Antes que volviera Cáceres, el Obispo habia salido de su encerramiento, y se habia refugiado en el convento de Nuestra Señora de la Merced, de donde le vino á él la libertad y la prision del Teniente, por medio de Fray Francisco Ocampo, religioso del mismo órden; el cual convocó una noche ciento y cincuenta españoles, en casa del Provisor Segovia, donde concertó con ellos la prision de Cáceres.
Al siguiente dia vino Cáceres á la Catedral, y apenas postrado de rodillas, entraron los ciento y cincuenta españoles, siguiendo á Fray Francisco de Ocampo que llevaba la delantera, gritando: ¡Viva la Fé de Cristo! y respondiendo todos, ¡Viva, viva!, acometieron al Teniente, lo prendieron en la iglesia, y le pusieron dos pares de grillos y una gruesa cadena, permitiendo á todo género de gentes befarse de su persona.
Con el gobierno se alzó Martin Suarez de Toledo, que tuvo parte en los referidos alborotos, y la tiene en las disposiciones presentes. A Cáceres detuvo un año en rigurosas prisiones, y bien asegurado, determinó enviarlo á España. En su compañía pasó el Obispo, ó como actor contra los sacrílegos atentados del Teniente, ó para purgarse de las imposturas que profanas lenguas le acriminaron. Rui Diaz Melgarejo se juzgó á proposito para conducir seguramente hasta el Brasil á Cáceres: él habia maculado sus manos con la muerte de un Sacerdote, pero era á proposito para asegurar al Teniente. Llegaron con felicidad, primero al puerto de Patos, y despues á la villa de San Vicente; donde Cáceres, con auxilio de los Portugueses, rompió las prisiones, escaló la cárcel, y se ocultó en lugares poco sospechosos. Pero Melgarejo todo lo registró, y no desistió hasta encontrarle, y encontrado le remitió al Consejo.
No pudo acompañarle el Ilmo. Fr. Pedro de la Torre, el cual lleno de dias y de merecimientos enfermó de muerte en la villa de San Vicente, de donde con asistencia del Taumaturgo Brasileño, el P. José de Anchieta, pasó al divino tribunal.
§. XI.
GOBIERNO D. JUAN ORTIZ DE ZARATE.
1573-1576.
Sosegada la Asumpcion con la ausencia de sacrílego agresor, se atendió á dilatar los términos de la provincia con nuevas colonias. Juan de Garay era uno de los sugetos de mas fondo que tenia la gobernacion del Rio de la Plata. Este caballero no se habia mezclado en los recientes disturbios, su nombre era glorioso por las hazañas militares y su persona respetable por la madurez, cordura y virtudes: digno en fin de que se le fiasen ochenta y seis compañeros para fundar una ciudad hácia la fortaleza de Sancti Espiritus, ó en otro lugar mas ventajoso.
Garay se dispuso para la empresa, y entrando al Paraná registró sus amenas riberas y frecuentes tributarios que le comunican sus aguas: entre los cuales el Quiloasa, su pechero por la márgen occidental, llenó mas el ánimo de Garay para plantear, en un llano despejado y apacible que ofrece, la ciudad á la cual llamó Santa Fé de la Vera Cruz. En sus contornos habitaban muchos indios, entre los cuales es memorable una nacion que acostumbraba desollar á los padres difuntos, aderezando sus pieles para conservar la memoria de sus antepasadas. Empadronáronse los indios, y se repartieron veinte y cinco mil, con tanto desinteres del capitan que no admitió preferencia al último de sus soldados.