§. V.

GOBIERNO DE D. DOMINGO MARTINEZ DE IRALA.

1540-1542.

Elevado al mando, entendió en el desempeño del oficio. El fuerte mal murado erigió en ciudad: repartió solares, y señaló oficiales para las maniobras, con superintendentes que acalorasen las fabricas. Dió el primer lugar al templo, principal desvelo de los españoles, y se consagró á la triunfante Asumpcion de Nuestra Señora. Para todo ayudaron los Guaranís amigos, tan escrupulosos en la observancia de las capitulaciones, que excedian los términos de la obligacion, y tan obsequiosos en el agasajo de los españoles, que ofrecian sus hijas para el servicio, y con ellas pasaron la vida en concubinatos escandalosos muchos años.

Tucuman, provincia de la América Meridional situada en la zona templada, menos por la extremidad que toca con la torrida, corre norte á sud trescientas leguas, y doscientas de oriente á poniente. Parte términos con el Rio de la Plata y Paraguay, y por el oriente se dilata al poniente hasta las Cordilleras chilena y peruana: al sud deslinda con Buenos Aires en la Cruz Alta, llegando á confinar por este lado con la tierra de Patagones por las interminables campañas que le corresponden, y al norte se interna hasta las vecindades del Perú por el corregimiento de Chichas, y varias provincias de infieles que nunca subyugó el valor español.

Sobre el nombre Tucuman discurren variamente los etimologistas. Unos le hacen diccion compuesta de tuctu que significa todo, y de la negacion mana: esto es “nada de todo”: añadiendo que con estas palabras respondieron al Inca su exploradores enviados á registrar, si estas tierras eran fecundas en minerales. Otros afirman, que preguntando los soldados de Pizarro si en estos paises se hallaba plata? respondian los indios no hay, manan: si oro? manan, tampoco. Entonces irritados los españoles dijeron: tucuimana, tucuimana: “á todo respondeis que no hay.” No se duda que semejantes casualidades bastan para la imposicion de nombres: pero en nuestro caso se descubre orígen mas evidente, expresado en antiguos protocolos.

Al tiempo de las conquistas reinaba Tucumanahaho, cacique principal y Señor de Calchaquí. Tucumanahaho es diccion compuesta de Tucuman nombre del cacique, y de ahaho que en lengua Kakana, usual en Calchaquí, significa pueblo: juntando las dos voces en una diccion, significan “pueblo del cacique Tucuman”. Esta inteligencia es conforme á la propiedad del idioma kakano, que incluye el nombre de los caciques reinantes en el de las poblaciones que señorean; como se vé en Colalahaho, Taymallahaho y otros; imitando en esto á los griegos, que decian, Constantinopolis, Adrianopolis &a.: propiedad que trascendia á otros idiomas de Tucuman, como se registra en la lengua Tonocoté, en la cual gasta, significa “pueblo” en las dicciones Nonogasta, Sañogasta, Chiquiligasta: y en la lengua Sanabirona, en la cual zacat tiene la misma significacion en Chinzacat, Nonzacat, Anizacat, Sanumbuzacat, pueblos de estos caciques.

La noticia de Tucuman, bajo de este ó de otro nombre, corria en el Perú con generalidad, y entre los conquistadores del Paraguay estaba muy valida la fama. No se sabia con distincion la cualidad del terreno, pero la codicia descubria ricos minerales que avivaban el deseo de emprender su conquista. Los Argentinos, desde el tiempo de Sebastian Gaboto, enviaron cuatro exploradores cuyo capitan era César, para registrar lo interior del pais, y recibidos pacíficamente de los indios, penetraron hasta los confines del Perú.

Por el extremo opuesto, pasando á la conquista de Chile, tocó en los términos rayanos de Tucuman D. Diego de Almagro el Viejo, héroe entre las mayores felicidades desgraciado, el cual se ofreció en el Cuzco, por via de composicion con D. Francisco Pizarro, á emprender la conquista de Chile, reino opulento con fama de riquísimo en minerales. Para lo cual juntó quinientos y cincuenta soldados, y llevó en su compañía al Inca Paullu, hermano de Manco Inca, y al sumo Sacerdote Vallacumú, personas distinguidas por su dignidad, que podian ser útiles para facilitar esta empresa. Caminaban en su obsequio quince mil indios peruanos, parte soldados y parte destinados al transporte de armas, municiones y bastimentos, bien instruidos del Inca en la comision de su empleo.