El año de mil seis cientos veinte, se le desmembró todo el gobierno del Rio de la Plata, desde el Paraná hasta su embocadura en el Océano, y desde aquí hasta la Cananea por un lado, y por el otro, el estrecho de Magallanes. Felipe V, en dos cédulas, una de once de Febrero de mil seis cientos veinte y cinco, y otra de seis de Noviembre de mil seis cientos veinte y seis, agregó al gobierno del Rio de la Plata todas las Misiones que sobre el Paraná y sus vertientes, por una y otra costa, doctrina la compañia de Jesus. D. Fernando VI, rey de España, y D. Juan V, rey de Portugal, firmaron el año de mil setecientos cincuenta un apeo, por el cual se le adjudicaban á la corona portuguesa las cabezadas del Paraguay y Cuyabá, desde la embocadura del Jaurú al poniente del mismo Paraguay, casi en la derecera de Morro Escarpado que le cae al oriente.
La provincia del Rio de la Plata, separada del Paraguay desde el año de mil seis cientos veinte, ocupa un terreno dilatadísimo: conviene á saber, desde el Paraná hasta su derramamiento en el Océano, y desde aquí siguiendo la ribera del mar brasílico, hasta la Cananea, y por la costa magallánica, hasta el Estrecho de su denominacion. Cuanto se extiende largamente el terreno que ocupa, tanto es limitado. En cuanto á las ciudades que estan bajo de su gobierno, Santa Fé de Vera, San Juan de Vera ó Siete Corrientes, las Misiones sobre el Paraná, y el Uruguay, con algunos pagos y presidios, son todo el distrito de su jurisdiccion.
La costa de Patagones, desde el Cabo de San Antonio hasta el Estrecho, es de hermosa y agradable perspectiva, mirada desde el mar. Pero quitada la apariencia con que engaña, y desnudas las fábulas con que las desfiguran los ingleses y holandeses en sus cartas y relaciones, nada tiene bueno para el establecimiento de ciudades.
Los viageros ingleses y olandeses describen en sus mapas y relaciones variedad de rios, y oportunidad de sitios para la fundacion de pueblos y ciudades. Nada de esto ofrece la costa. Los rios Gallegos, de Santa Cruz, de los Camarones, y de San Julian, que los hacen venir cinquenta leguas de tierra adentro, no son otra cosa que abras de la costa, hácia donde la marea, que en aquellas partes es de seis brazas, entra á ocupar los senos interiores de la tierra: y en tiempo de bajamar aquellas aberturas restituyen las aguas que recibieron, como si fuesen otros tantos pecheros que tributan al mar crecidos raudales. En lo demas ni rios hay ni señales de ellos, y solo se descubren vestigios de torrentes, que en tiempo de lluvias se precipitan al mar por aquellas abras.
Comodidad para levantar ciudades, y establecer poblaciones no ofrece la costa. Es la tierra enhiesta, sin maderas para edificios, sin leña para el fuego, sin agua para los menesteres humanos, sin meollo para recibir las semillas, y en una palabra falta de todo lo que necesita una ciudad para su establecimiento y conservacion.
La tercera provincia de nuestra descripcion es Tucuman, situada en la zona templada casi enteramente, menos por el lado que confina con el Perú, que toca en la torrida hasta el vigesimo secundo grado de latitud: corta norte á sur trescientas leguas, y se dilata de oriente á poniente, doscientas. Parte términos con el Rio de la Plata y Paraguay por el oriente, y al poniente se prolonga hasta la Cordillera Chilena; y desde la derecera de Coquimbo, por los despoblados de Atacama, confina con lo mas septentrional del Perú. Hácia el sur deslinda jurisdiccion en la Cruz Alta con Buenos Aires, y se interna hasta la provincia magallánica por las interminables campañas que le corresponden.
No abunda en minerales de oro y plata, aunque al principio tuvo fama de rica y presunciones de opulenta. Hánse descubierto estos últimos años algunas vetas de oro, pero tan escasas, y el oro es de quilates tan bajos, que mas empobrecen á sus dueños que enriquecen los ingénios. Sus mejores minas y mas apreciables son pingues pastales, y dehesas extendidas en que se crian tropas crecidas de mulas, que mantienen con utilidad el comercio de la provincia del Perú. No hay duda, que si la ingeniosa laboriosidad se aprovechára del terreno, y se restablecieran las antiguas fábricas de las lanas, el beneficio del añil y el cultivo de la grana, fuera Tucuman una de las provincias índicas de mayor explendor y lucimiento. En efecto, cuando los obrajes estaban corrientes, y Esteco beneficiaba el añil, y las demas ciudades trabajaban en cultivar, aunque con poca diligencia, la grana, podia gloriarse Tucuman, que dejando á los peruanos el ímprobo afan de beneficiar las minas, poseia tantas riquezas y ostentaba tanto explendor, que hasta las bestias calzaban herraduras de oro y plata. ¡Tanto conduce para el lucimiento de las ciudades utilizar los efectos que la soberana Providencia dispensa á cada una para sus emolumentos!
§. II.
ORIGEN DE SUS HABITANTES.