Los holandeses en sus relaciones aseguran que se hallan tambien leones marinos; pero es verosimil, que no se diferencian en especie, y que se les dió el atributo de leones, porque algunos lobos cuando son grandes tienen collar en el pescuezo; el que quisiere podrá llamarlos lobos con collar, ó leones semejantes á los lobos.
Parecidos á estos son los perros marinos, pero en los brazuelos y pies se asemejan á los perros de tierra. Son osados y bravos, y no esperan para morder que los irrite la provocacion de los viandantes. Ellos se ponen en celada aguardando oportunidad, y cuando pasa algun barco salen de sus guaridas y desfogan su enojo mordiendo hasta los remos. Hay tambien caballos marinos, y otras varias especies que se asemejan, siempre con bastante diversidad, á los animales de tierra, pero se denominan con los nombres de estos, por carecer de otros mas propios para indicarlos.
El Yaguazú, animal grande como una mula, busca los lugares profundos: acomete á los animales y hombres que pasan á nado, y se abisma con ellos para tragárselos.
No es menos caribe el Ao, animal anfibio, pero blanco, lanudo y crespo como oveja; con uñas y hábitos de tigre. Andan en manadas, y salen del agua cuando quiere llover y mudarse el tiempo. Hacen presa en los leonas y otras fieras, persiguiendo con tanta velocidad la caza, que ninguno se les escapa. Suelen los animales en la fuga ganar algun árbol, como asilo de seguridad contra el obstinado perseguidor: pero el Ao, ansioso de la presa por el hambre que le aflige, se aplica á descubrir las raices con tanta pertinacia, que no cesa de socavar el árbol, hasta derribarlo.
El Capyibará es el puerco ó javalí de agua, casi del mismo color y tamaño que los de tierra, pero con el hocico menos prolongado. De noche pasta en los campos, y dehesas, pero de dia, especialmente en tiempos frios, se baja á lo mas hondo de los rios. Los indios lo comen, pero lo desangran enteramente para que no hiedan sus carnes. El caiman, al cual los indios llaman Yacaré, es tenido por lagarto de agua. Es anfibio, largo dos ó tres varas, y con hocico de puerco. Hay dos especies, unos negros, veteadas de azul obscuro, y otros bermejos, mas bravos, que acometen para hacer presa. No imitan enteramente á los célebres del Nilo, pero en los nuestros concurren algunas propiedades que los pueden hacer celebérrimos.
La mansion ordinaria del yacaré es el agua, pero harto y lleno, sale á la playa, no lejos de las riberas, buscando en los ardores del sol algun fomento para la digestion. Está cubierto de escamas duras, á manera de conchas, con las cuales dicen se arma para resistir las balas. No es impenetrable su armadura, porque me consta que con tiro de fusil se han muerto algunos, y así es creible, que los que descubrieron impenetrables á las balas las escamas del yacaré, buscaron escusa á su poca destreza en la fingida armadura del caiman.
Su pesca y caza es algo curiosa. Los indios se previenen de una estaca larga á proporcion de lo ancho de la boca del yacaré, con dos puntas agudas hácia las extremidades. Armados con ella, entran al agua, y cuando el caiman abre la boca para acometer, logra el indio la ocasion de clavársela en la boca, por la cual le entra tanta agua, que le ahoga, y el pescador lo saca á la ribera para trozarlo y comérselo.
D. Jorge Juan y D. Antonio Ulloa, curiosos y verídicos indagadores de la naturaleza, en su viage á América, refieren, como testigos oculares, la precaucion de la caimana en esconder el tesoro de sus huevos para ocultarlos de los gallinazos, los cuales con industria y arte se ponen en celada para lograr la ocasion del hurto. Escóndense entre los árboles, donde pueden observar y no ser observados, para que el asalto sea mas seguro. Como la caimana está muy enterada de las astucias de su enemigo, mira y registra con gran cuidado y atencion, si alguno de estos agresores es testigo de sus intenciones, y cuando está falsamente asegurada que no hay gallinazos en celada, pone sus huevos y los tapa con arena, revolcándose con disimulo por toda la vecindad. Pero luego que ella se retira, el astuto gallinazo se deja caer sobre el nido, y con pico, pies y alas remueve la arena, y goza muy á satisfaccion el gran banquete que le previno la caimana, poco próvida en desamparar su indefensa prole, que podia hacer respetable su presencia.
Al caiman es muy semejante en la voracidad á la Palometa, larga palmo y medio, y casi otro tanto de ancho: los dientes tiene dispuestos á manera de sierra, y son fortísimos y tenacísimos. Los Guaycurús hacen de su quijada sierra para cortar palos. Con arma tan poderosa no hay empresa á que no se atrevan las palometas, ni insulto que no cometan en los pescadores, en los nadadores, y en los peces que surcan las aguas. A los pescadores cortan el anzuelo, y en una hora son capaces de deshacerlos aunque sean veinte. En los nadadores hacen tenacísima presa, y no sueltan sino arrancando el bocado.
Cuando D. Manuel Flores, capitan de fragata, entró rio Paraguay arriba, á poner el marco divisorio en la boca del Jaurú, un soldado de Cuyabá hirió un capyibará, y acosado de un perro que le seguia, entró sangriento al agua, y el perro tras él, teñido en su sangre. Acudió luego tanta multitud de palometas, que en pocos instantes, á vista de muchos, los descuartizaron á bocados, dejando los puros esqueletos.