SEGUNDO GOBIERNO DE D. DOMINGO MARTINEZ DE IRALA.
1545-1556.
Mientras se decidía la causa del Adelantado, en el Paraguay la disolucion y el desgarro de costumbres eran grandes. Los indios se aprovecharon de la oportunidad, y en número de quince mil sentaron su campamento en la vecindad de la Asumpcion. Irála les salió al encuentro con trescientos españoles y mil indios auxiliares, y tomándole en medio los enemigos que peleaban desesperadamente, rompió con la caballería á los infieles con tanto estrago y terror, que muertos dos mil amotinados los demas se arrojaron ciegamente á la huida, y se refugiaron á una poblacion reparada con estacas.
Siguióles Irala, y rota la estacada entró espada en mano haciendo terrible mortandad en los sitiados, de los cuales la mayor parte se refugió á Carobia, pueblo de mayor fortificacion y último asilo de su mala fortuna. Porque sitiándolo Irala, vencidas algunas dificultades que impedian el asalto, entró con su gente en Carobia, y mató muchos indios: los vivos se huyeron á Hieruquizaba, hasta donde los siguió el victorioso Gobernador, y con muerte de muchos, sugetó los demas, quienes se ofrecieron tributarios. Con esto pacificó Irala la tierra, y lleno de marciales glorias se restituyó á la Asumpcion, y se concilió las voluntades de los conquistadores, repartiéndoles encomiendas de indios.
Convocó la milicia, y manifesto su determinacion de descubrir paso al Perú. “Pero que adviertan, les dice, que no les obliga á seguirle, y que solo pretendia entrar por su gusto en el empeño: que los trabajos eran grandes, y pedian gente animosa y esforzada: que no seria conforme á decoro empezar el descubrimiento y caer de animo en las dificultades antes de fenecerlo. Con este razonamiento encendió á los suyos, y se ofrecieron casi todos á la expedicion.” Escogió trescientos y cincuenta españoles, y mas de tres mil guaranís, y se embarcaron en doscientas canoas y siete bergantines, á fines de 1547.
Irala no tuvo suceso memorable hasta Xarayes, donde fué humanamente recibido del supremo Manés. Informóse del camino para el descubrimiento que intentaba, y supo de los prácticos, que el camino por tierra, tirando al poniente era mas seguro. Tomó guías de la misma nacion, y llegó á los Sibirís, gente quieta y pacífica, que recibió amigablemente á los españoles, y surtió de bastimentos. Los Peiseños, Maigueños, y Carcocies hicieron resistencia: pero debaratados á los primeros encuentros, dejaron libre el paso hasta el Guapay, rio tributario del Mamoré: y avanzando en las jornadas, llegaron á unos indios situados á la fálda de las cordilleras Peruanas, los cuales recibieron con agrado á Irala, y saludaron en castellano á los españoles.
¿Quiénes sois vosotros?, le preguntó el Gobernador, y ¿qué nacion es la vuestra?—“Indios somos del Perú, respondieron, cuyo señor es un Viracocha sustituto del capitan Peranzurez, glorioso fundador de Chuquisaca.” Aquí Irala inquirió curiosamente sobre el estado presente del Perú, y revoluciones de Gonzalo Pizarro. A todo satisfacieron los indios, y el Gobernador Irala procuró ganar la voluntad del Presidente Gasca, enviando embajadores hasta Lima, ciudad de los Reyes. Dos eran los principales puntos de su comision: el primero, suplicarle que señalara Gobernador del rio de la Plata en nombre de Su Magestad: el segundo, ofrecer su pequeño ejército para acabar de sosegar los tumultos del Perú.
El Presidente Gasca, que tenia madurez juiciosa, y penetraba altamente el fondo de los corazones, recibió con aparente agrado los embajadores, pero recelando que si aquella gente envejecida en tumultos entraba al Perú, alborotaria mas los humores de aquel enfermizo cuerpo, le respondió agradeciendo la oferta, y alabando su fidelidad: méritos que no olvidaria para representarlos á la Cesarea Magestad, de que podia esperar prémio condigno á sus servicios. Palabras á la verdad de político, que contenian mucho artificio y cumplimiento, y ninguna solidez, disimulando con ellas el ánimo adverso al gobierno de Irala, y nombrando por la via reservada para gobernador del Rio de la Plata al fidelísimo D. Diego Centeno, que á la sazon se hallaba en el distrito de Chuquisaca.
Tuvo noticia Irala, y valiéndose de un confidente suyo, que despachó al camino, robó los pliegos al portador, y le mató á puñaladas. Tales monstruos engendraba en aquellos tiempos el Paraguay, y por medios tan injustos se abrian camino para empuñar el baston. Mientras volvian los embajadores, retrocedió á los Cercosis, temiendo que la soldadesca le desampararia, retirándose al Perú. Dos meses se detuvo entre los Cercosis, esperando los embajadores, cuya tardanza ocasionó algunos disturbios. La comitiva de Irala suspiraba por volverse á la Asumpcion, y persistiendo el Gobernador en aguardar sus enviados, fué depuesto, y el baston entregado á Gonzalo de Mendoza, al cual prometieron obediencia en su vuelta á la Asumpcion. A pocas jornadas se arrepintieron de la eleccion, pues llegados á Xarayes le depusieron del empleo, y reeligieron á Irala, pidiéndole perdon de la desobediencia, y prometiendo sujecion y rendimiento.
Los Xarayes se portaron tan finos con los españoles, que despues de año y medio restituyeron cuanto sobre la marcha les encomendó Irala, el cual aceleró su vuelta á la Asumpcion, inquieta en tiempo de su ausencia. Porque Francisco de Mendoza su teniente echó voz que el gobernador era muerto, coloreando la novedad con la falta de noticias en año y medio, añadiendo que en fuerza de la cédula del Emperador Carlos V, se podia proceder á nueva eleccion. Sobornó los votos de los conquistadores, y juntos en cabildo, les propuso, que muerto Irala podian elegir nuevo gobernador por pluralidad de votos, mientras la Cesarea Magestad señalaba otro para el gobierno: protestando que él estaba ageno de poder mantener el baston del cual hacia dejacion ante todos, besándole primero con reverencia para que de sus manos lo pasáran á las del mas digno.