DE SUS TRADICIONES HISTORICAS.
Así discurrian en materia de astronomia, y con poca diferencia en las otras facultades: la materia de los sucesos para la historia casi no tocaba en los tiempos pasados, y apenas salia de la vida y hazañas de los presentes. Algunas relaciones conservan los rapsodas que repetian cantando para refrescar la memoria de sus antiguedades, que confundia y ofuscaba con fabulosas novedades el analista relacionero. Este tenia la incumbencia de repetir, al son de bárbaros instrumentos, las tradiciones de sus mayores, de instruir á otros en las noticias para suplir su falta con el canto.
Esta tradicion, en gentes que no cultivan la memoria, ni usaban lápidas, geroglíficos, ni caractéres, no podia ser muy puntual, ni abrazar muchos detalles. Tal cual suceso memorable, corrompido con la alteracion que de suyo lleva el tiempo, y la fragilidad de la memoria, conservaban los relacionistas, y lo perpetuaban con el canto. En lo demas de sus vasallos, las hazañas de sus caciques y las de sus mayores se echaban en perpetuo olvido, y apenas los hijos se acordaban de las proezas de sus padres.
§. XVII.
DE SU APTITUD PARA LAS ARTES.
De las facultades mecánicas solo tenian el no tenerlas, ni aun instrumentos para ejercitarlas. Sus canoas, sus dardos, sus macanas, sus arcos y flechas, trabajaban con ímproba laboriosidad. Al tronco que destinaban para canóa pegaban fuego, que consumia las superfluidades, convirtiéndolas en ceniza y carbon, el cual desprendian á fuerza de golpes de pedernales con filo agudo, hasta llegar á la parte sólida. Volvian á pegar fuego y á levantar el carbon, formando á fuerza de golpes, y con la actividad consumidora de la llama, aquella exterior configuracion, ó cavidad interior que ellos pretendian para el uso de la navegacion.
De la misma manera, y con la misma prolijidad, trabajaban y pulian los dardos, las macanas, los arcos y las flechas. El fuego gasta y el pedernal desbasta los varejones, y cuando ya los tienen en el grosor y proporcion que desean, los pulen con delicada nimiedad, y los dejan tan tersos y lisos, que no los aventajará el mas diestro oficial con sus gurvias y garlopas. Verdad es, que necesitan meses para sus maniobras; pero donde sobra la pereza y los instrumentos son ningunos, el tiempo y la paciencia coadyuvan á la perfeccion de las obras. Admiracion es que génios brutales, que para nada tienen tiempo sino para la inaccion, busquen pulidez en las armas, y gasten tiempo en perfeccionarlas.
Esto eran en su infidelidad: pero alicionados en las manifacturas, aprenden los oficios cuanto basta á imitar con perfeccion el ejemplar, sin la gloria de inventores. El mas insigne maestro en la pintura y en la delicada escultura, no podrá gloriarse de haberle añadido al original un rasgo ni pieza que le dé nueva y mas agradable hermosura. En lo que son singulares es en la imitacion: tan nimios, tan delicados y puntuales á expensas de tiempo y paciencia, mirando y remirando una y muchas veces el protótipo es que perfeccionan la obra. Vez ha habido en que la delicadeza se ingenió tanto para la viva imitacion, que no alcanzó la mas tildada observancia á discernir entre el ejemplar y el retrato.
En la elocuencia y cultura de hablar se hallaron algunos, sueltos en sus diálectos, tersos en las palabras y persuasivos en los razonamientos. No abrian aulas, ni disputaban maestros para la enseñanza de la juventud; pero cuando al mediano entendimiento se juntaba la penetracion del idioma, y la verbosa locuacidad, peroraban con dulzura y persuadian con eficacia. La voz comun á los índicos idiomas llama bárbaros, ásperos y defectuosos: los que con estudio y aplicacion penetran la estructura de su artificio y propiedad para explicarse, los califican de elegantes, expresivos y copiosos. Lo cierto es que abundan de voces, en lo natural propias, en lo significativo vivas, y en lo persuasivo eficaces, ceñidas sin confusion, claras sin redundancia, y magestuosas sin afectacion.