Semejante al Oso-hormiguero en cargar su tierna familia, es el Sucarath, animal propio de la provincia patagónica. Es singular su figura: tiene cara de leon, que declina en la semejanza humana, con barbas que arrancan desde las orejas. Su mole es corpulenta hácia los brazuelos, y estrecha hácia los lomos. La cola larga, bien poblada de cerda, le sirve para defender y tapar sus cachorros que carga sobre el lomo, para repararlos con la fuga de los cazadores: pero estos abren hoyos profundos, y cierran la boca con ramas, disimulando el artificio de las trampas. El Su, ó Sucarath, ciego en la fuga, é incauto en la defensa de sus hijuelos, pisa sobre las endebles ramas, y con ellas se cae á lo profundo. Como no puede salir, y teme que sus cachorros vengan á manos de los cazadores, convierte sus iras contra los hijuelos, y con bramidos espantosos procura amedrentar los cazadores. Pero estos sobre seguro le atraviesan con flechas, y se utilizan de los cueros contra los excesivos frios del país.

El carnero de la tierra, que en el Perú dicen Llama, es especie de camello, menor un tercio, pero sin tumor, ó corcova que lo desfigure. No tiene color determinado, y la especie admite indiferentemente toda la variedad que se observa en los caballos. Algunos hay blancos y negros, otros pardos y cenicientos. Sirve para el carguio, y como el peso no exceda de tres para cuatro arrobas, y le dejen caminar á su paso, transportará lejos las cargas, caminando tres para cuatro leguas por dia. Cuando se cansa, confiesa humildemente su debilidad, echándose con la carga; pero si el conductor porfia en levantarlo, saca del buche una especie de escremento, y lo arroja á la cara del arriero.

El Guanaco tiene algunas propiedades del camello. Cuello largo y erguido, color castaño; lana corta y áspera, pero inutil para los tegidos. Andan en tropillas, y para que todos pasean sin sobresalto, vela uno por todos, y en descubriendo gente, relincha, y previene á los demas que esten alerta, porque se descubren enemigos.

El Micuren es animal pequeño, pero caracterizado, con una propiedad que le singulariza notablemente. En el ombligo cria una bolsa, donde recoge sus hijuelos, y los abraza con dos membranas gruesas que cierra y abre, encoge y extiende segun los diversos ejercicios á que le destinó la naturaleza. Cuando se vé acosado, recoge en la bolsa los hijuelos, y como la cárcel de carne es su ordinario domicilio, no extrañan el encerramiento; y mientras la madre pelea con esfuerzo y vence á sus enemigos, ellos se estan mamando con toda quietud y sosiego. Pero luego que la victoriosa combatiente ausentó á su enemigo, abre la bolsa, y suelta los hijuelos para que participen el fruto de la victoria.

Entre las varias especies de conejillos propios del país, unos domesticos que se dicen Coyes, otros campestres que llaman Apereas, el Cira por sus malas propiedades es muy célebre: es el corsario de las selvas, y perseguidor de los ciervos, contra los cuales arma celadas y los asalta, aferrándose con tanta tenacidad del suceso, que no suelta hasta sacarle los intestinos. Las viscachas, asoladoras de los trigales, son otra especie de conejos grandes. Tienen largo y ralo el pelo á manera de cerdas, con bigoteras prolongadas en el hocico: los pies son cortos, pero los menean con agilidad en la fuga. Habitan en profundas y subterraneas cuevas, con division de piezas altas y bajas para su morada. No salen de dia, pero de noche dejan su retiro y salen á la campaña á juguetear entre sí con fiesta y algazara.

El animal á la vista mas placentero es el que llaman Zorrino. Su figura es de perrillo de faldas, manchado de varios colores, y algunos con listas sobre el lomo. El hocico es puntiagudo, y su habitacion en cuevas subterraneas, que socaba con las uñas, ó entre piedras donde se esconde. Es halagueño, y tan agraciado que convida á que le agarren, y solo su vista aviva la gana de tomarlo con las manos, y ensenarlo en el pecho. Algunos que ignoraban sus propiedades, prendados de su natural agrado, le han agarrado, y con la experiencia conocieron, que bajo de una hermosa apariencia se encubre un hediondez insufrible. Esta es la única arma de que le proveyó la naturaleza: porque tardo para la fuga, y pesado en el movimiento, cuando se vé perseguido, derrama de un depósito que tiene de humor ardiente y fétido algunas gotas, con las cuales detiene al agresor. Si tal vez sucede que las gotas alcanzan al perro que le persigue, se enfurece, se inquieta, se revuelca como desesperado contra el suelo, y no halla descanso, hasta que el hedor se evaporice.

No es menos célebre el Tatú, parecido en la figura á un pequeño lechoncillo, pero las orejas semejantes á las de mula, de adonde le viene el nombre de Mulita. El cuerpo por la parte superior está cubierto de conchas, con labores resaltadas que distinguen los colores pardo y claro sobre el obscuro. Estas conchas ó láminas tienen muelles y resortes, de que se sirve para cerrarlas y abrirlas á su placer, segun las ocurrencias y necesidades. Cuando se vé acosado, se arma de sus conchas, de donde le vino el nombre de Armadillo: cerrando las láminas, y metiendose enteramente dentro de ellas, forma una bola, de donde se le originó el nombre de Bolita. Esta es casi la única arma para reparar los acometimientos del enemigo. En estas conchas estrechamente enlazadas, y unidas entre sí, se quebrantan las armas de sus agresores, y con ellas solas se repara de sus asaltos.

El Quirquincho es muy semejante al Tatú; pero se diferencia en que, por los muelles de las conchas y por el vientre, le salen unos pelos largos á manera de cerdas. Mantiénese de carne, pero se ayuda de la industria para la caza. Cuando llueve se vuelve boca arriba para recoger agua. En esta postura se mantiene hasta que algun venado ó cervatillo, afligido de la sed, llega á beber. Cuando éste satisface ansioso la sed, cierra su concha, y apretándole el hocico y narices, le sofoca con la falta de respiracion. Es creible que tenga otro modo de alimentarse; porque en los meses de seca, en que no puede recoger agua del cielo, esta industria es inutil, y solo buena para perecer de hambre. Así el quirquincho como el tatú, son admirables en la prontitud con que profundan en tierra. Algunos aseguran que en sola una noche prolongan su cueva hasta una legua: yo no me atrevo á tanto, contentándome con decir que una legua se camina fácilmente, y con dificultad se socava.

Monos hay de varias especies, diversos en el color y varios en el tamaño: son muy ligeros, y saltan de árbol en árbol, y de rama en rama con agilidad extrema. Cuando el árbol, á donde quieren pasar, está muy distante, se toman por las colas, formando y tejiendo una soga larga, que pende hácia abajo, y cimbrándose á un lado y al otro, no paran de este egercicio, hasta que el último de ellos se prende en el otro árbol. Como sobre la habilidad de este descansan los demas, luego que asegura alguna rama, les comunica la nueva con grande algazara, y les previene que pueden desprenderse del un árbol, y trepar con seguridad al otro.

Los Carayás son los mayores, y puestos en dos pies, igualan la estatura de un hombre: son muy atrevidos. Los indios están persuadidos de que fueron hombres, y se transformaron en monos por sus enormes maldades; y añaden, que sabiendo hablar, callan maliciosamente, ¡porque los españoles no les obliguen al trabajo! Sobre la ligereza para huirse cuando se vén perseguidos, tienen una arma defensiva, y en cierto modo ofensiva, que la juegan con acierto, tirando con la mano el escremento al rostro del que les persigue.