Mientras esto pasaba en Lima, en Guelgorigota Hernando Salazar, teniente de Chaves, prendió al capitan Andres Manso, y lo remitió al Perú. Removido este, Nuflo de Chaves, con el fomento del virey, el año de 1560, cuarto despues de la muerte de Irala, que le despachó para fundar en Xarayes, desamparado de la mayor parte de los Asumpcionistas, pero engrosado con la milicia de Andres Manso, abrió los primeros cimientos de la Capilla en el país de los Penoquis, indios belicosos al poniente del Guapay, y al este de una punta de tierra poco elevada que sobresale de las cordilleras peruanas. La ciudad tomó nombre de Santa Cruz de la Sierra, que se extendió despues á la provincia, con ocasion de una cruz milagrosa que hizo un castellano, explicando á los naturales la virtud de esta señal, y exortándolos á implorar las misericordias del Señor en sus necesidades.
Al principio los paisanos correspondieron al buen tratamiento de los Cruceños: eran humildes en el servicio, agradables en el trato, y prontos en pagar su moderado tributo. Pero luego que los españoles los gravaron con exacciones, se alzaron, y con muerte de muchos castellanos se refugiaron á los montes, y apostataron de la fé recibida. Quince años subsistió la ciudad en su primer establecimiento, hasta que el año de 1575, de órden del Señor D. Francisco de Toledo, virey del Perú, se trasladó mas al occidente, y en la traslacion mudó nombre, llamándose San Lorenzo, que es capital del obispado de Mizqui, por otro nombre Santa Cruz de la Sierra.
§. IX.
GOBIERNO DE D. FRANCISCO ORTIZ DE VERGARA.
1560-1565.
Mientras Nuflo de Chaves agenció y obtuvo la dependencia de la provincia de Santa Cruz, sucedieron en el Paraguay algunas novedades. Al año despues de la muerte de Irala, falleció su teniente Gonzalo de Mendoza, dejando en su muerte piadoso recuerdo de su prudente gobierno. Procedíose á eleccion de nuevo gobernador, y en 25 de Junio fué electo Francisco Ortiz de Vergara, caballero sevillano, de génio dulce y afable. Su gobierno al principio quieto y pacífico, entrado el año de 1560, fué ruidoso: parte por los alborotos de Guaranís, parte por las novedades que intentó Nuflo de Chaves.
En compañia de los españoles que se apartaron de Nuflo de Chaves para la Asumpcion desde el pais de los Penoquis, vinieron algunos Guaranís cargados de las flechas envenenadas que arrojaban los Travasicosis, pensando tener en ellas una arma temible á los españoles y superior á las bocas de fuego. Como los ánimos venian abochornados con las molestias de jornada tan inutil, empezaron á conmoverse, incitados principalmente por Pablo y Narciso, hijos de Curupiratí, cacique respetable entre los Guaranís. Animaban sus palabras con vana ostentacion de las flechas, tejiendo arenga prolija de sus formidables efectos. La conjuracion fué universal, pero no tan secreta que no llegára á oidos del gobernador Vergara; el cual aprestó luego su milicia, y buscó al enemigo, que ya le esperaba con diez y seis mil combatientes, y otras tropas auxiliares que corrian la campaña y guarnecian los pasos ventajosos. Fueron varios los accidentes en diferentes encuentros y escaramuzas, preliminares á la batalla campal, que se dió y terminó á 3 de Mayo de 1560, con poco daño de los españoles, y mortal destrozo de Guaranís, acabándose el soberbio orgullo con que acometieron en fuga pavorosa con que se retiraron. Destacáronse algunas compañias para correr el país enemigo, mas con ánimo de ofrecer paz publicando indulgencia, que con designio de arruinarlos. En efecto admitieron la paz, pero me persuado que fué efecto del temor, y no de sinceridad, pues á pocos pasos renovaron los alborotos.
Aun no habia el Gobernador Vergara desamparado la campaña, cuando se presentó á su vista un indio, el cual: “yo soy, le dice, del Guayra, enviado del capitan Rui Diaz Melgarejo para que ponga en vuestra noticia que los indios se han amotinado, y que la ciudad de Guayra se halla en próximo peligro de perecer, si con la mayor brevedad que sea posible, no llega socorro de gente. Y porque no se ponga duda en mis palabras, he aquí la carta del capitan Melgarejo.” Dijo, y descuadernando el arco por la empuñadura, sacó la carta que contenia en substancia cuanto el mensagero relató de palabra. Como el negocio era egecutivo, dispuso el Gobernador que Alonso Riquelme pasára al castigo de los rebeldes. Casi dos años estuvo Riquelme en campaña: pero consiguió sugetar los amotinados en varios encuentros, y sosegado el Guayra, coronado de marciales glorias, se restituyó triunfante á la Asumpcion.
No mucho despues llegó á la Asumpcion Nuflo de Chaves para conducir su muger, sus hijos é indios de encomienda que eran mas de dos mil. Para conciliarse las voluntades tegió una fabulosa narracion de imaginarias felicidades, y relató el encuentro de las riquísimas tierras, fecundas en minerales de oro y plata que con tantas ansias habian buscado. A sus voces se siguió la conmocion de la ciudad. El Gobernador Vergara, el Ilmo. Fr. Pedro de la Torre, el contador Felipe Cáceres, el factor Pedro Dorantes, muchos principales conquistadores y gran parte de la nobleza con sus mugeres hijos é indios de encomienda, resolvieron seguir al conductor Nuflo de Chaves á la nueva provincia.