Cuanto es corpulenta el Ampalaba, tanto es pequeño el Uguayapí, especie de víbora, de veneno tan activo, que en pocas horas mata: con esta víbora tiene irreconciliable enemistad el Macangué, el cual del ala hace rodela, y metiendo el pico por entre las plumas, se arroja sobre el Uguayapí, y le acomete. Pero la viborilla se vale de agilidad y viveza para eludir los asaltos del Macangué, y herirle donde puede, derramándole en la sangre su mortífero veneno.
La Víbora de dos cabezas es larga media vara, y gruesa igualmente por las dos extremidades: sobre el campo ceniciento, que cubre toda la piel, se forma un jaspeado de colores obscuros poco vivos. Cuando quiere avanzar terreno y saltar para herir, forma una media luna, y estribando sobre la barriga, se tira á larga distancia, con un resorte, que sin duda procede de algun muelle ó juego particular que tienen los huesos del espinazo. Es muy temido su veneno, y mas lo fuera, si como se dice, tuviese dos cabezas. Yo lo he observado con exquisita diligencia, y noté que la una es real y verdadera, y la otra de perspectiva, pero tan viva y admirable, que engaña y hace creer que la pintada es verdadera.
Víboras frailescas llaman á unas de color pardo ó ceniciento, largas mas de vara, y algunas gruesas como la muñeca: su veneno es mortal, y son temibles, ya porque atacan sin ser hostigadas, ya porque cruzando los caminos, las confunde el color con la tierra, y no dan lugar á prevenir sus acometimientos. Corales llaman en algunas partes á otra especie veteada de pintas negras, amarillas, verdes y azules, de tanta viveza que cuando caminan hieren la vista con la repercusion de los rayos solares. Hay otras muchas especies de culebras, víboras y lagartos, unas venenosas, otras que no lo son, y á estos últimos pertenece la Iguana, cuya descripcion se halla en varios autores.
§. IX.
DE LOS INSECTOS.
A estos animales son inmediatos otros que justamente llamamos plagas infestadoras. Las langostas, que talan los sembrados, y pelan los árboles, merecen especial relacion, no por lo particular de la especie, sino por la multitud que llega á cubrir el horizonte mas de lo que alcanza la vista. Cuando saltona cubre enteramente la tierra: yo he visto plaga que tapizaba la campaña á lo largo de mas de diez leguas, cubriendo la superficie de la tierra, los troncos y ramas de los árboles. Es animal voracísimo, siempre comiendo y nunca satisfecho, porque cuanto recibe, tanto arroja y despide. Es increible la prontitud con que talan la huerta, ó monte donde hacen asiento, y en el espacio de pocos minutos he visto pelar un bosque espeso, supliendo la voracidad y multitud á la pequeñez del talador.
Las hormigas son otra plaga, conjurada contra los sembrados y esfuerzos de los labradores. Las unas por comunes no merecen particular mencion; pero sí las otras, y entre ellas el primer lugar ocupa el Tahíro, de extraña pequeñez, color negro y azogada viveza. Sale cuando quiere llover, y así son prenuncios de lluvia inminente. Luego que abandonan sus cuevas, cuidan de buscar los escondrijos, y agujeros, que son morada de grillos y otras sabandijas; no para fijar su alojamiento en ellos, sino para apoderarse de su lejítimo dueño, y prevenir en sus carnes un regalado banquete. Como son muchos, y la multitud hambrienta de Tahiros recarga sobre ellos, inexorables á sus quejidos, y sin dar cuartel á nadie, con todos acaban. Si acontece que entran en la cama del que duerme con reposada quietud, presto le despiertan, y por via de composicion es necesario desocupar el lecho, y mudar alojamiento por no verse acosado por estos animalejos.
Otras hay que los Guaranis llaman Yzau, y merecen el nombre de taladoras. Tres estados podemos distinguir en ellas: el primero cuando chicas recien salidas del huevo: estas cuanto tienen de pequeñas, tanto tienen de rabiosas, y se ceban con insaciable hambre en lo que encuentran. Desdichado el muchacho que hallan descalzo: le acometen, le hincan sus agudos dientes, y por mas diligencias que ponga en desprenderlas, no sueltan hasta ensangrentarle. Estas tienen la incumbencia de abrir el agujero, y ensancharlo para que las mayores salgan sin tropiezo, y tengan algun descanso en la fatiga laboriosa de su agradecida familia.
Por el agujero salen unas hormigas con alas á manera de abispas, y en ellas se verifica, que para su mal le nacen á las hormigas las alas: porque ó son de limitada duracion por naturaleza, ó acaban sus dias en el vientre de los pajarillos, especialmente de la tijereta, que halla delicado pasto en estos volantes ejércitos. Tras estas salen otras que constituyen el tercer estado, y son las madres hormigas, que solo toman alas para dilatar con nuevas colonias la familia, y buscar lugar retirado para el establecimiento de una poblacion numerosa. Es poco lo que vuelan, porque luego pierden las alas, y ellas caen á tierra con el peso de una bolsa, grande como un garbanzo, que encierra los huevos destinados á propagar la especie.