24. «Aún en el Gentilismo tenemos un bello trozo del panegýrico de Trajano, que puede servir de instruccion á qualquiera christiano Orador para dirigir á la religion el elogio de las prendas naturales. Eres, dixo Plinio el jóven, diestríssimo en la caza. Usasla con moderada freqüencia. Parece recréo, y no es mas que mudanza de fatiga. Tienes por alivio lo que solo es mudar de trabajo; interrumpes algunas veces los cuidados del gabinete, mas para qué? Para penetrar los bosques, para perseguir las fieras aún en los mas profundos senos de sus lóbregas cavernas, para trepar por riscos y breñas inaccesibles sin mas auxilio que el de tus piés, sin otras huellas que las que estampan tus plantas; y esto, en qué viene á parar? En que con sobreescrito de diversion exercitas la piedad, visitando aquellos sagrados lugares y saliendo al encuentro á los Dioses tutelares que los presiden y los protegen: Quod si quando cum influentibus negotiis paria fecisti, instar refectionis existimas mutationem laboris: quæ enim remissio tibi nisi lustrare saltus, excutere cubilibus feras, superare immensa montium juga et horrentibus scopulis gradum inferre, nullius manu, nullius vestibus adjutum, atque inter hæc pia mente adire lucos et occursare numinibus?»
25. — «Y si el bueno del difunto, replicó el Socio, no tuvo ninguna destreza ni habilidad, sino para comer, beber, passearse y vita bona, adonde ha de acudir el angustiado Orador por los elogios?» — «Adonde? respondió el Abad; á su profession ó á su oficio, pues no hay oficio ni profession que no dé abundante materia para celebrar, si no al que la exercitó, al modo con que debe exercitarse y á los fines á que debe dirigirse, lo que todo redundará en provechosa enseñanza del auditorio.»
26. — «Y parécele á vuestra Reverendíssima, dixo Fray Blas, que se encuentran ahí á la puerta de la calle los elogios de todas las facultades y de todas las professiones?» — «Jesus! respondió el Abad: no hay cosa mas á mano, ni tampoco mas de sobra. Qualquiera Autorcillo que escrive sobre el todo ó la parte de alguna facultad, oficio ó empléo, comienza colocándole mas allá de las nubes, pues ó el prólogo ó el primer capítulo, quando muchas veces no sea la mayor y la mas inútil parte de la obra, se reduce por lo comun á recoger todo quanto se ha escrito en recomendacion de la materia que trata, de su antigüedad, de su nobleza, de su necessidad, de su suma importancia: tanto que, al leer la introduccion del mas despreciable folleto sobre alguna parte de qualquiera de las facultades y aún artes ú oficios mechánicos, un Lector incauto se persuade á que no la hay mas noble, mas importante ni mas necessaria. A este propósito me acuerdo, que siendo muchacho leí cierto librete sobre las fiestas que havia hecho en una Ciudad el gremio de los Sastres, con ocasion de un retablo que havia costeado el mismo gremio. El Autor, assí en la introduccion como en lo restante de la obrilla, juntó ó esparció tantos y tan magníficos elogios de este oficio; sobre todo se inculcó tanto su antigüedad y su nobleza, probando, á su parecer concluyentemente, que este era el primero que se havia exercitado en el mundo, siendo Adan y Eva los primeros Sastres, fundado en aquellas palabras del capítulo 3º del Génesis: Cumque cognovissent se esse nudos, consuerunt folia ficus et fecerunt sibi perizomata, que, convencido yo á lo mismo, faltó poco para que no me metiesse á Sastre.»
27. — «Tan baxos pensamientos como essos, interrumpió el Socio, nunca los tuve yo; pero tanto como dedicarme á Boticario, no me faltó un tris para hacerlo, desde que leí en cierto papelejo sobre la confeccion del Alkermes, que el Espíritu Santo era el verdadero fundador de las Boticas, por quanto él es el que inspira el conocimiento de la virtud de los simples y el modo de elaborarlos: añadiendo que por esso las quintas essencias, que son los medicamentos mas activos, se llaman espíritus, con alusion á su divino inventor.»
28. — «Chanzas á un lado, continuó el Padre Abad; al Gramático, al Rhetórico, al Orador, al Poeta, al Phýsico, al Mathemático, al Músico, al Astrónomo, al Legista, al Theólogo, y á proporcion á todos los Professores aún de las artes ú oficios mechánicos, se les puede alabar en el púlpito con magestad y con decencia por el exercicio de sus mismos oficios y facultades. Para hacer el elogio de un Gramático, no hay mas que leer á Marciano Capela, en su libro 3º; á Diomedes, en la Epístola á Athanasio; á Diodoro Sículo, en el libro 12º, sobre las leyes de Charondas; y á Suetonio, De illustribus Grammaticis et Criticis. Para el de un Rhetórico y Orador, sobre lo mucho que dice Philon Hebréo en su libro Del Cherubin, se puede leer á Lucano en el poema á Calphurnio Pison; á Ovidio, en el libro segundo Del Ponto, Elegía 5ª.; á Plinio el menor, en el libro segundo, Epístola 3ª.; á Séneca, en el Prólogo á las Controversias de Crasso Severo; y tambien á Ausonio, en su Panegýrico á Graciano.»
29. «No hay cosa mas de sobra que los elogios de la poesía; tropiézanse tantos, que son estorvo mas que diversion. Casi todos los que se encuentran en los modernos, son copia de los que se leen en el Diálogo sobre la Oratoria, que corre con nombre de Cornelio Tácito y muchos creen ser de Quintiliano, donde se dicen muchas cosas en pro y en contra de la Poesía; de los que recogió Silvio Itálico hácia el fin del libro undécimo; de los que se hallan en el Genethlíaco de Luciano, como se ve en las obras de Estacio; y, finalmente, de lo mucho que dixo Florido en el capítulo 7. del libro tercero Contra los detractores de los Poetas. En amontonar alabanzas de la philosophía, parece que todos han conspirado: Oradores, Poetas, Historiadores, Ciceron, Capela, Claudiano, Sidonio Apolinar y todos los que escrivieron las vidas de los Philósophos antiguos y modernos, como Eunapio Sardiano, Porphyrio, Philóstrato Lemnio, Ammonio Egypcio, Dion Biothynio, Diógenes Laercio; y entre los modernos Bruquero, Vossio, Jonsi, Capasi, y el Inglés Thomas Stanley.»
30. «Para poner la medicina sobre los cuernos de la luna, no es menester mas que abrir qualquiera tratadillo, que haya escrito en algun assunto de ella el mas desdichado Pedante. A carretadas recoge lo infinito que se ha dicho de la buena, cuidando mucho de suprimir lo no ménos infinito que se ha declamado contra la mala. Pero al fin, por expressar algunas fuentes determinadas, léase la Vida de Galeno, recogida por Julio Alexandrino, los Comentarios de la Nobleza, por Andrés Tiraquel, y la Epístola del Ilustríssimo Guevara al Doctor Melgar, y encontrará el Orador un almagazen de elogios de la medicina, que no los ha de consumir en un tomo entero de sermones de honras, á los que han hecho predicar tantos por sus desaciertos.»
31. «De las mathemáticas sé muy bien lo que dice San Agustin: Quas multi Sancti nesciunt quidem, et qui etiam sciunt eas Sancti non sunt: que muchos Santos las ignoran, y los que las saben no son Santos. Esta sentencia, que parece dura, no quiere decir lo que suena: solo intenta el Santo significar por ella el grande embeleso, con que esta nobilíssima ciencia arrebata hácia sí á sus professores, los quales necessitan de un esfuerzo muy particular para desviar su atencion de las especulaciones mathemáticas, si han de encontrar tiempo para dedicarse á la meditacion de las verdades evangélicas. Por lo demas, nadie puede negar que el mismo embeleso, con que arrebatan el alma, es un medio tan eficaz como innocente para desviarla de las passiones, que son los mayores enemigos de la santidad. Y assí, apénas se encontrará Mathemático sobresaliente, que no sea hombre de costumbres irreprehensibles. Por esso casi siempre va sobre seguro el elogio de estos Professores; y para formarle prestan sobrados materiales Platon en su Timéo, Aristóteles en muchos lugares de sus obras, y Alcínoo en el Isagoge á la Doctrina de Platon.»
32. «Un Músico tiene mil capítulos que le pueden hacer justamente recomendable; solo con passar los ojos por el bello panegýrico, que Cassiodoro hace de la música en el tratado que dirigió á Boecio Patricio, libro segundo Variar., hay copia de escogidos materiales para celebrar á los que professan esta preciosa facultad. Y el que no se contentare con estos, puede leer al ya citado Marciano Capela en todo el libro nono. De los Jurisconsultos y de los Theólogos no hablo, porque es menester que sea muy ignorante el que no sepa, que se puede formar una grande librería, compuesta precisamente de los elevados y merecidíssimos elogios con que todos los han engrandecido.»
33. — «No se fatigue mas vuestra Reverendíssima, dixo á esta sazon el Comissario; que, aunque yo le estaria oyendo con grandíssimo gusto desde aquí á mañana, me causa congoja el miedo de que se canse.» — «Pues yo, añadió Fray Gerundio, con licencia de vuestra Merced y solo por oir á su Reverendíssima, tengo de hacerle todavía una pregunta. Y si el difunto no solo no sobresalió en prendas algunas christianas, morales ó naturales; no solo no fué eminente en la facultad que professó, ni en el oficio que exerció, sino que en la Religion fué un mal christiano, en la facultad un zopenco, y en el oficio un mal hombre: qué ha de hacer el Orador sino refugiarse al sagrado de la erudicion?»