6. — «Essa esquela, replicó Fray Gerundio con innocentíssimo candor, no merece fé ni crédito en juício ni fuera de él y aún, si mucho se apura, está condenada por la Inquisicion: lo primero, porque no trahe nombre de Autor, y lo segundo, porque no se sabe á quien se dirige, pues en toda ella no se habla con nadie, sino con V.V. y V., y no hay noticia de que haya ni haya havido en el mundo muger ni hombre que se llame V.» — «Hace fuerza el argumento, dixo el bellaco del Beneficiado, y en verdad que no es tan facililla la solucion. Con todo esso, me parece que se pudiera responder á lo de que no trahe nombre de Autor, que ya dice ser del Mayordomo de la Casa de los locos de Toledo, el qual es muy natural que tenga su nombre y apellido.» — «Mas que tenga treinta apellidos y otros tantos nombres, replicó Fray Gerundio, lo dicho dicho: no trahe nombre de Autor; porque Autor es el que da ó ha dado á la estampa algunos libros, y no sabemos que el Mayordomo de la Casa de los locos de Toledo haya impresso hasta ahora alguna obra.» — «Vaya, dixo el Beneficiado, que la solucion no admite réplica. Pero, á lo otro que añadió vuestra Paternidad de que no ha havido hasta aquí hombre ni muger que se llamasse U, paréceme que se pudiera decir, lo primero, que, si ha havido una tierra que se llamaba Hus, y fué la patria de Job, segun aquello de vir erat in terra Hus, nomine Job, yo no hallaba inconveniente en tener por verosímil que en aquella tierra huviesse muchos con el apellido de U, pues no hemos de reparar en letra mas ó ménos, siendo tan comun esto de dar apellidos á las familias los lugares y las tierras. Lo segundo, que aún en nuestros tiempos huvo un Emperador de la China que se llamaba Can-Y. Pues, por qué no podrá haver otros ciento que se llamen, unos Can-A, otros Can-E, otros Can-O, y otros Can-U?»
7. — «Valiente gana tiene vuestra Merced, Señor Beneficiado, dixo Fray Prudencio, de perder tiempo con esse pobre simple. Ahora se para en contestar con un hombre, que no sabe lo que significa la V. en convites ó avisos de esquelas y en cartas circulares? El reparo de nuestro nuevo Padre Predicador mayor se parece mucho á el del otro Clérigo, tonto como él, que, haviendo leído los quatro tomos de Cartas eruditas del Maestro Feijoó, los arrojó de sí con desprecio, diciendo que las mas de aquellas cartas eran fingidas, y que él no creía que fuessen respuestas á sugetos verdaderos que huviessen consultado al Autor sobre los puntos que en ellas se trataban. Y se quedó muy satisfecho el pobre mentecato, sin advertir que, aún quando fuesse cierto lo que presumia su apatanada malicia, no por esso se disminuía un punto el mérito de las cartas.»
8. «Pero, dexando á un lado esta impertinencia, lo que yo reparo en la graciosa esquela es, que su Autor anduvo muy moderado. Suponer que no fueron mas que dos docenas los locos furiosos que se escaparon de la Casa de los orates y andaban por la Corte disfrazados en Predicadores, es una moderacion digna de que muchíssimos se la agradezcan mucho; porque, segun las señales que él mismo da, el número de los locos es incomparablemente mas crecido.» — «Sí, Señor, respondió el Beneficiado; pero no todos estarian recogidos, y él solo habla de los que lo estaban y se le escaparon.»
9. «El segundo papel que me envían por el corréo, en su linea no es ménos solemne ni ménos divertido; y desde luego digo, que este sí que ha de caer en gracia al Reverendo Padre Fray Gerundio. Es un cartel ó cedulon que se fixó en las esquinas y parages mas públicos de la Corte, convidando para ciertas funciones de Iglesia, que se hicieron en obsequio de la seráphica Madre Santa Theresa de Jesus. El cedulon aún fué mas solemne que las mismas fiestas, y, haviéndole leído con singular complacencia cierto amigo mio de gusto muy delicado, arrancó uno para remitírmele, sabiendo quanto lisongéa mi diversion con este género de piezas. Aquí está el mismo cartel, todavía con las señas del engrudo ó pan mascado con que se pegó, y dice assí, sin quitar letra:
10. «Jesus, María y Joseph.
«A la Tierra del Cielo, por quien criara el Cielo el que fundó la Tierra: Profunda en la Humildad, Fértil en la Virtud: A la Agua que da Vida, A la Vida con la Agua clara de su Doctrina, Dulce, por Soberana: Al Aire, que da espíritu, Al Espíritu, que da el Aire Sútil, de su Pluma, Puro de su Alma: Al Fuego, que da Amor, al Amor hecho Fuego, Para abrasar el corazon, á una Muger Seraphin: A la Luna que pisa, Al peso de la Luna, Nueva en Favores, Creciente en Verdades, Llena de Luces, Menguante de Errores: Al Sol que ofusca brillos, A los Brillos del Sol, Fanal del Carmelo, Farol del Mundo: A la Estrella de la Alba, A la Alba de la Estrella, Que todos buscan Guia, como Norte en el Mar de la Vida, Para el Puerto de la Gloria: Al Prodigio de Pathmos, repetido y sentado en el Sitial de la Justicia, Donde, mejor Astrea, Celestial Signo, Vírgen sabia, domina los Astros: A la Motriz Inteligencia de los animados Cielos, Que delicado Vidrio guardan vasos de barro: Al Agustin de las Mugeres, Angélica Doctora de los hombres, Theóloga Mýstica, Phýsica Seráphica, Natural Rhetórica, Espiritual Médica, Crítica Cherúbica, Universal Maestra en la Ciencia de los Santos, en las Artes de los Justos: A la Niña Architecta, que de Modelos Pueriles levantó para Dios Palacios Celestiales: A la Grande en el Poder, Mayor en el Penar, Máxima en el Amor: A la Muger Apostólica, ó Apóstol en la Esphera de Muger, Por su Virtud, Por su Nobleza, Por su Prudencia, Por su Patria, Hechizo de la Europa, Señora de ambos Mundos, Abogada de España, Consejera de Castilla, Santa Theresa de Jesus, A quien los dos Atlantes de la Militante Iglesia, Nuestros Cathólicos Monarcas, rinden devotos y reverentes cultos, Magestuosa expression de sus santos afectos, cuya soberana luz, cuyo eficaz exemplo siguen leales, imitan fieles, todos los Reales Consejos y Tribunales de esta Corte, en..., dando feliz principio á tan elevado fin el Domingo 14 de Octubre de 1753 á la hora de Vísperas, desde las quales hasta el dia 24 del referido mes (quando en carroza de cristal hace su marcha el Sol,) hay Jubiléo pleníssimo. Serán Trompetas Mýsticas de las Voces Evangélicas Confiteor tibi, Pater, los Oradores siguientes...»
11. Quedó atónito el Maestro Prudencio y, no persuadiéndose á que el cartel pudiesse ser cierto, figurándosele que seria acaso alguna festiva invencion del buen humor del Beneficiado, se le arrancó de las manos para leerle él mismo, con amistosa confianza; pero aún se quedó mas pasmado, quando le vió impresso, ni mas ni ménos como llevamos escrito, con sus comas y puntos y orthographía, solo que en el cartel se expressa el Templo donde se celebraron las fiestas, y nosotros le omitimos por justos respetos. Leyóle, releyóle, tornóle á leer, y apénas creía á sus proprios ojos. Al fin, como era hombre serio, entendido, religioso y verdaderamente sincero, despues de haverse encogido de hombros, arqueado las cejas, levantado los ojos al cielo y hecho muchas cruces, santiguándose de admiracion, prorumpió diciendo:
12. «Que esto se permita en España! y en una Corte! y á vista de tanto hombre verdaderamente sabio, culto y discreto! y donde concurren tantos millares de extrangeros de casi todos los Reynos y Países del mundo! Qué han de decir de nosotros las naciones? En qué predicamento nos tendrán, si llegan á entender, que precisamente para publicar unas fiestas sagradas, lo qual en todo el mundo se hace y se debe hacer sencilla y llanamente, diciendo que tal dia comienzan tales fiestas, que durarán tantos dias, que estará ó no estará el Sacramento expuesto desde tal hora á tal hora, que havrá ó no havrá jubiléo, y que predicará Fulano, Citano y Perenzano: qué han de juzgar de nosotros, vuelvo á decir, si saben que precisamente para un assunto como este se embarra un gran pliego de papel, llenándole de bazofia, de antíthesis ridículos, de esdrújulos phantásticos, de phrasotas que nada significan ó significan un grandíssimo disparate, de epíthetos pueriles y alocados á una Santaza como Santa Theresa, que mas la ultrajan que la honran, y qué sé yo si de proposiciones heréticas ó á lo ménos malsonantes?»
13. «Quien le dixo al Autor del cartel (el qual no es possible sino que fuesse por ahí algun Licenciaduelo atolondrado, de estos que comienzan á ser aprendices de cultos, y no saben ni son capaces de saber en qué consiste el serlo) quien le dixo al Autor del cartel que Santa Theresa, ni otra pura criatura, por sí sola era la tierra del Cielo, por quien criara el Cielo el que fundó la tierra? Una proposicion semejante á esta, que se dixo por María Santíssima, conviene á saber que Ipsa colenda est, non tantum ut causa nostræ redemptionis, sed etiam ut motivum creationis omnium rerum, está notada por gravíssimos Theólogos como digna de muy severa censura. Quien le ha dicho que Santa Theresa, ni algun otro Santo ó Santa, puede ser en ningun sentido verdadero el agua que da vida, pues no hay otra agua que dé vida, sino el agua del bautismo? Quien le ha dicho que es el aire que da espíritu, no haviendo otro quien le dé ni pueda darle, sino el soplo figurado ó la inspiracion del Espíritu Santo? Quien le ha dicho que...?»
14. — «Sossiéguese vuestra Paternidad, dixo el Beneficiado; que estas cosas no se han de tomar con tanta seriedad: un poco de sangre fria y un mucho de buen humor es la mejor receta para curarlas, ó á lo ménos para que no nos perjudiquen. Mire vuestra Paternidad: los hombres sabios de la Corte saben, que la Corte está llena de ignorantes, presumidos de sabios; los extrangeros tambien tienen por allá sus Autores de cedulones, ó cosa equivalente; porque pensar que los tontos no están sembrados por todo el mundo como los hongos, es cosa de chanza, y si no, ahí está Menckenio en su librete de Charlataneria eruditorum, que no me dexará mentir. El artífice de nuestro cedulon no fué tan mal intencionado como á vuestra Paternidad se le figura. El quiso hacer á Santa Theresa un remedo de todos los quatro elementos, tierra, agua, aire y fuego; no se le ofreció otra cosa mejor, y dixo essos disparates, sin meterse en mas honduras. Aquí no huvo mas, y vuestra Paternidad no haga juícios temerarios en materia de su doctrina; porque, si sabe la que enseña el catechismo, esto le basta para salvarse, sin que sea necessario aprender otras Theologías.»