Tentó este diferentes medios: alegó razones claras, le propuso varias congruencias para persuadirle que presto moria. “No, respondió el indio, no estoy tan enfermo como dices: antes bien mañana estaré bueno, y podré caminar á melear en los bosques.”—No irás respondió el Padre á melear, sino á las penas eternas del infierno, sino abrazas la religion cristiana, y por medio del bautismo, que abre las puertas del cielo y cierra las del infierno, no pones en cobro tu alma.—“No creas, dijo la muger, lo que este Padre habla: porque si te ausentas al monte, y no recibes el bautismo, jamas morirás.”


§. XV.

DE SU COSMOGRAFIA.

Quien tanto yerra en materias palpables y visibles, y con tenacidad tan obstinada resiste á la luz de la razon, no es de estrañar yerre cuando levanta el pensamiento á objetos mas nobles, superiores á su tosca capacidad, y falta de principios para penetrar arcanos tan sublimes. Al eclipse del sol y luna llaman muerte de estos hermosos planetas. Los Lules atribuyen el eclipse del Sol á un pájaro grande que, desplegando sus alas, cubre el globo luminoso de su cuerpo. Los Mocobís lo refunden en un asalto del demonio para comérselo, y por eso gritan: déjala, (al Sol tienen por muger) déjala; compadécete de nuestra compañera, no nos la comas.

Estos se han formado un agradable sistema del mundo, y por él se podrá inferir el que idean las demas naciones. El cielo y la tierra hacen un solo cuerpo, pero tan inquieto y bullicioso, que le obligan á circular en perpetuo movimiento. A las estrellas tienen por árboles, cuyas hermosas ramas tejen de rayos lucidos y brillos centellantes. Al crucero llaman amnic, que quiere decir avestruz: á las estrellas que le circundan, ipiogo, que significa perros. El misterio es, que estos perros siguen al avestruz para cazarle, y como este corre y corre mucho, aunque los perros le siguen, no le alcanzan. Entre las estrellas confiesan alguna distincion; á unas llaman pavos, ó dagadac: á otras quirquinchos, natumnae; á estas perdices, nazaló, y á las demas con otros nombres semejantes. Esto no es nuevo, pues la antiguedad, y astronomia de muchos siglos atras, deriva hasta nuestros tiempos semejantes denominaciones, para distinguir los signos y explicar las constelaciones.

Lo particular es, que á la luna llaman cidiago, y juzgan que es hombre, cuyas sombras son sus tripas que le sacan unos perros celestes cuando se eclipsa. En oposicion de luna los grandes piden á cidiago que les dé muger, y los muchachos á grandes gritos, tirandose las narices, le piden que se las alargue. Al sol conciben como muger, y le llaman gdazoa, que significa compañera. De él fingen algunas trágicas aventuras. Una vez cayó del cielo, y enterneció tanto el corazon de un Mocobí, que se esforzó en levantarlo, y lo amarró para que no volviese á caer. La misma fatalidad sucedió al cielo: pero los ingeniosos y robustos Mocobís, con puntas de palos lo sublevaron y repusieron en sus ejes.

Segunda vez cayó el sol, ó porque las ataduras no eran bastantemente robustas, ó porque el tiempo debilitó su fortaleza. Entonces fué cuando por todas partes corrieron inundaciones de fuego, y llamas que todo lo abrazaron y consumieron, árboles, plantas, animales y hombres. Pocos Mocobís, por repararse de los incendios, se abismaron en los rios y lagunas, y se convirtieron en capiguarás y caimanes. Dos de ellos, marido y muger, buscaron asilo en la eminencia de un altísimo árbol, desde á donde miraron correr rios de fuego que inundaban la superficie de la tierra; pero impensadamente se arrebató para arriba una llamarada, que les chamuscó la cara y convirtió en monos, de los cuales tuvo principio la especie de estos ridículos animales.


§. XVI.