§. VI.
GOBIERNO DE D. ALVAR NUÑEZ CABEZA DE VACA.
1540-1544.
Mientras Irala con prudente acierto promovia las cosas, fué provisto Alvar Nuñez Cabeza de Vaca con título de Adelantado. Era nacido en Xerez de la Frontera, avecindado en Sevilla, nieto de Pedro Vera, gran conquistador de la Canaria. Estimulado con el ejemplo de sus mayores, pasó á la Florida en la desgraciada jornada de Panfilo de Narvaez, con título de Tesorero real. La expedicíon es célebre por infeliz, y nuestro héroe recomendable sobre todos por sus virtudes.
Este varon ilustre, pues, salió de San Lucar á 2 de Noviembre de 1540, con cuatro navios y cuatrocientos soldados, y al siguiente año abordó á la isla de Santa Catalina, de la cual en nombre del invictísimo Emperador Carlos V. tomó posesion por España.
De este puerto Alvar Nuñez despachó la mayor parte de la gente por agua á la Asumpcion, á donde llegó sin memorable suceso, al frente de doscientos y cincuenta arcabuceros y ballesteros, veinte y seis caballos, y algunos isleños de Santa Catalina; cortando el camino por tierra, al principio por despoblados y soledades, y despues por varias naciones. Diez y nueve dias tardó en llegar á las primeras tolderias, que llaman de los Camperos, en los confines de Guayrá sobre el nacimiento del Iguazú, pero como el terreno era montuoso, se ganaba á fuerza de brazos, talando bosques que embarazaban el paso y obligaban al desmonte.
Salieron despues á terreno despejado, pais de los Camperos, cuyos reyezuelos Añiriry, Cipoyay y Tocanguazú se esmeraron en el recebimiento del Adelantado, ofreciendo libremente bastimentos. Alvar Nuñez agradeció el donativo, y firmadas con ellos las paces, tomó posesion del terreno, y lo denominó provincia de Vera. Prosiguió su camino hasta caer al Iguazú, rio caudaloso. Aunque los habitantes eran por naturaleza feroces, poco hospitaleros y enemigos irreconciliables de los extrangeros, á los españoles recibieron humanamente, proveyéndoles de viveres en abundancia.
Los caballos hicieron ruidosa harmonia en su imaginacion, y porque temian su braveza, procuraron amansar su ferocidad con miel, gallinas y otros comestibles que les ofrecian, rogandoles á que no se irritasen contra ellos, que les traerian comida copiosa. ¡Ingenua sencillez, compatible con la primera vista! Sosegados los caballos, los indios, las indias y los muchachos concurrian en grandes tropas á ver un animal que hizo temible la novedad, y pasada esta, deleitable su natural inquietud y alboroto.
Siguió el Adelantado su camino, unas veces desmontando, otras esguazando rios, y aplicando el artificio de puentes. Dia hubo en que se levantaron diez y ocho para atravesar los frecuentes tributarios del caudaloso Iguazú. Entre tantos peregrinos objetos, suavizaban las penalidades que ofrecia el terreno árboles de altura desmedida, y corpulentos á correspondencia; pinos que se perdian de vista, tan gruesos, que cuatro hombres con los brazos abiertos no alcanzaban á ceñir la circunferencia; monos de varias especies, traveseando juguetones de rama en rama, y saltando placenteros de árbol en árbol. A veces se desprendian por la cola, y pendientes al aire se egercitaban en desgranar piñones, derribándolos al suelo para comerlos despues con descanso. Afan verdaderamente penoso, pero á veces sin fruto; porque cuando bajaban festivos á gozar el fruto de su laboriosidad, los puercos monteses, que se ponen en celada, salen de sus guaridas, se arrojan sobre los piñones y con inalterable serenidad consumen las provisiones de los monos; los cuales, como hambrientos, ganan los pinos, y gritan inutilmente contra los consumidores de sus diarios alimentos: pero ellos sordos á quejas tan justas, continuan su egercicio, hasta que consumidos los piñones, se ponen en celada para repetir segunda y tercera vez el asalto. Mas adelante se atravesó un cañaveral de cañas gruesas como el brazo, y en partes como el muslo. Los cañutos, unos depositaban gusanos largos, blancos y mantecosos, buenos para hartar el hambre, otros atesoraban agua buena y cristalina con que apagar la sed.