Con esto dió vuelta el capitan Mendoza, y poco despues llegó Hernando de Rivera, enviado del Adelantado, con un bergantin, y cincuenta españoles para seguir el rumbo de poniente, y penetrar lo interior del pais. Veinte y un dia caminó por agua y tierra, avanzando en las jornadas, segun permitia la espesura de los bosques: sucediendo á veces que apenas se caminaba una legua, que primero se desmontaba con imponderable teson. Llegó á los Travasicosis, entre los cuales se hacia concepto de lo precioso, colgando por vanidad piezas de oro y plata de las orejas y labio inferior. Tomóse lengua de ellos, y se supo que distaban tres jornadas los Paizunaes, que comerciaban con los españoles del Perú, y que en su pueblo se hallaban algunos de ellos.
Alguno de los compañeros de Hernando de Rivera es el inventor del famoso Paitití, por otro nombre imperio del Gran Mojo. Es el Paitití, un riquisimo imperio situado mas allá de los Xarayes, en la derecera del Dorado, orígen, como algunos falsamente creen, del rio Paraguay. Está dicho imperio aislado en medio de una gran laguna, cuya circunferencia ciñen montañas de inestimable riqueza. Los edificios son todos de piedra blanca, con division de calles, plazas y adoratorios. Del centro de la laguna se levanta el palacio del Emperador Mojo, superior á los demas en grandeza, hermosura y riqueza. Las puertas del palacio defienden leones aherrojados en cadenas de oro; los aparadores y bajillas tambien de oro sirven á la grandeza y ostentacion del monarca.
Estas y semejantes intenciones publicaron los antiguos, y renuevan los novelistas del Gran Mojo, aquellos sobre la fé de un testimonio primeramente escondido, y despues honrado con la luz pública, y estos sobre el dicho de los antiguos. Pero leidos los que tocan este punto, y enterado de la geografia del terreno, se vé que el Paitití es un imperio fabuloso, que no tiene cabida en toda la América, y que sus inventores no merecen elogio mas honrado que él de soñadores. Restituido Hernando de Rivera al puerto de los Reyes, donde el Adelantado y su comitiva le esperaban, se restituyeron todos á la Asumpcion, la cual se convirtió en teatro funestísimo; porque los oficiales reales sentidos contra el Adelantado trataron de vengarse de un hombre que merecia estatua por su rectitud, justicia y cristiandad. Incierto es que papel hizo Domingo Martinez de Irala en esta tragicomedia. Unos le hacen cabeza, otros complice, mientras que Rui Diaz de Guzman le libra de toda nota. Lo que no admite duda es, que el contador Felipe Cáceres, y los oficiales reales Garcia Venegas, Alonso Cabrera y Dorantes, con muchos caballeros y plebeyos, se fueron por Abril de 1544 á la casa del Adelantado, y clamando: Viva el Rey, y muera el mal Gobierno, le aprisionaron, y asegurado con grillos le metieron en la cárcel de los malhechores, dando libertad á muchos á quienes sus delitos tenian en su merecido lugar.
El baston del gobierno se entregó á Domingo de Irala, de quien escribe Rui Diaz de Guzman que se hallaba actualmente tan enfermo que ya habia recibido todos los sacramentos: motivo porque reusó el cargo, temiendo en semejantes circunstancias embarazarse en negocio tan ruidoso. Pero añade el autor, que estando ya oleado, fue sacado á la plaza para empuñar el baston. Narracion que da fundamento para creer que Irala fingió la enfermedad que no tuvo, y que Rui Diaz, como nieto, por liquidar la inocencia del abuelo no reparó en la inverosimilitud de las circunstancias con que vistió su elevacion al gobierno.
El Adelantado toleró diez meses el rigor de la prision, con paciencia tan cristiana que no desplegó sus lábios para la queja. Los leales al Rey (nombre entonces odioso) se ausentaron á los montes, donde vivieron algunos meses con increibles penalidades. Algunos fueron ahorcados, pagando su lealtad con pena capital de infames. Solo el delito gozaba inmunidad, y á todos era lícito cuanto licenciaba la autoridad, codicia y lujuria. A la milicia se indultó libertad para todo arrojo, autorizando sus desafueros contra los indios, á los cuales enteramente se desamparó, permitiéndoles juntar á las obligaciones de cristianos, ritos de gentiles.
Pasados los diez meses acordó Irala despachar el Adelantado á la corte. Con él se embarcó el veedor Cabrera y el tesorero Vanegas. Lope Ugarte pasó con título de agente de Irala. El bergantin se hizo á la vela, y entrado en alta mar combatieron los elementos cuatro dias al frágil vaso sin esperanza de tranquilidad. Todos temian la muerte, especialmente los reales oficiales á quienes atormentaba la mala conciencia. Atribuyendo la tormenta á superior causa, y al castigo que les preparaba la divina justicia, confesaron públicamente su delito, y arrojados á los pies de Alvaro Nuñez le quitaron los grillos, publicando los falsos testimonios que habían jurado contra él.
Determinaron restituirse luego á la Asumpcion para reponer en sus honores al Adelantado, por cuya inocencia militaba el Cielo: y así lo ejecutáran, si Pedro Estopiñan, primo del Adelantado, no les animára á proseguir la navegacion. En efecto se continuó con prosperidad. Mas los oficiales reales, libres ya del mar y de sus tormentas, tomada otra determinacion, presentaron en el Real Consejo de Indias los autos contra el Adelantado. Pero, mientras ellos procuraban oprimir al inocente, Dios castigó severamente á los culpados. Garcia Vanegas murió repentinamente y Alonso Cabrera enloqueció de pesadumbre.
Al tiempo que la dívina justicia castigaba los calumniadores de Alvar Nuñez, la humana en revista de autos justificó sus procederes, y honró los últimos años de su vida con el ejercicio de Oidor en la audiencia de Sevilla. Fué el Adelantado uno de los hombres mas juiciosos de su siglo: recto, prudente, entero y de sano corazon. Celoso de propagar la fé entre los infieles, y rigido observador de costumbres arregladas entre los cristianos: con los pobres piadoso, con los infieles benigno, y fuerte con los desreglados. A los ministros del Altísimo obediente, al Rey fiel, y á Dios temeroso. Prendas que no bastaron á hacerle respetable á la fortuna perseguidora de hombres grandes. La Florida lo cautivó con inhumanidad, la Asumpcion lo aprisionó con infamia; pero en una y otra parte fué egemplar de moderacion, mas respetable entre los indios de la Florida, que entre los españoles de la Asumpcion.