D. Jacinto de Lariz, del órden de Santiago, que despues de haber militado en Milan de Maestre de Campo, no gozó de un gobierno totalmente pacífico, á causa de algunos disturbios que tuvo con el Ilmo. Sr. Obispo, con quien despues se reconcilió, sucediéndole posteriormente
D. Pedro Ruiz Baigorri, del órden de Santiago, y natural de la ciudad de Estela, en Navarra, que despues de sus acreditados servicios en Flandes, vino á mandar en 1653. Fué de recomendables prendas, y defendió este puerto de la invasion de los Franceses, que pretendieron sorprenderle con tres navíos al mando de Mr. de la Fontaine, Timoteo de Osmat. Libertó igualmente la ciudad de Santa Fé de la de los Calchaquies, con general destrozo: amparó los derechos de los indios, y cesó en este gobierno el año de 1660, sucediéndole
D. Alonso de Mercado y Villacorta, memorable por sus letras, y disposicion militar que acreditó en las guerras de Cataluña, y en el de introducir con el Marques de Leganés socorro en Lerida, sitiado por los Franceses, de donde salió herido. Pasó despues al gobierno de Tucuman, y por cédula de 13 de Abril de 1618 al de esta provincia. Fortaleció este puerto, y mejoró de situación á la ciudad de Santa Fé, y despues de tres años de gobierno, pasó otra vez al de Tucuman, donde aseguró la paz con los infieles de aquella provincia, ascendiendo de allí á la presidencia de Panamá, en donde murió en 1681 con el título de Marques de Villacorta. Sucedióle en el mando de esta provincia el maestre de campo
D. José Martinez de Salazar, del Orden de Santiago, Gobernador que era de la Puebla de Sanabria, y Castillo de San Luis Gonzaga; y estando destinado en 1662 para la campaña de Portugal, se le nombró para el establecimiento de esta Real Audiencia, y Presidente de ella. Adelantó las fortificaciones de esta ciudad, y favoreció en extremo á los Guaranís, defendiendo su conservación contra las continuas irrupciones de los infieles, y á estos puertos de una armada francesa que intentó atacarlos. A los nueve años fué extinguida la Real Audiencia, quedando despues el Sr. Salazar de Gobernador y Capitan General, hasta que en 1674 entró á mandar—
D. Andres de Robles, del Orden de Santiago, natural de Burgos, que habiendo militado en Flandes, lo egecutó también contra Portugal, dando principio á servir en la frontera de Galicia en el ejército del Marques de Viana, en la campaña del año de 1658 con plaza de capitan de caballos, y se señaló mucha en la derrota que á 17 de Setiembre se dió al ejercito del rebelde junto á Valencia del Miño, rubricando las proezas da su valor con la sangre que derramó en aquel glorioso combate. Sano de las heridas, volvió á la campaña, y por Diciembre del mismo año fué uno de los que con mas bizarría acometieron al enemigo junto á la villa de las Chozas, tomada por nuestras armas con un rico botin. Hallóse despues en la toma de Monzon, y recuperacion de Salvatierra año de 1659, por cuyos relevantes méritos ascendió á Maestre de Campo, y se le confirió el gobierno de estas provincias. Pero feneciendo este en 1678, pasó á la Presidencia de la isla de Santo Domingo, viniendo á sucederle en el mismo año.
D. José de Garro, del órden de Santiago, y natural de Guipuzcoa. Sus distinguidos servicios en las guerras de Portugal y Cataluña lo elevaron á Maestre de Campo, y al mando de la provincia de Tucuman, que sirvió mas de cuatro años. Pasando después á esta, hizo abandonar á los Portugueses el territorio frente de las islas de San Gabriel, en donde se habian poblado; tomándoles todo el tren de artilleria, municiones y víveres, y en recompensa pasó á la Presidencia de Chile en 1682 que gobernó por diez años. Volviendo á España en 1693 fué provisto Capitan General de Guipuzcoa en 1702, en donde murió á los 40 años de servicio. Tuvo por sucesor en Buenos Aires á
D. José de H. Herrera, natural de Madrid. Habia militado muchos años en las campañas de Flandes, Cataluña, Extremadura y Portugal, con los empleos de Capitan de infanteria, Ayudante de Sargento general de batalla y Capitan de corazas; hallándose en varios asedios, asaltos y tres batallas, de que sacó por egecutoria de su valor, muchas y muy peligrosas heridas, que mas de una vez le colocaron á las puertas de la muerte, por ser el primero que con animosa intrepidez se expuso siempre á los mayores riesgos: sobre lo que dieron honoríficos testimonios los primeros Generales de las armas españolas, los Exmos. Señores Condes de Marchin y Salazar, y Marqueses de Caracena y Leganés, pasando á noticia del Rey sus relevantes méritos: en premio de los cuales se le confirió el gobierno de Peñíscola; luego la Comisaria de caballería de esta plaza de Buenos Aires, y despues su gobierno, que manejó nueve años continuos con general aplauso: habiendo entregado la Colonia á los Portugueses en 1683 por estipulacion de las dos Coronas. Volviendo á España, obtuvo el gobierno de San Lucar de Barrameda con la Superintendencia de reales rentas. Por fin, restituido á la milicia como al centro de su génio marcial, se le confirió el grado de General de artilleria, en cuyo egercicio murió. Vino á sucederle
D. Agustin de Robles, caballero del órden de Santiago, quien despues de las sangrientas guerras de Flandes, pasó de Maestre de Campo á la Castellania de Fuenterabia, de donde vino á este gobierno en 1691, que sirvió hasta el de 1700, defendiendo valerosa y felizmente este puerto de una escuadra francesa. Restituido á España, se le honró con el grado de Sargento general de batalla. Asistió en 1703 al sitio de Gibraltar: sirvió la Presidencia de Canarias, y pasando despues al gobierno de Cádiz, murió últimamente de Capitan General de Vizcaya. Vino á sucederle
D. Manuel de Prado Maldonado, Veinticuatro perpetuo de Sevilla, quien despues de una penosa navegacion de dos años, arribó á este puerto en 1700 con notable quebranto de su salud, y en ocasión de estar amenazada esta ciudad por una armada dinamarquesa, que á esfuerzo de sus precauciones hizo infructuosos sus designios. Pero no fueron ilusorios los que dirigió contra los infieles que se habian confederado con los portugueses de la Colonia, á quienes desbarató completamente. A poco mas de dos años pasó al corregimiento de Oruro; entrando á sucederle en 1703
D. Alonso Juan de Valdes Inclan, soldado de gran valor, que quedó egecutoriado en las guerras de Cataluña, donde sirvió hasta obtener el empleo de Maestre de Campo. Dedicó toda su industria y perícia militar en asegurar estas fortificaciones y plazas á que aspiraba la codicia lusitana: cuyos reprobados intentos, castigó juntamente, tomándoles por asalto la Colonia del Sacramento, obligando á los enemigos á una vergonzosa retirada al Brasil. Despues de estos memorables sucesos, se vió precisado á pasar á Charcas, llamado de aquella Real Audiencia, en cuya ciudad falleció, sucediéndole en este gobierno en 1708