Porque nombre tan lustroso no fuera sombra sin cuerpo, se aplicó Prado con teson increible á los adelantamientos de la provincia, mas con suavidad que con el rigor y espanto. Conquistó la sierra y valle de Catamarca, los rios Salado y Dulce, los belicosos Lules y la mayor parte de los indios que despues se agregaron á Santiago; sin otro accidente digno de narracion, que enarbolar con piedad cristiana en las tolderias de indios el glorioso estandarte de nuestra salud.

Cuando este grande capitan disponia conquistar á Dios y al Rey nuevas gentes, tirando al poniente hácia la Cordillera, tercera vez se halló sorprendido por Francisco Aguirre, emisario chileno, que venia con título de Teniente de la ciudad del Barco, y crecido número de soldados para remover cualquier obice de su admision al gobierno. Prado era el único de quien podia temer resistencia, pero sorprendido inopinadamente por Aguirre, fué puesto en prisiones, y despachado á Chile. Apeló Prado á superior tribunal, donde fué declarada su inocencia, y ordenado que fuese repuesto en el gobierno de Tucuman. Pero aunque tuvo la honra de ser reelegido, no vino á empuñar el baston, prevenido de la muerte ó por otro motivo que no llegó á mi noticia.

Muy pronto conoció Tucuman la falta de su valeroso conquistador. Los Calchaquís se inquietaron, y las demas naciones, antes pacificas, tumultuaron haciéndose temibles al español. El mismo Aguirre entró en recelos de poca seguridad en aquel sitio, y pasó la ciudad del Barco sobre el Rio Dulce, mudándole el nombre en el de Santiago del Estero, por un estero que allí hace el rio. Está sita en 28 grados escasos de latitud y 315 de longitud, segun el mapa de la provincia que se estampó el año de 1732. El temperamento es ardiente y seco. El terreno es poco apetecible, y está rodeado de espesos bosques, principalmente de algarrobos, que ministran sustento á sus habitadores. En otro tiempo fué Santiago asiento de los Sres. Gobernadores y Obispos, pero hoy dia es un puro esqueleto de ciudad, sin lustre, sin esplendor, ni formalidad en lo material.

En medio de tanta miseria Juan Diaz de la Calle señala á Santiago un escudo, la mitad de él con una cruz colorada en campo de oro, el hueco de ella lleno de perlas, en lo bajo ondas del mar; y en la otra mitad, un tigre de oro rapante en campo azul, y al rededor de dicho escudo ocho cabezas de aguilas, y encima la figura de Santa Ines, abogada de la ciudad. Si este escudo se concedió á la ciudad de Santiago, serviria mas á la vanidad que á la relacion de la figura con el objeto figurado. Fuera de que, habiéndose este concedido, como dice el autor, el año de 1537, esto es, diez y seis años antes de su fundacion, se hace inverosimil el hecho.

Lo cierto es que los conquistadores no descubrieron minerales de oro, ni conchas de perlas, sino tanta miseria y laceria, que luego que Aguirre fué á Chile á sosegar los tumultos originados por el alzamiento de los Araucanos, parte tomaron la via de Chile, parte la del Perú, abandonando la conquista por la poca utilidad que prometia. En ausencia de Aguirre quedó con el título de teniente Juan Gregorio Bazan, primer tronco de los nobles Bazanes que honran con su sangre aquella provincia. Pero en la ocasion presente, como los españoles fuesen pocos y los indios muchos, y estos amotinados, bastardeó de sus nobles pensamientos y desamparára la provincia, si Miguel Ardiles no le recordára el alto nacimiento que le ennoblecia, y la gloria que de su permanencia podia seguirse á la magestad divina y humana. Movido de estas razones prosiguió en el ejercicio de su empleo, y se previno para sosegar los Saladinos confederados con otras naciones.

Con pocos soldados salió el teniente Bazan á buscar los amotinados que eran muchísimos y los deshizo, y con muerte de muchos sugetó los demas, y obligó á dar la paz. Bien conoció Aguirre desde Chile la debilidad de la milicia tucumanesa; y acordándose que era padre, destacó para Santiago algunos soldados á cargo de su sobrino Rodrigo de Aguirre que venia con título de Teniente. Pocos meses tuvo el gobierno de la provincia, porque preso por los parciales de Prado, fué puesto en su lugar Miguel Ardiles, nombrado por Francisco Villagra. De manera que los conquistadores de Tucuman se dividian en tres parcialidades: unos reconocian á Francisco Aguirre por gobernador legítimo: otros á Villagra, que tenia interinamente el baston de Chile: y los terceros á Prado, cuya venida inutilmente esperaron sus parciales.

Estas civiles discordias arruináran la conquista sino llegára el general Juan Perez de Zurita, nombrado por D. Garcia Hurtado de Mendoza, en cuyas manos entró el gobierno de Chile. Era Zurita natural de Xerez de la Frontera, caballero noble, tratable, humano y bien conocido por sus hazañas militares, en el Perú contra los Pizarros, y en Chile contra los Araucanos:—prenda que le conciliaron la voluntad del gobernador Chileno, y le merecieron el gobierno de Tucuman. Venido á la provincia, en los principios fué feliz, infausto y desgraciado en los fines. Al nuevo maestrazgo de Santiago mudó nombre, llamándole la Nueva Inglaterra, queriendo á lo que parece lisonjear al Señor Felipe II, rey entonces de la Gran Bretaña.

Fundó tres ciudades, la primera llamó Londres, Cañete la segunda, y Córdoba la tercera: las tres en el valle de Calchaquí, por contemplar á D. Juan Calchaquí, que le profesaba afecto, y contaba entre los poderes de su autoridad el allanar su gente belicosa, para admitir el vasallage de su íntimo familiar. Accion para Zurita no menos gloriosa que cuando al siguiente año con pequeño ejército sugetó los Diaguitas del Salado, los Juries del rio Dulce, los Catamarquistas y Sañoagastas, naciones que impacientes del yugo conspiraban á la ruina del español.

A todos rindió Zurita, obligándoles á recibir leyes de quien, superior en las armas, los tuvo humillados á sus pies. Una ley entre otras les impuso que facilitaba su instruccion y enseñanza: que fué de congregar la dispersa multitud, derramada por la ribera de los rios y llanura de los valles, juntándola en toldería para que los ministros evangélicos, sin tanto afan y mayor logro, pudieran doctrinarlos.

El Guelgorigota, que verosimilmente son los Llanos de Manso, entre el Pilcomayo al oriente, y el Bermejo al poniente, estaba en litigio desde el año antecedente en el tribunal de Charcas. Nuflo de Chaves, que acaso desconfió de la integridad del tribunal, buscó patrocinio en el superior gobierno de D. Andres Hurtado de Mendoza, virey del Perú y su pariente. Dos eran las pretensiones de Chaves: la primera, que se le adjudicase el Guelgorigota, y la segunda fundar provincia, que hiciera cuerpo á parte y sin alguna dependencia del Paraguay. Uno y otro consiguió del Virey, el cual para autorizar mas la nueva provincia, dió el baston de ella á su mismo hijo Garcia Hurtado de Mendoza, y este sus veces y poderes á Nuflo de Chaves.