Era este lance muy sensible para un corazon amante. La india se desmayó: pero recobrada, con tristes lágrimas rogó á Carballo no dejára sin enterrar el cadáver. Como Carballo ya la amaba, le manifestó condescendencia, lisonjeándola con agradables oficios para ganarle la voluntad. Pero desceñida la espada para abrir el hoyo, la tomó Liropeya, y recostándose sobre la punta: “¡Abre, le dice, para los dos sepultura, y cubre á Lyropeya con la tierra que oculta á Yandubayú!” Dijo, y echandose con todo el peso de su cuerpo sobre la espada, finó victima de su amor desciado.
Pasó Garay en demanda del Adelantado á la isla de Martin Garcia, y porque el sitio no se tuvo á propósito para el establecimiento de ciudad, se acordó fundar sobre San Salvador, y que Melgarejo y Garay lleváran por delante las mugeres y niños. Los dos capitanes subieron Rio de la Plata arriba, y despartidos de una tormenta, Melgarejo libró con felicidad, y Garay casi pereció náufrago con toda su gente. Al fin ganó tierra, y entró en mayor peligro: porque Yapican con su ejército, repartido en siete escuadrones, se descubrió que caminaba hácia los náufragos españoles. A los cuales Garay: “Amigos, dice, aquí no resta otra cosa que morir ó vencer: peleemos con valor y la victoria esperemos de Dios.” Y llamando en su ayuda al glorioso Santiago, cerró con el enemigo, y rompió el primer escuadron que contaría setecientos Charruas. La caballería (doce eran los caballos) rompió los demas escuadrones, con mucho destrozo de infieles.
El valeroso Antonio Leiva, y el bravo Menialvo se estrecharon con Abuyabá y Tabobá, jóvenes intrépidos y de grandes fuerzas. Abuyabá después de recibir un fuerte golpe, se aferró á la lanza de Leiva con tanta porfia y tenacidad que temió perderla su dueño. Acudió al socorro Menialvo, y metiéndole hasta el corazon la espada, lo derribó muerto á sus pies. Leiva trabó el naso á Tabobá que venia á arrojarse sobre él, y le traspasó el vientre, cayendo hierto cadáver en el suelo. Quizo Yapican vengar la muerte de sus dos mas esforzados capitanes; pero le previno Menialvo con un golpe de lanza que le privó de la vida.
Añahualpo, indio agigantado y de fuerza á correspondencia, se estrelló con Juan Vizcaino, y este de un golpe postró aquel gigante en el suelo. Sobrevino á la venganza Yandianoca, indio de fama y estimado por sus hazañas; pero Vizcaino le preocupó con la lanza. Todos obraron prodígios de valentía.
Al siguiente dia se juntó Garay á Melgarejo sobre el rio de San Salvador, y mientras Garay levantaba barracas de fagína y tierra contra las invasiones del enemigo, partió Melgarejo á transportar al Adelantado con su gente. Venido Zarate, principió una ciudad que intituló San Salvador, sobre la embocadura del rio de este nombre: la cual se despobló por las invasiones de los Charruas, en 1576. Era el Adelantado sugeto caprichoso, enemigo de admitir consejo, y de poca disposicion en tomar á tiempo las providencias necesarias para mantener una ciudad que vivia á merced de amigos inconstantes: con lo cual á todos se hizo aborrecible, y solo halló sequito en algunos confidentes que se prometian mejora de fortuna con el oficio de adulones.
De San Salvador pasó el Adelantado á la Asumpcion, donde malquistado con los conquistadores, se apoderó en tanto grado de él la tristeza, considerándose odiado de todos, que derramándose el humor melancólico por todo el cuerpo, murió á los pocos meses en el año de 1575. El Adelantazgo del Rio de la Plata transfirió en una hija que tenia en Chuquisaca, llamada D.ª Juana Ortiz de Zarate, dejándole por tutor á Juan de Garay. Con el gobierno interino quedó Diego Mendieta, sobrino suyo; jóven bullicioso, de procederes indecorosos y costumbres perdidas: tan desenvuelto en lascivias, como impio en tiranias. No son para relatarse los estravios de este hombre: llámelo quien quisiere un Neron por lo cruel, y un Heliogábalo por lo deshonesto:—aborto de los que rara vez produce la naturaleza para escándalo de los mortales. En poco tiempo llenó siglos de maldad, y preso por los Santafecinos, y despachado á la corte, arribó al Mbiaza, donde muerto por los naturales, fué enterrado en sus vientres.
§. XII.
GOBIERNO DE D. JUAN DE GARAY.
1576-1584.