Coronados de ellas y desnudos, arman sus bailes y danzas, haciendo rueda y círculo unos de otros. El que lleva el compas entona una cancion bárbara y sin arte, al son de roncos calabazos, y sonajas de porongos con piedrezuelas dentro, que tocan los demas, repitiendo el son y letrilla, que empezó el presidente del coro. Entretanto dan vueltas á la redonda sin descomponer el círculo, pisando fuertemente la tierra, y acompasando los golpes de los pies con el de los calabazos y sonajas, y uno y otro con los puntos del primero. Así pasan mucho tiempo divirtiéndose inocentemente, y sin las perniciosas consecuencias que traen con sigo las borracheras y danzas que usan otras naciones.

Con decir el uso que tienen los lugares, y con poca diferencia queda referido el estilo y costumbres de estas gentes. El dia que precede á la borrachera, que se puede llamar vispera de fiesta y solemnidad, se juntan los convidados indios é indias en el lugar del festejo, que es una plazuela, cuyo centro distingue un palo elevado, y al pié de él está la hija, ó muger del que celebra el convite, con un báculo ó caña en la mano de cuya superior extremidad pende multitud de uñas de javalies y venados. Como la indiezuela interesa aplausos en llevar el coro, empieza luego á dar el son á los cantores y danzantes, sacudiendo con brio la caña ó báculo contra el suelo, y haciendo que resuenen las castañuelas, azotadas las unas con las otras.

Este son, verdaderamente poco apacible, siguen con el canto los músicos, y con mudanzas los danzantes, saltando y brincando al rededor del palo, hombres y mugeres, desde prima noche hasta que raya el dia con los primeros arreboles de la mañana.

A la madrugada empiezan los brindis con moderacion, de suerte que les deje pies y cabeza para engalanarse de fiesta. Tiran algunas pinceladas, diseñando un confuso jaspeado que imita las manchas de los tigres; cíñense vistosos plumages, y á la cabeza adorna una corona de cuero rodeado de plumas de varios y diferentes colores. Las mugeres pintan el rostro de negro y colorado con plumage rojo en la cabeza; pero la muger del que hace el convite, lleva en la mano para distintivo un manojo de hilo de chaguar. Con estas insignias, bailando y saltando, pero ordenados en filas, vuelven al lugar de los brindis, donde cada uno toma asiento, sobre un mechon de paja, que previene de antemano la providencia del que convida para el divertimiento.

Todos beben cuatro y cinco veces, hasta que la fuerza de la chicha enciende el espíritu de Marte, y les pone las armas en sus trémulas manos, prontas á descargar el golpe como palo de ciego, de donde dije: se golpean, se ensangrentan, se matan, cayendo los unos sobre los otros, aquellos heridos ó muertos, y estos borrachos.

El fin de la tragedia es el que dá chicha á la funcion, derribando á los mas fuertes y afortunados, tendidos por el suelo, durmiendo el sueño de los borrachos. Lo particular es, que vueltos en sí, echan en olvido los golpes pasados, y ninguno forma queja ni querella, porque el otro descargó sobre él, los impetus de su borrachera.


§. VIII.

DE SUS CASAMIENTOS.

Algunas naciones acostumbran criar sóbrias á las mugeres, para que estas escondan las armas á los maridos, y el daño no sea tan lamentable.