Sobran tus rayos, bástales mi lado.

De esto hay infinito en los Poetas y Oradores Castellanos.»

6. «Exemplos de el estilo hinchado en las palabras y en el sentido. El Poeta Nono hace decir á el Gigante Typhon lo que se sigue: No pararé hasta montar á cavallo sobre mi Hermano el Cielo; pero, en llegando allá, tengo de fabricar otro Cielo, ocho veces mas grande que el antiguo, porque en este no quepo yo. Assí mismo he de hacer que se casen las Estrellas, para que sea mas numerosa la poblacion de los Astros. A Mercurio le he de poner en un cepo, y á la Luna la reciviré por moza de cámara, para que haga las camas. Quando me quiera lavar, mandaré que me echen en una palangana todo el Erídano celestial, etc. Cada pensamiento es una locura, y cada expression una arrogancia.»

7. «Segundo Vicio: Estilo cacozelo.» — Algo se sorprehendió F. Gerundio, quando leyó esta expression, que le pareció mal sonante y piarum narium offensiva, pero luego se sossegó con la explicacion que se seguia en esta conformidad.

8. «Llámase estilo cacozelo aquel estilo afectado, que consiste en imitar mal las palabras ó los pensamientos del otro, de manera que las que en una parte están en su lugar y tienen alma, en otra no pueden estar mas dislocadas ni ser mas frias. Exemplos: Pintó Parrasio á un muchacho con un canastillo de uvas, tan vivas estas y tan naturales que engañados los páxaros baxaban á picarlas. Celebróse mucho esta pintura; y el mismo Parrasio, ó por modestia verdadera ó por hacer burla de los que la celebraban, notándolos de poco inteligentes, dixo que la pintura no podia estar peor; porque, aunque las uvas fuessen verdaderas, si el muchacho estuviesse bien pintado, no se arrimarian los páxaros á ellas.»

9. «Leyó un Rhetórico pedante, llamado Espiridion, este hecho y este dicho y, ofreciéndosele celebrar otra pintura del mismo Parrasio, colocada en el templo de Minerva, en la qual se representaba el cuerpo de Prometheo en el monte Cáucaso, continuamente despedazado de un buitre, y continuamente reproducido, para que le estuviesse perpetuamente despedazando; despues de muchas ponderaciones sobre la horrible propriedad de la pintura, dixo por última exageracion, queriendo imitar la de las uvas, que hasta en el mismo templo baxaban los buitres á encarnizarse en el retrato. Riéronse con razon los oyentes de un remedo tan frio como improprio; porque los buitres no son como las golondrinas, los morciélagos y las lechuzas, que saben muy bien lo que passa en los templos; aquellos solo pueden dar noticia de lo que sucede en los montes y en los peñascos.»

10. «Otro exemplo: Dió principio un célebre Orador al sermon de honras de Phelipe IV. con esta emphática expression: Con que, en fin, hasta los Reyes mueren! y paróse un poco, dando lugar á que el auditorio reflexionasse sobre ella. Fué sumamente aplaudida la naturalidad y la elevacion de este mysterioso principio. Pocos dias despues pronunció la oracion fúnebre del Capiscol de cierta Iglesia un Predicadorcillo y, queriendo remedar lo que havia oído aplaudir, comenzó de esta manera: Con que, en fin, hasta los Capiscoles mueren! Fueron tales las carcajadas del auditorio, que el Orador no pudo proseguir mas adelante, y los que comenzaron honras acabaron entremes.»

11. «Tercer Vicio: Estilo frio. Es en parte parecido al cacozelo ó á el remedador, pero se diferencia en que el frio principalmente consiste en pensamientos nuevos, estraños, peregrinos y, cuando se llegan á apurar, insulsos. Tal fué el de Hegesias, insulsíssimo Sophista, en el Panegýrico de Alexandro, quando dixo, que se havia abrasado el celebérrimo templo de Diana en Epheso, al mismo tiempo que Olympias estaba pariendo á aquel Príncipe, porque, ocupada la Diosa en assistir á este parto, no pudo acudir á apagar el fuego de su templo. Pensamiento tan frio, añade Plutarco, que él solo bastaba para apagar el fuego. Huius epiphonematis tantum est frigus, ut id ipsum ad Ephesii templi incendium restinguendum satis validum fuisse videatur.»

12. «A esta frialdad de estilo están muy expuestos aquellos Predicadores que se entregan inmoderadamente al sentido alegórico de la Sagrada Escritura. Usado este sentido con economía, con eleccion y con prudencia, como le usaron los Santos Padres, es ameno, oportuno y provechoso; pero en practicándole con excesso y á pasto, no hay cosa mas fria, que mas fastidie ni que ménos se pegue. Quien podrá, por exemplo, tolerar que perpetuamente le anden predicando estas ó semejantes interpretaciones: El pórtico de Salomon es la conversacion de Christo; la estrella Arcturo es la ley; las Pléyades, la gracia del nuevo Testamento; las Luces,[4] los consejos de los Santos Padres; las Grullas, los Padres espirituales; el Zéfiro, los Predicadores de la ley evangélica; la Perdiz, el Diablo; y los Cínifes, los Lógicos ó los Sophistas. Passen en buen ora todas essas alegorías: pero, quien no se empalaga, quando llena las orejas de ellas?»

13. «Quarto Vicio: Estilo pueril. Consiste este en una suavidad sin xugo, en una dulzura empalagosa, en unas palabras y expressiones afeminadas, en retruecanillos sin substancia, en juegos ó en paloteados de voces, en equivoquillos, en ternuras afectadas, en alusiones cariñosas, en ciertas figurillas alegres y floridas, en pinturillas theatrales, y finalmente en todo lo que suena á estilo cadencioso ó clausulado. Por lo regular solo usan de este estilo los entendimientos aniñados ó los que están posseídos de la loca passion del amor; porque, acostumbrados á leer en los Romancistas requiebros, ternuras, alhagos, rosas, azucenas y claveles, y hechizados de los conceptillos que lisonjéan su passion, juzgan que no hay cosa mayor ni mas divina. De este principio nacieron aquellos versos que compuso el Emperador Adriano, dirigidos á su alma, como quieren unos, ó á la del jóven Antínoo, de quien estaba extremamente enamorado, como quieren otros: