Efectivamente esta multitud, por la mayor parte gravosa y consumidora de alimentos, emprendió jornada tan dilatada con esperanza de mejorar fortuna, dividida en dos cuerpos, el uno por agua rio Paraguay arriba, y otro por la costa, arreglados ambos por las disposiciones del Gobernador Vergara. Ellas sin duda fueron prudentes en prevenir los riesgos, providenciar bastimentos, atemperar las jornadas para tanta multitud, y conducirla felizmente hasta los primeros términos de la nueva provincia. Entrados en ella, Nuflo de Chaves; “á mi toca, dice, el mando de la gente y la disposicion de la jornada: el territorio que pisamos es de mi jurisdiccion, de mí han de salir las órdenes, y el arreglamiento de la comitiva es propio de mi autoridad.”

Inquietóse el Gobernador, tumultuó la comitiva, y de aquí en adelante la confusion, el desórden, la infelicidad y desgracia acompañaron esta multitud de gente. Los unos se apartaban de los otros, y divididos en compañias tomaban diferentes rumbos, y morian de hambre, ó á manos de enemigos. Tres mil Itatines, que cautivaron para servirse de ellas, perecieron de necesidades y malos tratamientos. Los pocos que salvaron las vidas, fundaron una colonia á 30 leguas de Santa Cruz, á la cual, en memoria de su amada patria, llamaron el Itatin. El gobernador Vergara salió peor que todos, porque cayó en manos de Chaves, émulo poderoso, irreconciliable y cruel; fué remitido preso á la Audiencia, y se le opusieron ciento y veinte capítulos, parte falsos, parte verdaderos, unos de mucha, otros de poca consecuencia. Apeló al Consejo, y con su remision á España vacó el gobierno del Rio de la Plata.


§. X.

GOBIERNO DE D. FELIPE DE CACERES.

1566-1572.

A la vacante salieron muchos pretendientes, y á todos fué preferido Juan Ortiz de Zarate, sugeto hacendado y de crecidos méritos en las revoluciones del Perú: confiriósele el título de Adelantado del Rio de la Plata, con la condicion de pasar á España para impetrar la confirmacion. Mientras pasaba al Consejo, substituyó en el gobierno interino al contador Felipe de Cáceres, sugeto poco hábil para la substitucion; ruidoso, intrépido, ambicioso y poco morigerado. Con pretesto de reales intereses, habia inquietado la provincia, y prendido al Adelantado Alvar Nuñez. Presto le veremos echar en prisiones á su mismo prelado.

Por ahora Cáceres solo pensaba en restituirse á la Asumpcion con sesenta españoles, reliquias de la muchedumbre que salió en seguimiento de Chaves, el cual quiso acompañar á Cáceres hasta los últimos términos de su provincia. Pero sus delitos guiaban á este mal hombre al suplicio merecido. El declinó á la nueva colonia del Itatin, donde el cacique le dió un macanazo, y dejó muerto al perseguidor de su nacion. Entretanto el general Cáceres proseguia las jornadas con el pequeño ejército que convoyaba al ilustre prelado, algunos sacerdotes, y á las mugeres y niños.

Pero como las naciones intermedias estaban alborotadas, cada paso costaba una pelea, y cada pelea una victoria. Los Itatines, los Payaguas y Guajarapos, en número de diez mil, se opusieron, y mientras los españoles combatian esforzadamente fatigándose con la tarea de pelear y matar enemigos, el Ilmo. Prelado con algunos sacerdotes y religiosos imploraban el auxilio del Cielo. Vencidos los infieles, se prosiguieron las marchas hasta la Asumpcion, donde entraron el año de 1569, al sexto año despues de salidos. Jornada verdaderamente inútil, que no produjo mas fruto que la deposicion del gobernador Vergara, la desgraciada muerte de Nuflo de Chaves y unas infernales centellas que abrazaron la ciudad, como veremos adelante. Ahora referiremos otras que encendió la codicia en Guayra.

Despues que Alonso Riquelme pacificó los indios del Guayra, y se restituyó á la Asumpcion, el gobernador Francisco Ortiz de Vergara le nombró teniente de Guayra, y con sagacidad y artificio conservó en paz y tranquilidad la tierra, siendo libre á los españoles el registro del país. En las varias salidas que hicieron, dieron con ciertas piedras cristalinas, puntiadas de variedad de colores semejantes á rubines, ametistas, jacintos, zafiros y demas preciosidades. Críanse dentro de cocos de piedra, y cuando la naturaleza está para dar á luz el prodigioso feto, rompe con fragoso estallido el pedernal, convidando á los racionales á recoger aquel hermoso conjunto de aparentes preciosidades. No es frecuente este aborto: pero la antiguedad de los años, y el abandono de los indios en recogerlas, fué ocasion para que los castellanos encontráran porcion considerable.