Entre todos los establecimientos que corrian á cargo de la Sociedad, los que mas llamaban su atencion eran las misiones del Paraguay, que se hallaban en un estado de prosperidad extraordinaria. La extension que habian adquirido en su último periodo, hacia indispensable el aumento de operarios, los que se procuraba escoger entre los mas aprovechados, para servir de maestros en los colegios establecidos en Buenos Aires, en la Asumpcion y en Córdoba. En esta clase fué comprendido el P. Guevara, llamado á ocupar la cátedra de filosofia en uno de estos noviciatos. En ninguna época la Provincia del Paraguay[3] habia contado con hombres mas eminentes. Cardiel, Lozano, Quiroga, Falkner, Dobrizhoffer, gozaban de una reputacion que no han desmentido sus obras. Mas jóven que ellos, el P. Guevara fué destinado á ser el historiógrafo de su órden, cuyo cargo habian desempeñado sucesivamente los PP. Pastor, del Techo, Cano, Peñalva, y el mas indefeso de todos, el P. Lozano.
Aunque en los escritos de sus predecesores se tratase prolijamente de la fundacion y de los progresos de las misiones, quiso el P. Guevara volver á indagar su orígen, y el estado primitivo de las tribus, que bajo el yugo suave del evangelio habian depuesto la ferocidad de sus antiguas costumbres. Este cuadro rápido, pero verídico, de la época anterior á la conquista, acredita acierto en la eleccion de los materiales, método en su distribucion, y una reserva recomendable en hablar de hechos sobrenaturales é improbables: prendas poco comunes en nuestros historiadores, y realzadas por un lenguage fácil, correcto y elegante, en el que no hemos podido hallar los defectos que le nota Azara, cuyos sarcasmos son inmerecidos.[4]
En el cotejo que él hace entre Lozano y Guevara, solo un espíritu preocupado, ó un juez inexperto, pueden hallar superioridad en el primero. Prolijo en las narraciones, lánguido y descolorido en el estilo, el P. Lozano ha comprometido la dignidad de la história por la facilidad con que ha acogido las tradiciones vulgares, por mas estrañas y absurdas que fuesen. Guevara no es absolutamente libre de este reproche; pero su candor tiene sus límites, y cuando los salva no es por exceso de credulidad, sino porque no se atreve á dudar de lo que aseveran testigos presenciales. Sin embargo, en la cuestion de los Césares, despues de haber discutido con independencia todas las opiniones, declara imposible su existencia, acreditando buen sentido y cordura en sus argumentos. Tal vez su carácter religioso le impedió expresarse con la misma libertad en materias mas graves.
Personas que nos merecen crédito nos han asegurado, que lo que queda del P. Guevara es apenas la mitad de lo que habia escrito; y que la segunda parte de su história, talvez la mas interesante, por contener los sucesos de una época mas cercana, le fué arrebatada en Santa Catalina,[5] donde le sorprendió la supresion de su instituto, en compañia del P. Falkner, autor de una obra que hemos publicado en el 1.er tomo de nuestra coleccion. Se añade tambien, que entre las várias instrucciones comunicadas al gobernador Bucareli, para llevar á efecto la expulsion de los Jesuitas en estas provincias, se le mandaba de recoger y enviar á España el manuscrito de la história del P. Guevara. Esta comision fué desempeñada por el Dr. D. Antonio Aldao, letrado de crédito de aquel tiempo, y cuya presencia no bastó á preservar de la dispersion y del pillage tantos documentos preciosos del saber y de la aplicacion de la Sociedad que habia civilizado estas provincias!
El P. Guevara, fiel á su mandato, habia enlazado los acontecimientos políticos que publicamos, con los de la Compañia de Jesus, de cuyos detalles hemos prescindido, por hallarse registrados en la voluminosa obra,[6] que con este mismo título y objeto dió á luz el P. Lozano.
El manuscrito de que nos hemos valido, pertenece á la selecta biblioteca del Señor Canónigo, Dr. D. Saturnino Segurola, á quien volvemos á tributar publicamente nuestra gratitud, por el vivo empeño que toma en el buen éxito de nuestra empresa.
A mas de esta copia, tenemos noticia de otras dos que existen en Buenos Aires: la una en la biblioteca pública, y la otra en poder de la familia del finado D. José Joaquin de Araujo. En el convento de los PP. Domínicos de los Lules, en la provincia de Tucuman, deberia conservarse el egemplar que les ofreció el autor, por la cariñosa hospitalidad que le dispensaron; y no seria improbable que fuese este el mas completo de todos los que hemos mencionado.
Cual fué la suerte del P. Guevara, despues de la expulsion:—donde y cuando acabó sus dias, lo ignoramos igualmente; y hemos solicitado en vano la obra del P. Diosdado Caballero, que por haber descrito la vida literaria de los últimos jesuitas, deberia haber recogido estas noticias.
PEDRO DE ANGELIS.
Buenos Aires, 15 de Mayo de 1836.