“Nace, dice, la piña de una planta que se parece mucho á la sábila, á excepcion de que la penca de la piña es mas larga, y no tan gruesa como aquella; y desde la tierra se extienden todas ellas casi horizontalmente, hasta que á proporcion que van siempre siendo mas cortas, quedan tambien menos tendidas. Crece esta planta cuando mas como tres pies, y en el remate la corona una flor á la manera de un lirio, pero de un carmesí tan fino que perturba la vista su encendido color.”

“De su centro empieza á salir la piña del tamaño de una nuez: y á proporcion que esta crece, vá amortiguándose en aquella su color, y ensanchándose las hojas para darle campo, y quedar sirviendo de base y ornamento. La piña lleva en su pezon otra flor en figura de corona, de hojas semejantes á la de la planta, y de un verde vivo: la cual crece á proporcion de la fruta, hasta que llegan una y otra al tamaño que han de tener, siendo á este tiempo muy corta la diferencia que hay en el color entre las dos. Habiendo crecido la fruta, y empezando á madurarse, vá cambiando el verdor en un pajizo claro: y subiendo este mas su punto, le vá acompañando al mismo tiempo un olor tan fragante, que no puede estar oculta, aunque la encubran muchas ramas.”

“Interin que está creciendo se halla guarnecida de unas espinas no muy fuertes, que salen de todas la extremidades de las aparentes pencas que forma su cáscara, pero á proporcion que madura se van secando estas, y perdiendo la consistencia para no poder ofender al que las coge. No es poco lo que en esta fruta tiene que admirar el entendimiento al Autor de la naturaleza, si con cuidado se reparan tantas circunstancias cuantas concurren en ella.”

“Aquel tallo, que le servió de corona mientras creció en las selvas, vuelve á ser nueva planta, si lo siembran; porque la que la brotó, parece que, satisfecha con su parto, empieza á secarse luego que se corta la piña, y ademas de la de su cogollo, brotan las raices otras muchas, en quien queda multiplicada la especie.”

“Quitada la piña de la planta, mantiene siempre la fragancia, hasta que pasando mucho tiempo empieza á pudrirse: pero es tanto el olor que exhala, que no solo en la pieza donde está, sino tambien en las inmediatas se deja percibir. El tamaño regular de esta fruta es entre cinco y siete pulgadas de largo, y de tres á cuatro de diámetro en su base, el cual se disminuye á proporcion que se aproxima á la otra extremidad. Para comerla se monda, y despues se hace ruedas; es muy jugosa, tanto que al mascarla se convierte la mayor parte en zumo, y su gusto es dulce, con algun sentimiento de agrio muy agradable. Puesta la cáscara en infusion con agua, se forma, despues que ha fermentado, una bebida muy fresca y buena, que conserva siempre las propiedades de la fruta.”

El Guembé merece lugar despues de la piña. Tiene su nacimiento en la tierra, ó sobre los árboles, si el acaso levantó la semilla sobre ellos. Cuando nace sobre los árboles, aunque sean altísimos, busca la tierra dejando caer las guias para abajo, y profundando en ella se levanta con nuevo vigor, trepando por los árboles, y enlazándose en sus ramas. Las hojas son tersas, abiertas en tres puntas, largas á veces casi una vara. La corteza de las raices, que prolongan de arriba para abajo, tiene la utilidad de servir para varios usos: el mas apreciable es para hacer cables con que asegurar las balsas y barcos, y maromas para sacar agua de las norias.

El fruto del Guembé son unas vainas largas que encierran una espiga claveteada de granitos á manera de mazorcas de maiz. A los quince dias de su produccion se abre la vaina y expone al sol, el rico tesoro que ocultaba, hermoso y blanco como la planta. Los naturales tienen observado que mientras las vainas están abiertas acuden ciertas mariposas coloradas, mas ardientes que las cantáridas, á chupar un jugo delicado que de la espina transpira. Pero á pocos dias vuelven á cerrarse, y con el beneficio que reciben de los mosquitos toman perfecta sazon y acaban de madurar.

Al Caraguatá destinó la naturaleza para cerco de los huertos: se tupe mucho con sus pencas fuertes, altas, sólidas y armadas de penetrantes espinas, con que se remueven ensangrentados los incautos pero atrevidos agresores. Estas pencas tienen calidades estimables: sobre los techos sirven de tejas, que recojen el agua para que no inunden las chozuelas de los pobres: y de su corazon se sacan hilos á manera de cáñamo, que sirven para torcer cordel fuerte, y de él labran los infieles algunos tejidos de bajo artificio no inferior á la pobreza de la materia. La fruta en la figura se asemeja á la piña; pero el corazon es pulpa dulcísima, que declina en agridulce agradable, y suple los efectos de cualquiera limonada.

Nuestros conquistadores, en la imposicion de los nombres á las cosas de Indias, y en la traduccion de voces exóticas, no se aligaron escrupulosamente á la propiedad, ni esta era posible hallarla para denominar en nuestra lengua los árboles, las plantas, los frutos, las aves y animales tan peregrinos en España, como agenos de su nativo idioma. Ellos pues se contentaron con alguna semejanza, á las veces génerica, para denominar objetos peregrinos, y por medio de esa denominacion impropria, nos precisan á aprender las cosas diferentes de lo que en sí son.

Así sucede con los Pacobás, á los cuales llaman los españoles platanos, por alguna semejanza que tienen con ellos. En lo demas es cierto que se diferencian tanto de los que celebró la antiguedad, que siendo estos el regalo y delicias de las mesas imperiales, los pacobás son llamados por mal nombre harta-bellacos. Esta es la primera especie, y dá el fruto en racimos tan grandes, que algunos pesan arroba y media: su substancia y meollo escorreoso, pesado al estómago, y de calidades muy frígidas. La segunda especie llaman de Santa Catalina, cuyo fruto es mas digestible, y aun apetecido de los naturales, y en algo se asemeja el sabor de la pulpa al de la pera.

Mas memorable es sin duda la planta que los Guaranís nombran Iburucuyá, y los españoles por su fruto granadilla, y por lo admirable de su flor, nombran flor de pasion, ó pasionera. Crece á manera de yedra, trepando por los árboles, y traveseando por las ramas se ensalza hermosamente sobre las copas.

El Caaycobé es expresivo egemplar de la virtud mas propia de la humana naturaleza, y por eso la mas delicada. El término Caaycobé significa yerba que vive, y con expresion mas significativa se puede llamar la vergonzosa. Es de agradable vista: se cubre de hoja menuda que la viste de gala, pero con honesta decencia. Si alguno la toca con osada curiosidad, luego se enluta, se sonroja, se encoje y se marchita. No hay esperanza que nuestro caaycobé restaure el hermoso matiz de sus colores, mientras humanas manos la toquen, pero en retirándose estas, se extienden sus hojas, se visten de belleza y matizan de nuevo.

El Caapebá son unas varillas delgadas, vestidas de hojas mas claras y sutíles, que las del Orozus. Como estas varillas son tiernas, y se cargan de muchas manzanillas, al principio verdes y amarillas, cuando sazonan, necesitan arrimo para sustentarse: si lo hallan, se enredan con él, abrazándose con sus ramas: si no lo encuentran, vencida su delicadeza del peso que las oprime, se tienden por el suelo, culebreando por varias partes. Nacen estas varillas de raices profundas, ceñidas á trecho de naturales sortijas que la agracean, muy parecidas á las de la serpiente.

Los polvos de esta raiz, y las hojas de las varrillas molidas, y puestas sobre la parte que picó la culebra y vibora, ó tomando su cocimiento por la boca, son antídoto contra su veneno.