El Terotero en parte imita la naturaleza del yahá. Repite en su canto estas cláusulas: teu, teu, y por eso con alguna corrupcion, le llaman los españoles terotero, y los indios con mayor propiedad teu-teu. Su habitacion es junto á los rios y lagunas. El color es veteado de blanco y obscuro, los pies largos y colorados. Es por extremo amante de sus polluelos, y cuando alguno se los alza del nido, con osado atrevimiento acomete al que se los hurtó, y es tan impertinente en los asaltos y acometimientos, que obliga al ladron á abandonar su presa. En el encuentro de las alas tiene agudas espinas que juega con agilidad y destreza contra las aves de rapiña, seguro de la victoria si no le oprime y vence la multitud.
§. VI.
DE LOS VOLATILES.
No es menos poblado el aire que las aguas, con inmensa variedad de aves que le cruzan, sosteniendo la gravedad de sus cuerpos en la fluidez de este elemento. Merece el primer lugar el que llaman Rey de las aves.
Son muy pocos los que se hallan de esta especie, y solo se tiene noticia que se encuentran en los montes de Curuguatí. Es del tamaño, ó poco mayor que un gallo, pero sus plumas son un agregado de todos los colores, que presentan á la vista en un solo objeto, cuanto la naturaleza dispensó liberal en la familia universal de todas las aves. Los que frecuentan el Curuguatí, pocos curiosos y atentos de indagar la naturaleza, no nos han comunicado otras propiedades de esta ave: pero es creible que las tenga para hacerla digna de su nombre. En lo demas, si carece de mas atributos, será rey en la apariencia de los colores, pero no tendrá las bellas calidades á que está vinculada la supremacía de las aves.
Mejor la merece un pajarillo, tan pequeño de cuerpo que puesto en balanza no excede el peso de un tomin, y por eso se llama tuminejo. En lengua Quichua le dicen Quentí, en la guaraní, Mainimbií, y en la castellana, picaflor. No hay cosa en este animalito que no sea extraordinaria y maravillosa, su pequeñez, su inquietud y azorada viveza, su alimento y color, su generacion, y ultimamente el fin de su vida.
Entre las aves es la mas pequeña: su cuerpo vestido de hermosas y brillantes plumas, es como una almendra. El pico largo, sutil y delicado, con un tubillo, ó sutil aguijon para chupar el jugo de las flores. La cola en algunos es dos veces mas larga que todo el cuerpo. El vuelo es velocísimo, y en un abrir y cerrar de ojos desaparece, y lo halla la vista á larga distancia, batiendo sobre el aire las alas, aplicado el pico á alguna flor, y chupandole el jugo de que unicamente se mantiene. El vuelo no es seguido sino cortado, y rara vez se sienta sobre los árboles, y entonces se pone en atalaya para espiar las flores mas olorosas, y darles un asalto.
El color es un agradable esmaltado de verde, azul turquí, y sobredorado, que envestido de los rayos del sol, hiere y ofende la vista con su viveza. No se puede negar que en pequeñez y colores se encuentra alguna variedad, pero es mejorando siempre, con un naranjado vivísimo que herido de los rayos solares imita las llamas de fuego. Su nido pende al aire de algun hilo, ó delgada rama al abrigo de los árboles y techos, compuesto de livianos fluequecillos. Es del tamaño de una cáscara de nuez, pero tan lijero que apenas pesará un tomin.
En este nido, domicilio de la mas pequeña de las aves, pone la picaflor hembra un solo huevo. Con su natural calor lo fomenta como solícita criadora, y á su tiempo cuando el instinto de sábia madre le dicta, rompe el huevo, y sale el hijuelo con figura de guzano: poco á poco desenvuelve y desata sus miembros, cabeza, pies y alas, y en figura de mariposa empieza á volar y á sustentarse con la azogada inquietud de sus movimientos. Como no ha llegado á su natural perfeccion, pasa del estado de mariposa al de pájaro, y se viste de plumas, al principio negras, despues cenicientas, luego rosadas, y últimamente matizadas de oro, verde y azul. Algunos curiosos observadores han notado el estado medio, y se han dignado de prevenirme que ellos mismos han visto una parte con figura de mariposa, y otra con la de picaflor.