Mientras que Mendieta era remitido á la corte, llegó Juan de Garay de Chuquisaca, á donde habia caminado por dependencias de D.ª Juana Ortiz de Zarate, á la cual casó con el licenciado Juan Torres de Vera y Aragon, Oidor de aquella real Audiencia, en quien recayó el gobierno de la provincia, y título de Adelantado. El primer egercicio de su empleo fué nombrar á Garay teniente del Rio de la Plata, y despacharle con brevedad para continuar la conquista, y levantar poblaciones para enfrenar los infieles. Fué Garay recibido al gobierno con universal aplauso, especialmente cuando le admiraron tan solícito de los progresos de la provincia, que luego señaló á Melgarejo para levantar una poblacion en Guayra, en un sitio que tenia fama de opulento.

Melgarejo la planteó á dos leguas al oriente del Paraná, y la llamó Villa Rica del Espíritu Santo: y porque la pobreza del sitio se correspondia al esplendor del nombre, la trasladó poco despues sobre el Huybay, cerca de la embocadura del Curumbatay. El P. Maciel de Lorenzana asegura que tenia en sus vecindades trescientos mil indios, de los cuales, añade, que por los años de 1622 no se conservaba la sexta parte. Pero número tan excesivo hizo poca resistencia y fácilmente ofreció vasallage y tributo al capitan Melgarejo. Mientras él daba ser á la villa, Garay concluyó felizmente una accion gloriosa en las vecindades de la Asumpcion.

Obera, cacique ofuscado con el lustre de su nombre que significa resplandor, se preconizaba entre los suyos deidad, y profanaba los sagrados misterios, atribuyéndose el oficio de Redentor de la nacion guaraní, cuya salvacion y libertad habia de obrar, llamando en su ayuda á los rayos del cielo, confundiendo los elementos y provocando todas las criaturas para el exterminio del español. Añadia que se habia dado por coadyutor en el empleo á Guizaro, hijo suyo, con potestad suprema sobre rayos, pestes, inundaciones y plagas; y especialmente sobre un cometa que se descubrió esos dias, y lo tenia reservado para su tiempo. Se hacia tributar adoraciones y quemar inciensos, sirviéndose en los profanos ministerios de sacerdotisas, con las cuales tenia comercio escandaloso, solazándose en bailes y cantares, persuadiendo á todos que la puerta para merecer su gracia era la desenvoltura.

Obera dijo tales cosas, y prometió á los suyos con tanta certeza la victoria, que los indios vecinos á la Asumpcion, los del rio Paraguay arriba y los del Paraná se conjuraron contra el español. Súpolo Juan de Garay, y despachando aviso á Guayra y Villa Rica para prevenir sus pueblos á la defensa, salió con ciento y treinta valerosos soldados á cortar el socorro que del Paraguay arriba podia venirle al enemigo, sentando sus reales sobre el nacimiento del Ipané. A breve rato se descubrieron Pitum y Corazí, llenos de orgullo y arrogancia, enviados de su cacique, para dar muestra del valor guaraní, peleando cuerpo á cuerpo con dos del egército español. Venian desnudos, trayendo dardos en las manos: arma que se compone de un palo largo, cuyo remate es en punta que suple bastantemente la falta de mojarras. Es arma arrojadiza, y algunas naciones acostumbran cobrarla con un cordel que atan hácia la empuñadura, y la manejan á diestra y siniestra sobre el juego del brazo, despidiéndola con tanto impulso, que á veces traspasa de parte á parte el ginete, y le cose contra el arzon de la silla.

Presentados Pitum y Corazí delante del ejército español, Juan Fernandez Enciso y Espeluca, valerosos soldados con espada y rodela, salieron al encuentro. Pitum acometió con denuedo á Enciso, jugando con destreza el dardo: rompió por diversas partes la rodela de Enciso, á quien fatigaba con su ligereza, llamando á todas partes el cuidado de repararse. Enciso le cogió el dardo y le hizo pedazos, cuando Pitum trataba prevenir á su antagonista en la misma accion de romperle el dardo. Enciso le tiró á la cabeza un golpe, y errándole, con venturoso acierto le segó un brazo. Corazí entretanto de un bote de dardo derribó á Espeluca: pero estrivando este sobre las rodillas, le cortó de un tajo la megilla. El bárbaro resistió con valor, hasta que viendo huir á Pitum, le acompañó en la fuga, y llegados á los suyos, publicaron que los españoles eran invencibles.

Al siguiente dia se encaminó Garay al Yaguarí, y sugetó cuatro pueblos, pasando á sangre y fuego cuanto halló en ellos. Entretanto Guizaro, que era el general de Obera, se atrincheró sobre el Ipané, esperando que el Cielo arrojaria rayos contra los españoles.

Trabóse entre los dos campos una muy reñida batalla, que decidió brevemente Juan Fernandez Enciso, el cual acertó con tanta fortuna el arcabuz á Guizaro, que metiéndole por la frente la bala, lo derribó en el suelo, postrando con su muerte las esperanzas del enemigo.

Yaguatatí salió á vengar la muerte de Guizaro, y entró por el campo español hiriendo algunos: pero fatigado de Martin Valderrama y Juan Osuna, se metió el dardo por el pecho, homicida de sí mismo. Siguióse el alcance se destruyeron algunas compañías, é hicieron algunos prisioneros, y entre ellos el sumo sacerdote de Obera, que ocupaba sus infames manos en llevar el santo madero de la cruz, insignia de nuestra redencion con que Obera prometió libertar la nacion guaraní. No se pudo coger á Obera, pero se consiguió hacer memorable el año de 1578 y principios de 79 con una victoria, que ensalzó las armas españolas y desengañó á los Guaranis.

Los excesos de Aguirre gobernador del Tucuman eran exorbitantes, y pedian remedio egecutivo. No conserva el tiempo las particularidades de sus extravios: pero en términos universales tiene memoria de atentados escandalosos que debian atajarse prontamente. Esa comision fió el virey de Lima á D. Pedro Arana, caballero autorizado por su cristiandad y prudencia. El inquirió sobre los delitos de Aguirre, y hallando que no eran voces sin fundamento, aprisionó al delincuente, y preso lo llevó á Lima, ciudad de los Reyes. Casi tres años corrieron en liquidar su causa: tiempo verdaderamente prolongado para correr plaza de culpado, pero breve para ser absuelto de los graves delitos que se le imputaban.

Con el gobierno interino quedó Nicolas Carrizo, antiguo conquistador, y aunque no adelantó los términos de la provincia con nuevas conquistas, conservó en tranquilidad los ánimos bulliciosos de los conquistadores. Por Julio de 1572, entró en la provincia con título de gobernador D. Gerónimo Luis de Cabrera, caballero sevillano, el cual juntaba un agregado singular de calidades tan sobresalientes que acaso la América no se podria gloriar de otro que le igualára. Nobleza que le emparentaba con las principales casas de España, valor, fidelidad, discrecion y prudencia, sobre un fondo sólido de costumbres arregladas y cristianas. Habia conquistado á Pisco, Ica y la Nasca, fundado con su caudal la ciudad de Santiago de Valverde en el valle de Ica; y egercitado noblemente el oficio de Corregidor y Justicia mayor en la provincia de Charcas, y villa imperial de Potosí.