Temible es tambien la Raya, por una espina en la cola que corta como la navaja mas afilada: es de monstruosa y disforme figura, que imita la rueda de carreta, y algunos la igualan en magnitud y grandeza. Sus carnes son poco agradables al gusto, pero los indios comen con apetencia las alas. El Bagre no tiene la espina en la cola como la raya, sino sobre el lomo. Es fuerte, aguda, venenosa y capaz de penetrar las suelas de los zapatos: es de mediano tamaño, la cabeza aplanada, con dos barbotes que le salen á los lados de la boca. El Armado es apetecido por sus carnes, pero estas no las franquea á los incautos, sin experimentar las sangrientas puntas de sus espinas. Es grande una vara, y á veces mayor, todo defendido de puas agudas: la cabeza es monstruosa, larga la tercera parte del cuerpo. Hay varias especies conocidas á los indios, y denominadas en su idioma con particulares nombres.
Por el contrario el Patí, de carne delicada y gustosa, goza del privilegio de carecer de espinas; y así ofrece plato regalado al gusto, sin molestia y sobresalto. En esto tambien le imita el Surubí, de agradable sabor, y de carne mas sólida que el patí, y por eso mas á propósito para conservarse salada. El Pacú es casi redondo, de pequeña cabeza, sin escamas, pero de carne gustosa. El Dorado, á quien el color dió ocasion para el nombre, es de vara, y á veces mas largo. Herido de los rayos y reflejos del sol es hermosísimo, pero la cabeza, que ofrece el bocado mas delicado, es notablemente fea. Boca pequeña, guarnecida con dos andanas de dientes, ojos negros, ceñidos de un círculo sobredorado. Las agallas defienden dos membranas á manera de conchas sobredoradas, depósito y oficina de la substancia mas tierna, mas suave y apetecible.
Al dorado es justo que acompañe la Curbitana plateada, ó como llama el Guaraní, el Guacupá. No es muy grande, será largo como un pié, y suele criar una piedra que se supone eficaz contra el mal de orina. El Peje-rey es sin duda de los de mejor gusto, y su nombre promete un plato delicado. Cuando fresco es el mejor, ó de los mejores peces, y de gusto exquisito. Abundan desde las Corrientes hasta Santa Fé y Buenos Aires, no en todo el tiempo, sino cuando sobreviene al Paraná la creciente de San Juan, y duran los meses de Junio y Julio.
Hay otras muchas especies que cruzan los rios, y sirven de alimento á los naturales. El Manguruyú de color obscuro: las corbinas grandes y de buen gusto: el zabalage, que inunda el rio de Santiago, y en cierto modo inficiona á temporadas sus delicadas aguas. Las tortugas, que abundan en Chiquitos, y entretienen con sus crias agradables y curiosas. La multitud, abundancia y variedad de patos delicados al gusto, entretenidos á la vista, de figura extraordinaria, y exquisita variedad de colores, es materia copiosa que necesita obra separada, y de volumen no pequeño.
§. V.
DE LAS AVES ACUATICAS.
Entre los patos ó pájaros de agua merece particular relacion el Macá (como le llaman en Santa Fé, donde acuden en las crecientes del Paraná) ó como le nombran los indios, Macangué. Un sugeto bien instruido en las curiosidades de la naturaleza duda si el macá, y macangué son de especie diversa: porque el primero es un género de pato, que mas ordinariamente mora y habita en el agua: el segundo participa mas la especie de pájaro que se asemeja á la Chuña, y mas se recrea en la tierra que en el agua: pero uno y otro convienen en el modo de criar sus hijuelos. A estos los toman sobre sí, con ellos vuelan, con ellos caminan y nadan, y no hallan embarazo para sus cuotidianos ejercicios en la carga que fió la naturaleza á su maternal providencia.
El Opacaá, es tambien pájaro de agua, que pasea con magestad las orillas de los rios y lagunas, repitiendo estas voces opa-caá, opa-caá, que significan, “ya se acabó la yerba, ya no hay yerba”. Los indios que observan el canto y voces de animales para sus agorerias, se entristecen grandemente cuando oyen al Opacaá, juzgando que este animalillo les anuncia que ya se acabó la yerba del Paraguay, que ellos tanto apetecen. Si sucede que en efecto se acabe la provision de yerba, admiran la penetracion del animal que alcanzó lo futuro.
El Yahá justamente le podemos llamar el volador y centinela. Es grande de cuerpo, y de pico pequeño. El color es ceniciento con un collarín de plumas blancas que le rodean. Las alas están armadas de un espolon colorado, duro y fuerte, con que pelea. Son amigos de sociedad, y andan acompañados de dos en dos. En su canto repiten estas voces yahá, yahá, que significan “vamos, vamos”, de donde se les impuso el nombre. El misterio y significacion es que estos pájaros velan de noche, y en sintiendo ruido de gente que viene, empiezan á repetir yahá, yahá, como si dijeran: “vamos, vamos, que hay enemigo, y no estamos seguros de sus asechanzas.” Los que saben esta propiedad del yahá, luego que oyen su canto, se ponen en vela, temiendo vengan enemigos para acometerlos.