Entre estas dos especies, la una real por su dignidad, y la otra admirable por su hermosura y pequeñez, es inmensa la multitud de aves con que el soberano Autor de la naturaleza pobló las campiñas, y coronó los árboles.

La multitud de faisanes, la inmensidad de perdices y martinetas, que abundan en algunas partes, nos hace creible que á pocas ó ningunas tierras fué mas pródiga la infinita grandeza del Criador. Las perdices para el regalo y sustento de sus habitadores, algo se diferencian de las de España: pero esa diversidad compensan con la ingenuidad, con la cantidad y facilidad con que se dejan tomar, y en cierto modo provocan á que las cazen. Una sola caña con un lazo de plumas de avestruz, basta para coger en una hora veinte y treinta perdices; siendo tantas, que la multitud embaraza, y cuando se quiere enlazar una, se ofrecen muchas á la vista y á la mano, y no se resuelve el cazador á quien echar el lazo.

Entre las aves de canto, se hallan los gilgueros, las calándrias, los ruyseñores, los canários, y el que llaman los guaranís Tieyubré. Es muy parecido al canário, y con variedad de voces canta dulcemente á la sombra de los árboles. Los cardenales, así dichos por un copete de color de grana que hermosamente corona su cabeza, son de canto suave, pero de brevísima duracion. Los papagayos, todos vestidos de gala con tanta variedad de finísimas plumas, que fuera largo relatarlos. Hácia el Paraguay es tanta su multitud, que espesan como nubes el aire. Estos son los taladores del maíz. Al menor descuido, y en brevísimo tiempo, sentados sobre las cañas, abren las mazorcas, las desgranan, y con pródiga liberalidad dejan caer al suelo la mayor parte de los granos:—ó por conmiseracion á una plaga inmensa de pajarillos que recojen las migajas, ó porque su génio es desperdiciador.

La Chuñá entre las aves tiene muy principal lugar. Es de ánimo generoso, fácil de domesticar, y paga el hospedaje con que le reciben con la dulce melodia de su canto. Imita los puntos de la música, pero invirtiendo el órden, y empezando por donde acaba la escala de los principiantes. No es molesto á sus dueños, y busca su mantenimiento, limpiando las casas y huertas de la sabandijas y viboras que las infestan, con utilidad de los amos, y diversion de los que miran su artificio en cogerlas. Tómalas mas abajo de la cabeza, y luego las estrella fuertemente contra alguna piedra, y cuando la tiene fracasada, acaba de quebrantarla y se la come. Lo mismo hace con los caracoles; pero si le ponen un huevo, lo deja caer con suavidad, y se lo come con gusto. En medio de tan buenas calidades, cuando se irrita, encrespa las plumas y se lanza á los ojos del muchacho, perro y animal que lo provoca.

El Cochi entre las aves de esta provincia es la de mejor canto, y á todos excede en sus trinos. La figura promete poco, pero bajo de un color oscuro, casi semejante al de los tordos, conserva una voz suave, clara, alta y delicada con que entretiene á los aficionados. Se domestica facilmente, y por todo pasa con mansedumbre y sin enojo, con tal que al tiempo de la cria ninguno se acerque al nido, porque entonces el celo de sus hijuelos, le obliga á traspasar los términos del acatamiento, y no descansa hasta señalar con el pico la cabeza del que se arrima confiadamente.

A las aves de canto se siguen otras de raras propiedades. El pájaro Campana, Guyrapú llaman los indios, propio de la serrania del Tape: es pequeño del cuerpo, de pluma blanca, y menor que una paloma. Ocupa siempre las copas de los árboles, al reparo de las ramas para que no le tiren los cazadores. Lo particular es el canto, que imita con propiedad al repique de campanillas de plata. Carpintero dicen á un pájaro pequeño, de color oscuro, con gargantilla, ó collarin amarillo, en unos azul, en otros negro, de pico colorado y amarillo. Anidan en los árboles mas duros, abriendo con el pico concavidad suficiente en los troncos para su domicilio. Sacuden con tanto aire los árboles con la dureza de sus picos, que imitan propiamente los golpes de acha, con que un robusto carpintero desbasta á fuerza de brazos las superfluidades de los maderos.

Peregrino es el Guacho, á quien dió el nombre su mismo canto, que articula esta voz: guacho! Es del tamaño de las golondrinas, pero el color es pardo. El nido fabrica de barro en los montes espesos, y mas ordinariamente en serranias ásperas y escarpadas.

El Tunca, mas afortunado que los demas, pues ha subido á ser una de las constelaciones del mar del sur, es pájaro negro; camina á saltos, y tiene pico ancho casi dos dedos, listado de amarillo y colorado. Los ojos hermosean dos círculos de plumas, uno de blancas y otro de azules, y debajo de la cola sobresalen algunas de finísima grana. Tiene mortal enemistad con los Cochis, cuyos polluelos persigue con sobrada porfia; pero los Cochis, amantes de sus hijuelos, salen á la defensa, y se traba entre los dos una muy reñida contienda.

Entre las aves que deleitan con la hermosura de sus colores, se ofrece una cantidad innumerable de ellas, tan várias y peregrinas, como esmaltadas. La provincia de Tucuman no abunda tanto de estas bellezas y rasgos naturales del soberano pincel, pero el Paraguay á cada paso ofrece un prodigio, y en cada prodigio una peregrina novedad. El carmisí en el Nahaña y Araguyrá, el verde en el Mbaitá, el blanco en el Tapenduzú, el azul en el Piriquití, el blanco con el obscuro en el Curetey, el negro con el amarillo en el Chichuy, y el conjunto y complexo agradable de todos los colores en el Urutí.

Entre las aves de rapiña se encuentran las aguilas de magestuoso vuelo, tan felices en la elevacion, como precipitadas en dejarse caer sobre la presa. Los halcones rapaces, veloces en el vuelo y acelerados en el robo. Los gavilanes rampantes, con garras sangrientas para despedazar la caza. Los caracarás presumidos, especie média entre aguila y halcon, de magestuoso paso y rápido vuelo. Los gallinazos carniceros, que participan las propiedades del cuervo, tan desgraciados por su figura, como insaciables con lo que encuentran: siempre comiendo lo que hallan, y siempre hambrientos. El crecido Condor, mayor que los cuervos y buytres de Europa, y tan grande, que de punta á punta de las alas tiene tres y cuatro varas: tan atrevido, que despedaza una ternera: tan avisado, que acomete por los ojos, y sacados, rompe con la dureza de su pico el cuero, y se acaba la ternera.