Mas afortunado fué el que en el reynado de Carlos II estuvo en Trapalanda: habló y comunicó con los Césares, y para hacer creible la narracion, historió prolijamente las circunstancias de su arribo. A los diez y seis años de su edad navegaba hácia el Estrecho de Magallanes en una armada holandesa, la cual ancoró en un rio para llenar de agua las vasijas. Nuestro jóven con algunos compañeros se internó tierra adentro á coger palmitos, y tuvo la desgracia de ser sorprendido por cuatro mil indios que discurrian por allí. En la desgracia de su cautiverio consistió la felicidad de pasar á los Césares, á los cuales fué presentado, y ellos agasajaron al huesped, reconociendo en él un vivo retrato de sus ascendientes. Bien es creible que los Césares le retuvieran consigo. Mas no sucedió así, porque le dejaron ir con guias de la ciudad á la ribera, donde todavia ancoraba la armada.

La relacion está circunstanciada de particularidades reparables. Los pocos años del historiador: la casualidad de internarse á recoger palmitos en el terreno que pocos años hace se ha reconocido infructifero: el acaso de ser cautivado y ser presentado á los Césares, cuyo principal desvelo, segun algunas relaciones, es no permitir acceso de extrangeros á la isla, ni comunicar con nacion alguna: el haber sido llevado desde los cincuenta y un grados, hasta los cuarenta y dos, en que situan la ciudad de los Césares, y vuelto á encontrar á la armada demorada tanto tiempo en corrientes tan impetuosas. Circunstancias á primera faz increibles, dignas de la crítica moderna. Ni tiene mas fuerza la relacion de Oviedo y Cobo, marineros: injiérense en ellas falsedades contra la fé de las historias; y es verosimil que la fingió algun ocioso, y para hacer creible la novela, se la atribuyó á los dos marineros fugitivos de la ciudad de los Césares, publicando que la habia hallado entre los papeles del licenciado Altamirano ya difunto. Mas es digno de repararse que los sobre dichos Oviedo y Cobo vivieron algunos años en la Concepcion de Chile en casa del licenciado Altamirano, como consta de dicha relacion: mientras vivieron, se guardó silencio tan profundo que no se divulgó la menor noticia en el reyno de Chile, ni al licenciado Altamirano se le cayó palabra de cosa tan memorable. Esperóse á que murieran los tres para hacer hablar, á los unos por relaciones archivadas, y manifestar el otro el tesoro de noticias que ocultaba entre sus papeles.

Convencidos los fundamentos opuestos, añadimos recientes noticias. El bolson de tierra que forman el Cabo de las Vírgenes y Valdivia, Cabo Blanco y reyno de Chile, está muy trasegado de los Puelches, Peguenches, Pampas y Tehuelchos: con los cuales no han omitido diligencia los misioneros jesuitas de los Pampas para introducir la fé á los Césares. Pero sus diligencias no han producido otro efecto que persuadirse, se hallan falsedades entronizadas sin oposicion en el sólio de la verdad. El Padre Matias Estrovel, operario infatigable en la viña del Señor, y misionero de los Pampas, en carta de 20 de Noviembre de 1742 dice: de la nacion de los Césares no he podido averiguar cosa alguna. Lo mismo insinuan otros misioneros, y así me persuado, que Césares tan circunstanciados son entes imaginarios, que hizo existentes el vulgo con ficciones y novelas.

Como la noticia de los Césares tuvo orígen entre la milicia tucumana que se inclinó desde el principio á la conquista, concurrió gustosa al llamamiento del gobernador Abreu que la convocó para la jornada de Trapalanda. Hallábase ya el ejercito en el acampamento de Monogasta, cuando le llegó noticia que los indios de los llanos y sierras de Calchaquí, levantados por Gualan, tenian cercada la ciudad de San Miguel, y fatigaban con asaltos á los sitiados. Entonces Abreu abrió los ojos para conocer el peligro de la provincia, y desistiendo de la jornada envió socorro para levantar el cerco.

Cuando llegó este, el capitan Gaspar de Medina habia librado la ciudad. Porque rota por el enemigo la palizada que reparaba la poblacion, y pegado fuego de noche á las casas pajizas, despertó Medina, y con nueve que se le juntaron mató muchos enemigos con su caudillo Gualan, y á los demas puso en fuga.

En otras ciudades se experimentaban peligros semejantes por el mal gobierno de Abreu, porque cuando está débil la cabeza se debilitan y arruinan los demas miembros.

Por este tiempo se erigió el obispado del Tucuman. Algunos lo adelantan sin fundamento al año de 1570. Verdad es que fueron provistos para Tucuman el Ilmo. D. Fr. Gerónimo Villacarrillo y D. Fr. Gerónimo Albornoz, ambos comisarios generales de la religion seráfica; pero prevenidos de la muerte, fallecieron antes de erigir el obispado. El Ilmo. Fray Francisco de Victoria, lustre singular del órden de Predicadores, hijo de la provincia de Lima, varon piadosísimo, y de singular devocion como le llama San Pio Quinto, procurador en Corte por las provincias de Indias por eleccion de Gregorio XIII, erigió el obispado de Tucuman. No consta el año de la ereccion; pero ciertamente no fué anterior al año de 1578, y me persuado que fué en 1579, pues la cédula de merced se expedió á 28 de Diciembre de 1578.

Luego que el capitan Juan de Garay destrozó el egército de Obera, sobre el Ipané, con muerte de Guizaro, se restituyó triunfante á la Asumpcion, cargado de prisioneros, único despojo de la victoria. Era ya el año de 1579, y en el siguiente de 80 señaló á Rui Diaz Melgarejo con sesenta soldados para levantar una colonia en el territorio de los Nuarás, gente pacífica que usaban dialecto diferente del guaraní, con alguna diversidad de rios y costumbres. Habitaban amenas y deliciosas campiñas, las cuales desde entonces hasta el dia de hoy se llaman Campos de Xerez, pobladas de hermosos pastales, para mantener crias de ganados.

En este sitio puso los fundamentos de la ciudad de Santiago de Xerez el capitan Melgarejo, sobre una loma despejada que domina al Mbotetey, rio medianamente caudaloso, tributario del Paraguay, sobre la márgen oriental, en altura de poco mas de diez y nueve grados. No subsistió mucho tiempo por las invasiones de los Guatos, Guapís, Guanchas y Guetús, naciones que habitaban los confines que median entre la cordillera y la costa oriental del Paraguay, tirando al norte. Pero no muchos años despues la restableció Rui Diaz de Guzman, autor de la Argentina.

El mismo año se reedificó la ciudad de Santa María, puerto de Buenos Aires, tantas veces empezada y oprimida en su nacimiento. Juan de Garay, no fiando á otro la fundacion, bajó personalmente por el rio Paraguay al de la Plata, y en una barranca que domina aquel gran rio, dió principio á la reedificacion, llamándola Ciudad de la Santísima Trinidad, Puerto de Santa María de Buenos Aires. Esta, que en su primera infancia cuenta solos sesenta pobladores, con el tiempo será cabeza de provincia, una de las mayores ciudades de América, y uno de los puertos mas frecuentados y apetecidos de las naciones, por la utilidad del comercio.