentes del campo para levantar el corazon á Dios; la velocidad, el furor, la astucia y aún la valentía de las mismas fieras, para mil reflexiones conducentes á la utilidad del alma ó al prudente gobierno de las operaciones en la vida civil? Sabemos que San Francisco de Borja, quando Duque de Gandía, era aficionadíssimo á la caza de cetrería, en la qual exercitaba mil virtudes diferentes: ya la mortificacion, retirando de repente la vista quando mas la convidaba la diversion del obgeto; ya el sufrimiento, tolerando sin quexarse assí las fatigas del campo como los rebeses de los temporales; ya una profunda meditacion, sacando utilíssimas consideraciones de la velocidad con que el halcon se disparaba á la presa, de la docilidad con que á la primera insinuacion del reclamo se restituía al alcándara,[32] de la fidelidad con que presentaba la caza á su legítimo dueño, refrenando su natural voracidad por cumplir con su obligacion y con su agradecimiento.»